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Capítulo 1: Lo que parecio un sueño

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Era una fuerte nevada, apenas si era posible mirar más allá de un metro.

Corría sin rumbo fijo sintiendo como la nieve y el gélido viento quemaba la piel de mi rostro y parte de mis brazos.
Conforme mas avanzaba la nevada parecía ceder, me detuve nuevamente y llame hacia la nada esperando que alguien me respondiera, pero no había nadie.
Continúe caminando sin rumbo con mis manos extendidas para evitar golpearme contra lo que estuviera delante de mí, pues aunque la nevada y el viento habían cesado de modo considerable mi vista continuaba bloqueada por una extraña niebla tan blanca como la misma nieve.
-¡Hey! ¡Alguien respóndame por favor!-suplique mientras avanzaba con paso tembloroso.
No hubo respuesta.
Me quede parada sobre la nieve, frotando mis manos sobre mis brazos para intentar entrar en calor, pero no parecía dar resultado.
-Debo seguir avanzando-me dije
Pero… ¿hacia dónde?
De pronto un destello apareció delante de mí; al principio pensé que se trata de la neblina jugando una mala broma otra vez pero mientras más me acercaba me di cuenta de que aquella luz se intensificaba conforme avanzaba hacia ella.
No lo pensé, solo camine y mientras me movía hacia el destello este titilaba cada vez mas fuerte lo cual por alguna extraña razón llamo mi atención.
De un momento al otro pase de estar caminando a estar corriendo tras aquella luz; podía sentir como mi respiración se agitaba al igual que los latidos de mi corazón, mis mejillas y mi nariz estaban cálidas por dentro pero el viento las helada por fuera, podía ver el vaho saliendo de mis fosas nasales y mi boca mientras corría desenfrenadamente tras esa extraña luz.
De pronto una fuerte ventisca se desato y el destello empezó a perderse entre el viento y la nieve, lo cual aumento mi desesperación por alcanzarla pero conforme avanzaba, aquel brillo adoptaba distintas tonalidades, como si no quisiera que lo perdiese de vista.
-¡Espera!-suplique
Pero la ventisca se hizo mas y mas fuerte; el viento revolvía mi cabello con ferocidad al igual que la tela de mi pijama –un short aguamarina y una playera de tirantes- se sacudía haciendo que jirones de viento frío envolvieran mi cuerpo de forma desenfrenada.
Me detuve e intente proteger mis ojos con las manos con la esperanza de poder ver mas allá pero solo observe nieve cayendo como si fuese lluvia tropical.
-Por aquí…-susurro una voz femenina
-¿Qué?
-Es por aquí.
Antes de que pudiese darme cuenta de lo que sucedía, la ventisca a mi alrededor se desvaneció y dio paso a una figura humanoide que me rebasaba en estatura.
Con cautela me acerque al extraño ser para mirar su rostro pero la extraña neblina invernal que me había acosado durante mi fallido intento por alcanzar aquel destello no me permitía ver su cara.
-¿Hola?-pregunte
Me acerque para verlo mejor pero esa maldita no parecía tener intenciones de ceder en su totalidad, por lo que me posicione a un lado suyo en un intento por ver al humanoide mejor pero todo lo que pude contemplar de su ser fue que se trataba de un joven –quizás dos o tres años mayor que yo-, al rebasarme en estatura me vi obligada a plantarme delante suyo y por fin obtuve una vista mejor:
Su cabello es de color castaño y le cae hasta los hombros, es muy delgado de sus piernas peludas y su estomago pero sus brazos parecen tener cierta musculatura, no logro ver sus ojos o el resto de su semblante aunque puedo percibir cierta seriedad en él.
Insisto en hablarle pero no parece importarle mi presencia pues hay algo más que capta su atención pues mira fijamente hacia mis espaldas.
Me di la vuelta para saber que observaba pero todo lo que había frente a mi era un lago de hielo donde yacían otras dos figuras que parecían estarse preparando para un combate.
-Si pierde entonces todo acabara.-Susurro el joven
-¿A qué te refieres con que todo acabara?-pregunto sin quitar la vista del lago
De pronto extiende su mano y deja al descubierto su palma, en ella yace una pequeña perla que sobresale de su piel y comienza a titilar como la luz que vi momentos antes de encontrarme con él.
Aquel brillo se va intensificando mientras el joven mantiene su mano extendida hacia mí
¿Qué debo hacer? ¿Acaso quiere que pose mi mano en la suya o algo así?
De pronto el viento se impregna del dulce olor de la uva y el jazmín provocando que el chico retire su mano y vuelva su vista de nuevo hacia el lago de hielo, no puedo ver sus ojos pero su preocupación es evidente.
-¿Qué sucede?-pregunto incrédula mientras dirijo la vista hacia la misma dirección.
En el lago hay dos esferas de energía que rodean a los contendientes, una de ellas es roja como el fuego mientras que la otra es de un color gris metálico, de pronto los contrincantes se lanzan al ataque moldeando aquellas esferas a voluntad creando látigos, lanzas, flechas e incluso barreras que se destrozan en mil pedazos como si fuesen vidrio.
Antes que pueda articular palabra repentinamente la perla en la mano del chico destella con una intensidad extraordinaria provocando que deba proteger mi vista con las manos, sin embargo el brillo no dura mucho tiempo pues este se concentra en las palmas del chico creando una luz moldeable, igual que las luces que cubren a los combatientes del lago.
Cuando su destello se amaina mi corazón y mi cuerpo se quedan petrificados de admiración al ver que aquella niebla se ha desvanecido y el rostro del muchacho por fin se ha descubierto; las facciones de sus pómulos, nariz y boca parecen ser comunes como las de cualquier ser humano que te encuentras en la calle, sus cejas son pobladas y desordenadas pero le otorgan un aire juvenil y rebelde pero son sus ojos grises los que llaman mi atención.
Ese gris me recuerda a un metal nuevo recién pulido casi imitando el color de la plata.
-Tú…
De pronto un temblor sacudió a la tierra provocando que ambos perdiéramos el equilibrio y nos desplomáramos sobre la nieve.
Cuando intente incorporarme un segundo temblor –más fuerte que el anterior- volvió a sacudir a la tierra, pero había algo extraño…
Los dos sujetos del lago continuaban su contienda como si nada mas ocurriera a su alrededor y aquel brusco movimiento tectónico parecía solo centrarse en el lugar donde nos habíamos desplomado.
Finalmente pude incorporarme. Me sacudí la nieve de mi pijama y contemple rápidamente mis alrededores para ubicar de donde provenía el extraño temblor pero por más que mire no encontré nada inusual, a excepción del chico de ojos grises que se encontraba de rodillas en la nieve con la vista al cielo.
-¿Estás bien?-pregunte
No hubo respuesta de su parte.
-Oye. Debemos movernos a un lugar seguro, quien sabe si habrá una repetición del temblor-dije mientras posaba mi mano en su hombro desnudo.
De pronto el chico volvió su vista hacia mí… y el terror me invadió; sus ojos se pusieron totalmente negros como si se tratase de las cuencas de un cráneo.
Antes de que pudiera articular sonido alguno, repentinamente el muchacho se llevo sus manos a la cabeza y con frenesí comenzó a jalarse su castaña caballera mientras sus cuerdas vocales se destrozaban en un grito desgarrador.
-¡Cálmate!- suplique, pero mis esfuerzos fueron en vano pues el volumen de su voz aumentaba sin cesar.
Desesperada intente retirar sus manos de su cabello pero todo lo que conseguí fue que me arrojase a la nieve como si fuera una vil muñeca de trapo, pero graciosamente, de no haber sido por ello no me habría percatado del extraño y oscuro brillo que emita la perla unida a la palma de su mano.
-¡Reacciona!-grite al propinarle una bofetada.
El muchacho pareció calmarse pues la luz oscura de la joya comenzó a disminuir notoriamente pero sus ojos continuaban cubiertos de oscuridad, mas no hizo falta ser un genio para percatarse de que sus gritos y comportamiento errático se debían por algo que había sucedido.
-¿Qué sucede amigo?-pregunte mientras le sujetaba con delicadeza los hombros.
-¿Qué he hecho?... ¿qué es lo que he hecho?-susurro él mientras volvía su vista hacia arriba.
Dirigí la mirada hacia el cielo para ubicar el origen de todo el escándalo pero todo lo que había era un eclipse lunar a punto de finalizar pero cuando la luz de la luna comenzó a hacerse presente note que en vez de que se viera el conejo en su lugar los cráteres parecían formar el perfil de un dragón.
-¿Pero qué?...
Nuevamente el muchacho se llevo sus manos a la cabeza y se jalaba el cabello en forma frenética mientras repetía una y otra vez
-¡¿Qué he hecho?!-exclamo en dirección al eclipse mientras de sus ojos negros emergían lagrimas de sangre.
Cuando el eclipse termino, hubo un temblor mayor a los anteriores esta vez proveniente del lago.
Intente sujetarme del hombro del chico pero al volver mi mirada hacia él me percate de que había desaparecido y en su lugar lo que mis manos sujetaban era una gran roca cubierta parcialmente de nieve.
De pronto todo a mí alrededor se desvaneció dejándome en oscuridad.
Intente mantener la calma pues sabía que mientras no me moviese en aquella negrura nada habría de dañarme. Que equivocada estaba…
-No puedes escapar-susurro una voz en la negrura
-¿Quién eres?-pregunte con falsa indiferencia
-No puedes escapar-repitió la voz
-¡Muéstrate!-ordene
De repente dos enormes destellos rojos como los fuegos del infierno disiparon la negrura, dando paso a un ser descomunal con rostro cadavérico con filosas garras y dientes.
-¿¡Quien eres tú?!
-Oh… ¿acaso no me temes niña?-pregunto la criatura con falso asombro
Su voz era demasiado fuerte, pues al emitir aquellas palabras pude sentir mi cuerpo retumbar como si estuviese dentro de un gran tambor y este fuera golpeado alocadamente, pero no le permití ver como ojos se entornaban por el volumen tan alto de su extraña voz, mas sin embargo al no responderle este río estridentemente provocando que mi corazón y cerebro temblasen como gelatina.
-Tu silencio parece indicar que no.
-¿Acaso debería?-pregunte con indiferencia.
-Oh si, si que deberías-dijo la criatura entre dientes.
-¿Por qué?
-Porque no bastara con que cierres tus ojos para escapar de mí.
Antes de que pudiese articular palabra, la criatura abrió sus enormes fauces y se lanzo hacia mí, listo para devorarme….intente escapar pero mis piernas no reaccionaban…y lo último que vi fue el brillo de sus dientes filosos y después un agujero oscuro impregnado de mis gritos seguidos de una voz que susurraba palabras incomprensibles pero conforme se acercaba parecían hacerse más entendibles…
Decían…
-¡Adalid ya despierta!-grito una joven de cabello rizado y rubio mientras le propinaba un fuerte almohadazo en el pecho
-¿ah? ¿Qué?-pregunto Adalid con sus ojos entre abiertos.
-Que ya te levantes. Vamos a ir al mercado.-dijo mientras le arrebataba las cobijas aquella muchacha a la que llamaba “hermana”
Cuando sus ojos violetas se adaptaron a la luz del día, Adalid se incorporo en su sencilla e individual cama de madera, estiro sus brazos semi bronceados hacia arriba dejando al descubierto su blanco estomago –que fácilmente podría confundirse con su camiseta de tirantes del mismo color-.
-¿Qué hora es Sarem?-pregunto Adalid mientras se levantaba perezosamente de su cama.
-Son las diez en punto-dijo la chica de cabello rubio y rizado.
Adalid bostezo, se volvió hacia la pequeña mesita de noche que yacía junto a su cama de madera sin barnizar y tomo su celular para verificar la hora.
-¿Por qué me despiertas tan temprano?
-¿Temprano? ¡Niña casi va a ser medio día!-dijo Sarem mientras hurgaba en los cajones que yacían pegados a la pared del cuarto de Adalid.
-Claro que no, apenas es media mañana. Además es fin de semana y son los únicos días en los que en verdad puedo despertar “tarde”-dijo Adalid mientras se acercaba a la pequeña puerta blanca que daba acceso al pequeño baño.
Su hermana hizo caso omiso a sus palabras y en su lugar arrojo la almohada tupida y azul hacia su cabeza sin embargo su puntería fallo pues Adalid abrió y cerró la puerta tan rápido que la chica no lo advirtió.
Ya dentro del baño Adalid puso el seguro a la perilla para evitar que su hermana entrara sin previo aviso, hizo sus necesidades y al cabo de hacer la descarga habitual del excusado Adalid se dirigió al pequeño lavabo –igual de blanco que la puerta y el resto de la habitación- y abrió el grifo para dejar caer el agua caliente antes de lavarse las manos y su rostro para despabilarse como todas las mañanas.
Cuando el humillo comenzó a ascender hacia el espejo rectangular que colgaba sobre el lavabo Adalid se humedeció rápidamente las manos y tomo una insignificante barra de jabón rosado que yacía a un lado de una de las llaves del grifo blanco, lo humedeció y comenzó a tallar sus manos, palmas y muñecas con total calma mientras contemplaba vagaba mente su reflejo cansado en el espejo; las ojeras bajo sus ojos parecían haberse agrandado más que el día anterior, las lagañas en sus lagrimales tenían el aspecto de piedrecillas verduzcas y amarillas mientras que en un lado de sus mejillas había un pequeño hilo blanco de saliva seca que parecía formar una graciosa letra L que se remarcaba con su corta cabellera castaña hecha jirones en el famoso “almohadazo” con el que luchaba cada mañana.
-Qué horror. Parece como si hubiera peleado contra el talco para pies de papá.-se dijo a si misma mientras sonreír por su aspecto.
Luego de retirar la espuma del jabón de sus manos Adalid comenzó a salpicar su rostro con el agua caliente moviendo repetidamente, paso sus dedos índices sobre las pestañas de sus ojos y sus lagrimales para asegurarse de que había retirado por completo aquellas molestas lagañas, al no sentir ninguna de esas extrañas piedrecillas gelatinosas Adalid procedió a tomar la parte baja de su playera de tirantes y la estiro hasta su rostro para poder secarlo –no era una sensación muy agradable debido a que debía encorvarse pero la pobrecilla había olvidado llevarse una toalla consigo al baño-, Al finalizar con el ritual de secado y dejar una enorme mancha transparente en su camiseta, Adalid se contemplo de nuevo en el espejo para observar los asombrosos cambios que hacían un poco de agua y jabón todas las mañanas, pero al posar su mirada con la de su reflejo el fugaz destello de aquellos ojos grises y la penetrante mirada roja invadieron su mente-
-Un sueño…solo fue un sueño-se dijo a sí misma
La contemplación de su reflejo fue interrumpida por los incesantes golpes de su hermana fuera del baño apurándola para que saliera pero Adalid le replico que no abriría la puerta a menos que lo pidiera amablemente.
-Oye no tengo tiempo para tus tonterías. Abre de una vez o le diré a papá que estas comportándote como una niña-dijo Sarem con tono acusador.
Adalid sonrió para sí y al cabo de un momento retiro el seguro de la perilla y abrió la puerta del baño.
Antes de permitirle el paso a su hermana, Adalid la contemplo de arriba abajo como si evaluara una extraña obra de arte; cabello rizado y rubio caído hasta los hombros, piel blanca tapada de manera irregular por una playera talla cuarenta –que parecía más un cobertor sobre aquel cuerpo delgado-, nariz “promedio” y mejillas invadidas por cicatrices de la varicela infantil y las espinillas de la adolescencia y la juventud y ojos redondos y cafés cubiertos levemente por las lagañas de cada mañana.
Siempre que Adalid contemplaba a su hermana mayor, le sorprendía ser pariente de alguien con tal belleza exterior –y desde luego que Sarem sabía que ella la admiraba por ello y no temía presumirlo- pero luego de casi veinticinco años juntas Adalid sabía que el mayor golpe que podía propinarle al ego de su hermana no era su actitud. Sino su belleza pues como todas las mañanas al ver a Sarem recién levantada siempre le jugaba la “cruel broma” de decirle que tenía el aspecto de un perro desalineado pero ella sabia como devolverle el golpe a sus comentarios pues le recordaba el problema que tenía todos los días al intentar cepillar aquel nido de pájaros que llamaba cabellera.
-Pues al menos yo no tengo que estar sujeta a un montón de planchas y rizadores para evitar que se vuelva un plumero usado-dijo Adalid mientras se cubría del cepillo dental arrojado por su hermana desde el baño.
Al no asestar el golpe a su hermana, Sarem cerró la puerta mientras le enseñaba la lengua en un gesto infantil –al cual Adalid respondió de la misma manera- sin embargo la dulce pelea temprana de las chicas se vio interrumpida por repetidos golpes al otro lado de la pared de su cuarto y la irritada voz de un padre recién despierto.
-¡Sarem fue la que empezó papá!-grito Adalid mientras salía de la habitación.
-¡No es cierto!-exclamo Sarem desde el baño
El hombre de la habitación contigua expreso algo incomprensible pero las dos hermanas no hicieron caso a sus extrañas palabras.
Mientras Sarem se encontraba en su ritual de belleza matutino, Adalid contemplo de modo meditabundo su pequeña habitación; un cuarto de paredes blancas con pintura algo desconchada, una cortina naranja parecida mas a un mantel de mesa de cocina que adornaba la única ventana larga –aproximadamente un metro y medio de ancho y uno de largo o puede que más.- cubierta por un mosquitero polvoriento con manchas de pintura, silicón y pegamento, seguida de un espejo largo de un metro que reflejaba la pequeña cama individual con el colchón sucio y semi pestilente que apenas si lograba pasar desapercibido con la única sabana color amarillo con la que podía cobijarse durante el año.
Después volvió su vista hacia el ropero de madera pulida –un regalo de su prima Jean- donde solo dos de los seis cajones inferiores y media puerta superior –todos marcados con calcomanías de calaveras, brujas y demás espantos- guardaban su escasa ropa heredada y semi nueva mientras que el resto del espacio lo ocupaba las prendas que Sarem casi nunca usaba.
Adalid se acerco al ropero y abrió la puerta superior con la calcomanía fosforescente de una bruja con su gato negro, reviso con cuidado las tres hileras de ropa respectivamente con la esperanza de encontrar su camiseta gris de manga corta y sus pantalones de mezclilla azul rey que le había comprado su madre hacia un par de semanas, pero luego de examinar cada una de sus hileras no encontró ninguna de las prendas mencionadas.
“Sarem”. Pensó ella
Molesta por la grosería de su hermana de tomar siempre la ropa nueva que le compraban, Adalid abrió la puerta contigua del gran ropero y contemplo brevemente la hilera de blusas y camisas de Sarem, ¡sorpresa! Justo a mitad de esta ahí yacía su camiseta gris.
Antes de que Adalid pudiera agarrar sus pantalones de mezclilla la puerta del baño se abrió y al igual que un criminal que es descubierto con las manos en la masa la joven de ojos violetas cerró la puerta del ropero de golpe y con su camiseta favorita en mano y el ceño fruncido se acerco a una limpia y perfumada Sarem.
-¿Cuántas veces te he dicho que no agarres mis cosas?-pregunto Adalid con tono molesto
Su hermana con las manos mojadas y cubiertas parcialmente de crema peinadora contemplo la camiseta que yacía en la mano de Adalid y con gesto indiferente se termino de arreglar su cabello.
-¿Y bien?
-Ya. Perdón- dijo Sarem mientras se dirigía al espejo delante de la cama
Adalid contemplo con molestia a Sarem y en un acto de rabia infantil se dirigió a la puerta que momentos había abierto, saco un pantalón de mezclilla azul oscuro y una playera de manga larga con cuello de tortuga color blanco con manchas verdes olivo.
-Bueno me pondré estos.-dijo Adalid arronjando las prendas al colchón mientras se deshacía de su pijama.
Sarem observo lo que hacía su hermana en silencio sin apartar su vista del espejo.
Para cuando Adalid termino de vestirse, Sarem se volvió hacia ella y aun con algo de crema peinadora entre sus dedos se acerco a su hermana y la distribuyo cariñosamente sobre las puntas desordenadas de su cabello castaño.
-Listo. Ya te ves más decente.-Dijo Sarem mientras movía a Adalid hacia el espejo para que se contemplase.
Me mire nuevamente en el espejo para contemplar mi nueva apariencia.
La ropa combinaba perfectamente aunque mi “almohadazo” recién peinado me daba hacía sentir como si me hubiesen puesto la mitad del tarro de gel para alguna foto escolar, pero al ver el tan buen humor que parecía embargar a Sarem decidí no tocar mi cabello durante al menos un rato.
-¿Sabes donde puso mamá su perfume que huele a jazmín?-pregunto mi hermana de pronto.
-Am, creo que esta en el tocador de su habitación-respondí.
Feliz como un girasol que recibe los rayos del sol, Sarem sonrió sin darme las gracias y se retiro de mi habitación.
Por fin un poco de paz.
Me senté en mi cama, me agache para buscar mis zapatos de piso estilo oriental de color oscuro, pero lo único que pude ver fue un par de ojos amarillos observándome desde la tenue penumbra junto a mi zapato derecho.
-¿Liz? ¿Qué haces ahí abajo?
Todo lo que obtuve fue un quedo maullido como respuesta.
Me quite de la cama y me agazape sobre el suelo frio de azulejos blancos hasta que nuestras miradas quedaron niveladas.
Liz, se echo hacia atrás cuando vio que mi mano entraba debajo de la cama e intentaba alcanzar mi zapato pero como toda buena gata juguetona la desgraciada se dio una voltereta golpeando su estomago regordete sobre el suelo frio y apreso mi mano en sus patas delanteras sacando las zarpas, era obvio que no podría alcanzar mi zapato con esa mano.
En un vano esfuerzo por alcanzarlo metí mi otra mano con la esperanza de que Liz no se percatase de ello sin embargo al escuchar como mi brazo chocaba contra una de las cajas de zapatos vacías la gata me soltó y salió disparada hacia el umbral de mi cuarto dejando mis manos con saliva, arañazos ardientes por las finas líneas de sangre que comenzaban a manar de las heridas, es cierto me dolió mucho pero al menos logre sacar mis zapatos de debajo de mi cama y ponérmelos sin dificultad, pero de igual modo debería sufrir un poco mas de ardor al ponerme agua y jabón para prevenir infección.
Ya con mis zapatos puestos me contemple en el espejo que yacía frente a mi cama, primero me vi de frente luego de perfil.
“No esta tan mal. Al menos así no atraeré mucho la atención de los majaderos que nos encontremos en la calle” Pensé
-¿ya estas lista?-pregunto Sarem desde la entrada con Liz en sus brazos
-¿Crees que debería ponerme unos calcetines?-pregunte mientras miraba la piel de mis pies asomarse levemente por la boca negra del calzado.
-No. Solo ponte un poco de talco, además el mismo largo del pantalón va a cubrirte parte de los pies-respondió Sarem mientras colocaba a Liz en el suelo.
Luego de tomar en cuenta su sugerencia busque mi móvil, mis audífonos y las llaves de la casa esperando que pudiéramos partir de inmediato pero antes de que pudiera dirigirme a la entrada principal, la señorita “refinada” me pidió que la esperase pues aun debía verificar la lista del mandado y ver que tuviese todo en orden.
Típico de ella.
-Me avisas haber a qué hora nos vamos.-Exprese mientras me iba a la sala para sentarme en uno de los sillones de cuero blanco.
Aunque no hubo respuesta de su parte preferí quedarme en silencio observando vagamente uno de los tantos dibujos que había pegado en la pared.
De pronto una pequeña risita se escucho en la habitación, esboce una sonrisa y dije con amabilidad.
-Ya se me hacia extraño el no escucharte “Yukeiki”.
Repentinamente en uno de mis dibujos apareció la imagen de un gato mediano de pelaje gris con tonos rojos en sus patas y orejas. Como si se tratase de un metraje animado el animal se movió entre los cuadros de mis dibujos mientras se reía y se acerco a la orilla de la hoja para dar un salto hacia mí.
Paso de ser la imagen de un gato gris y travieso a un joven de 17 años con mirada gris y vacía vistiendo un short y chamarra de un tono más intenso de gris.
-No podía perderme este día por nada.-Expreso él con seriedad
-¿sabes? Prefiero verte en tu forma gatuna así te ves mas…alegre.-dije mientras forzaba una leve sonrisa
Yukeiki no respondió a mi comentario, únicamente camino en la pared como si fuese una lagartija y se sentó a esperar.
-Odio cuando haces eso.
-¿Por qué? Nadie más puede verme o dañarme además de ti.
-Por eso mismo odio cuando haces eso.-Exprese entre risas.
Antes de que Yukeiki pudiera responderme, escuche a Sarem aproximarse por el pasillo principal.
Su forma de vestir parecía diferente a la de otros días; portaba una camisa con escote prominente de color verde limón y unos tejanos de color azul rey junto con unas zapatillas de deporte del mismo tono con franjas blancas a ambos lados y claro con sus cabellos bien rizados y su cara maquillada con un tono “natural” a su piel ¿Quién no voltearía a mirarla?
-¿Lista?
-Lista
Me levante del sillón y abrí la puerta para que Sarem y yo pudiéramos salir.
Ya afuera Sarem cerró la puerta tras de sí y con una sonrisa en los labios me dijo que era momento de irnos.
Sin decir nada le permití que avanzara delante de mí mientras me aseguraba de que la puerta estuviera bien cerrada y de que tenía las llaves conmigo.
Mientras caminábamos por el bulevar principal de nuestra colonia Sarem iba tan inmersa en su mundo que no percibía la presencia de Yukeiki ni la de los otros seres que durante toda nuestra vida habían estado ocultándose entre los seres “comunes”.
-Parece que tomo algo demasiado relajante.-Expreso Yukeiki mientras levitaba frente a nosotras.
-Sí y eso “tan relajante” se llama Patrick.-Dije con ironía.
Durante las catorce manzanas Sarem no hizo otra cosa más que mirarse continuamente en los cristales semi reflectantes de algunos locales, autos y ventanas de estos para comprobar que su peinado y el resto de look permanecían intactos lo cual provoco que en un par de ocasiones se tropezara y casi chocase contra uno de los postes de luz.
-¿Estás segura de que no se tomo algún calmante antes de salir?-pregunto Yukeiki luego del segundo tropiezo de Sarem al pasar frente a una tienda de abarrotes.
Contemple a Sarem con rapidez mientras ella se acomodaba por centésima vez sus risos sobre los hombros.
-Sí. Estoy segura-respondí en mi mente.
Cuando finalmente llegamos a la entrada de nuestra colonia, aproveche que Sarem estaba ocupada atendiendo su celular para responder a un mensaje de texto –seguramente de Patrick- para acercarme al “primer” poste de madera que señalaba la entrada hacia nuestra colonia y coloque mi mano izquierda en una pequeña de cinco puntas tallada en el poste que apenas era visible para el ojo humano.
Luego de que Yukeiki me confirmara que Sarem estaba totalmente inmersa en su celular hice un par de inhalaciones profundas hasta que un par de destellos lavanda chisporrotearon en las yemas de mis dedos convirtiéndose enseguida en dos finas líneas de energía lavanda que se impregnaron en la madera del poste, al retirar mi mano observe como las líneas tomaron la forma de una gota de agua durante un segundo y después descendieron hasta la pequeña estrella haciendo que esta emitiera un leve destello color violeta.
Acto seguido se produjo un sonido hueco en el poste provocando que ante nuestros ojos –menos a los de Sarem y los pocos autos que entraban y salían de nuestra colonia- se hiciera presente una delgada cortina de energía que se movía como el agua dentro de un vaso- se extendiera desde los cimientos de la calle, se extendiera por todo el borde de la colonia y ascendiera aproximadamente cinco metros de altura.
De pronto en aquella cortina acuosa apareció la silueta de un rostro masculino.
-¿Quién eres tú?-pregunto la criatura con voz burbujeante
-Soy Adalid, hija de Albertine la humana a mis espaldas es mi hermana Sarem y el chico gris es mi guardián Yukeiki.-dijo la chica sin mover sus labios.
El rostro masculino contemplo a la distraída chica, al humanoide de orejas gatunas y finalmente poso sus ojos acuosos sobre Adalid.
-¿Por deseas salir de la protección?-pregunto
-Vamos a ver a alguien cercano.-respondió Adalid desde su mente mientras contemplaba lo que parecían ser los ojos de la criatura
-En cuanto atraviesen el Velo deberán protegerse a sí mismos de los seres salvajes. Si a su regreso la protección de este lugar se ve amenazada entonces su alma quedara afuera y su cuerpo será un cascaron vacio.- respondió el rostro con seriedad.
-Aceptamos los términos Guardián.-dijo Adalid mientras posaba de nuevo su mano sobre la pequeña estrella titilante de color lavanda.
-Que así sea.
El rostro masculino se fundió en el acuoso y danzante velo energético, acto seguido Adalid retiro su mano del poste y aquella cortina invisible se abrió ante ellos como si algún artista desgarrara con su fina aguja la delicada seda que yace ante él.
-Gracias-susurro Adalid.
-¿Gracias por qué?-pregunto Sarem a sus espaldas
-Pues por al fin haberte guardado el celular niña. No me hare responsable si algún tonto te atropella porque vas ensimismada con tu celular-respondió Adalid con sarcasmo.
Sarem le dedico una sonrisa irónica y se adelanto a ella para finalmente llegar a la esquina que daba paso al bulevar principal, cuando Adalid cruzo a un lado del poste el vello de su nuca se erizo al sentir una leve brisa cubriendo su espalda.
El Velo se había cerrado.
Ya en el bulevar me Adalid se dio cuenta de que sería “un día normal” ya que el cielo se encontraba tenuemente nublado, lo cual era ventaja por el sol matutino.
A pesar de ser domingo, estar en el bulevar era como entrar a una de esas películas de terror donde todo está totalmente solo y no hay ni un solo ruido, sin embargo esa sensación no duro mucho tiempo ya que las hermanas cruzaron la calle en cuestión de segundos pues no había ningún auto a la vista en ambas direcciones.
-¿Por qué tenemos que ir hasta el mercado por las compras? Pudimos haber ido a la tienda de la esquina queda más cerca de casa.-expreso Adalid entre bostezos.
Sarem ignoro el comentario de su hermana.
Al ver que no le respondía, Adalid metió su mano en el bolsillo delantero de sus pantalones y saco los auriculares que yacían conectados a su celular, miro su fondo de pantalla –una luna llena en un cielo despejado sobre la costa-, dio doble clic sobre la luna llena y en cuestión de milisegundos aparecieron los iconos correspondientes del reproductor de música, ajusto el volumen y se llevo los audífonos a los oídos pero no pasaron ni siete cuadras antes de que Sarem comenzara a llamarle la atención para que se los retirase.
No estaba dispuesta a escuchar ni mucho menos pelear con ella así que Adalid únicamente se retiro el audífono izquierdo para estar atenta a la irritante voz de su hermana y los demás sonidos de alrededor.
Ya próximas a nuestro destino Yukeiki se manifestó como una niebla ante mi rostro.
-¿Qué sucede?-pregunte sin mover mis labios.
-La vía del tren está vigilada por tres criaturas. Sera mejor que pienses en algo o tendremos que lidiar con su “caseta de cobro”-expreso Yukeiki con tono preocupado
-No puede ser. No siquiera por ser domingo dejan de estar fregando con sus estúpidos cobros.-dije entre murmullos
-Recuerda que no se rigen por los mismos estándares que los humanos.- respondió Yukeiki mientras se materializa de manera más solida a mi lado
Como odiaba cuando tenía razón.
Cuando había comenzado con mi entrenamiento espiritual papá y mamá me habían hablado sobre los estándares por los que se regían varias criaturas que habitaban en la ciudad y a lo largo del país, a muchos de ellos se les sobornaba fácilmente con joyas y cuarzos pero había otros que solo deseaban acarrear problemas al mundo humano, ellos eran los peores.
-¿Puedes verificar que tipo de criaturas son?- pregunte entre susurros
Yukeiki asintió como respuesta. Antes de que pudiese darle más instrucciones fui sacada de mi ensimismamiento al sentir la fuerte y firme mano de Sarem frenarme bruscamente a unos cuantos metros de las vías del tren.
-Ya quítate esos audífonos. De no ser porque te detuve a lo mejor te llevaba el tren.-dijo Sarem con molestia.
Antes de que pudiese reprocharle por haberme frenado nuestros oídos se vieron invadidos por el chillante y escandaloso sonido típico de cualquier silbato de un tren de carga.
Me situé junto a mi hermana para no quedar tan cerca de las vías pues bien era sabido que cualquiera que se quedaba en el límite de la calle y el tren que pasaba ante sus ojos seria arrastrado por la fuerza de este para quedar hecho menos que puré.
Sin embargo, luego de haberme puesto a su lado la silueta de Yukeiki se manifestó y sin mover sus labios señalo el otro lado de la vía donde se lograban distinguir tres siluetas infames de ojos destellantes que nos miraban fijamente.
De pronto Sarem dijo
-Parece que nos quedaremos atascadas un buen rato aquí ¿no lo crees?-dijo Sarem entre gritos que eran tenuemente ahogados por el sonido del tren
Por un segundo pensé que se había percatado de la presencia de aquellas criaturas sin embargo mi duda fue respondida cuando el silbato del tren se escucho a lo lejos así como las llantas en los rieles yendo a toda velocidad y Sarem señalaba los enormes vagones que pasaban ante nosotras.
"Ella se refería al tren". Pensé
-Sí pero no parece que sea mucho tiempo-le respondí.
Esta vez no hubo necesidad de gritar pues el horrible sonido del silbato se iba alejando de forma gradual y el ruido de las llantas era menos escandaloso.
Sin decir nada, Sarem me dio la espalda y espero a que el tren terminase de pasar por las vías pero al notar que faltaban unos cuantos vagones mas la señorita se limito a sacar su celular del bolsillo trasero de sus tejanos para enviar un mensaje de texto a su amado Patrick.
En cuanto el tren termino de pasar Sarem avanzo y la observe entrar al "velo" sin ser vista por los carroñeros y mientras caminaba a paso lento tras ella concentre mi energía en las yemas de mis dedos.
-Yukeiki ve con ella mientras hablo con las criaturas.-le ordene.
Con una expresión de aburrimiento y desinterés Yukeiki se desvaneció de mi lado y apareció levitando a un lado de mi hermana mientras caminaba de cabeza en el aire.
Cruce al otro lado de las vías y me detuve en la acera.
Y ahí, recargados en la desgastada pared verde claro del área del “mercado de pulgas” se encontraban dos figuras masculinas de apariencia raquítica con plumaje escaso en vez de ropaje, estaban frente a mi aquellos a los que en el mundo astral les llamamos "carroñeros"
Deje que mi energía fluyese a través de las yemas de mis dedos y en cuestión de segundos un circulo de aproximadamente cinco metros de diámetro de color rojizo cubrió el lugar.
Los carroñeros se percataron de esto, se levantaron y se dirigieron hacia mi.
-¿Desde cuándo los pequeños andan buscando pleito?.-Pregunto uno de ellos
El otro carroñero (de aspecto cadavérico) se acerco lentamente analizándome
-¿A caso fuiste retada por tus amigos para sentirte mayor?-pregunto entre risas
Los mire fijamente
-No se que piensen par de idiotas pero tengo veinte años.-respondi con molestia.
Las criaturas me miraron impresionados al saber mi edad – y no los culpo pues más de una vez me han confundido con alguien menor- y echaron a reír sin ton ni son pero sus burlas solo incrementaron mi enojo.
Ambos se detuvieron delante de mi –a metro y medio aproximadamente-, acto seguido me coloque en guardia y ellos comenzaron a caminar de un lado al otro -como leones enjaulados-.
-Oigan no quiero pelear.- Dije mientras los miraba moverse.
-Pues no tienes opción.-Expreso el cadavérico
-Oh espera hermano. Si hay otra opción.
Se detuvieron en seco y extendieron sus manos.
-¿Que?
-Si quieres pasar...
-Entonces tienes que pagarnos con algo.
"Pagar con algo".
Si algo he aprendido en mis cortos veinte años de humanidad es que cuando alguien te dice que debes pagar para conseguir algo del modo fácil nunca saldrá nada bueno de eso pero claro, ese era el plan de aquellas criaturas.
Me quede observándolos y volví a una posición tranquila.
-¿cuál es el precio a pagar?.-pregunte seriamente.
Ellos me miraron y luego sonrieron cínicamente.
-Tienes que darnos oro.
-Pero no cualquier oro.
-¿entonces, que tipo de "oro" desean para dejarme en paz?
Los carroñeros se miraron uno al otro y con sonrisa de lujuria me contemplaron de arriba a abajo.
No debían estar hablando enserio...
-Hemos visto a la mujer con la que cruzaste las vías.
-¿Crees que le agrade tener una "cita" con nosotros?
Cerré mis puños y apreté la quijada.
-A ella no la tocaran. Es solo un simple peatón humano.
-¿si es un ser humano entonces que hace un cambia-formas con ella?-dijo mientras señalaba a Yukeiki a una cuadra de distancia.
Mierda.
-¿Que tiene de malo? Tanto ustedes como yo hemos visto a varios humanos que son acompañados en secreto por los cambia-formas u otros seres.-respondí
A pesar de que intente distraer su atención de mi hermana, el carroñero cadavérico no dejaba de observarla mientras estaba detenida en la esquina hablando a través de su celular.
Sabía que era solo cuestión de tiempo antes de que intentaran alguna estupidez.
-Les propongo un trato. Si los derroto en una pelea dejaran este territorio para siempre.-dije con seriedad
-¿Escuchaste hermano?.-Expreso uno de ellos entre carcajadas.
-La he escuchado.-Expreso el otro con seriedad
-¿Entonces que deciden?-pregunte sin deshacer mi expresión.
-De acuerdo un combate cuerpo a cuerpo será.- respondió la criatura con aspecto cadavérico.
-Si ganamos tú y tu hermana se quedaran con nosotros.-dijo otro
-Y si yo gano entonces no volverán a molestar y alertaran a sus otros "hermanos" de que cuando crucemos cada territorio nos dejaran libre el paso.- respondí con seriedad
Sin más que decir los cuatro adoptamos nuestras respectivas posiciones de combate;
Los hermanos carroñeros se colocaron uno delante de otro en posición de una X, con los brazos alzados abriéndose dando forma a su silueta como si se trata de un abanico abriéndose lentamente mientras que el carroñero restante se colocaba en la posición de gruya.
-Vengan aquí par de idiotas.-susurre mientras los miraba desafiante mente.
La pelea comenzó; el carroñero cadavérico dejo al descubierto su energía color hueso que enseguida tomo forma de una cuchilla, ya formada su arma se separo de sus hermanos y dando un giro totalmente gimnástico intento golpearme con su cuchilla, esquive el golpe y conduje mi energía hacia mi rodilla con la cual le di un fuerte golpe en el estomago y un codazo directo en su columna dejando ver los destellos purpuras de mi energía dejándole fuera del combate, ahora solo quedaban dos, el otro carroñero dejo descubierta su energía de tono oxidado intentando darme un puñetazo pero fui más rápida que él pues logre esquivar su primer golpe pero no advertí su pierna en dirección a mi estomago y el fuerte golpe me envió a volar hasta el límite de la barrera de energía que habíamos puesto momentos antes, el impacto provoco que mi rostro recibiera el impacto, al incorporarme la sangre manaba de mis fosas nasales y mi boca, intente ponerme de pie, pues el tipo cadavérico apareció ante mí y pateo el brazo con el que me apoyaba provocando que cayese de nuevo al suelo y cobardemente comenzó a patear mientras yacía tambaleante en el suelo intentando ponerme de pie, de pronto su hermano con la energía del color del oxido me sujeto del cuero cabelludo con tal fuerza que pude escuchar los huesos de mi espalda tronar.
-¿Enserio creíste que podrías vencernos?-susurro uno de los hermanos.
-Nadie dijo..que tenía que vencerlos juntos ¿o si?-dije con sonrisa en boca.
-¿De qué hablas?-pregunto uno de ellos.
Esbozando una sonrisa deje que mi energía fluyera de forma salvaje a través de mi corto cabello castaño provocando que el brazo del carroñero cadavérico se sacudiera de forma violenta causando que sus huesos se quebrasen y dejaran al descubierto piel, sangre y su hueso roto en varias partes.
La criatura dio un grito de dolor mientras se sostenía su extremidad herida.
Por su parte el otro carroñero quedo horrorizado al ver lastimado a su hermano sin embargo no perdió de vista el intento propinarme una patada en la cara.
Su golpe fue detenido por mi mano desnuda.
-Jamás subestimes a una mujer.-Dije mientras mi energía envolvía su pierna y la destrozaba como si fuese de papel
-¡Perra maldita! ¡No te tengo miedo!-grito él mientras intentaba liberar su pierna herida.
Con expresión seria gire su pierna contra las manecillas del reloj provocando el desprendimiento instantáneo .
Uniéndose a su hermano en el coro de dolor, materialice dos cuchillas de color lilas en mis manos, al primero de ellos le perfore el pecho en un veloz movimiento extrayendo sus viseras y su asqueroso corazón.
-¡Hermano!-grito el cadavérico con dolor aun en su brazo.
Me volví hacia él y alce mi cuchilla en señal de advertencia.
-¡Aléjate!-chillo
Continué acercándomele haciendo caso omiso a sus chillidos.
-¡Loca! ¡aléjate de mi!-insistía.
-No dejare que una escoria como tu...me subestime de nuevo!
-¡No!
Lo último que recuerdo fue que deje caer mi cuchilla sobre la cabeza del carroñero pero en vez de escuchar mi arma golpearlo y sus gritos de dolor escuche un chirrido metálico.
Yukeiki yacía frente a mi portando una armadura plateada.
El carroñero miraba asustado con lagrimas preguntándose porque seguía con vida.
-Me canse de esperar y los humanos sospecharan.-dijo con seriedad
-Pero él...
-Ya terminaste con él si quieres que cumpla con su parte del trato tendrás que dejarlo vivir.-expreso con severidad.
Antes de que pudiese reaccionar, Yukeiki miro al carroñero con ojos de fuego y le ordeno que fuese a correr la voz.
-S-si señor.-dijo con voz pastosa
El sujeto reunió la poca fuerza que le quedaba y se impulso sobre la pared verde del “mercado de pulgas” después se fue brincando entre los techos de los locales para ir a ver a sus otros hermanos para dar el aviso tal como había sido acordado.
Yukeiki me miro y haciendo desvanecer su armadura se coloco a un lado mío extendiendo su mano.
Chasqueo sus dedos y la barrera desapareció.
En cuestión de minutos llegue a la entrada del mercado donde Sarem y un despreocupado Patrick me esperaban con algunas de las bolsas del mandado.
-Tráete unas bolsas hay que comprar la comida.-Expreso Sarem con la vista perdida en su amado.
Al entrar al mercado, el hedor de la carne cruda, humo y alcantarillado golpeo con toda su fuerza mi nariz.
-Insisto ¿por qué mejor no fuimos a la tienda de la esquina? Al menos ahí no huele tan mal.-exprese al momento que cubría mi nariz del hedor.
Sarem parecía estar hipnotizada pues no hizo caso a lo que le dije y directamente se fue con Patrick al apestoso pasillo de carnicería.
Si pensaban que el hedor era horrible con solo haberse parado en la entrada, créanme cuando les digo que en aquel pasillo los sentidos de la vista y el olfato abandonarían sus caras y se irían muy al sur.
El suelo de aquel pasillo -como el resto del mercado- era de color negro con algunos baches que se volvían charcos debido al agua que usaban los mercantes en sus puestos y en la intersección -bueno en ese pasillo al menos- se encontraba la coladera -de la cual provenía todo ese mal olor-.
Varios de los puestos de carnicería eran el escenario grotesco perfecto para contemplar las manchas de sangre seca y mugre en las paredes mientras que las vitrinas, con sus cristales tenuemente manchados por la contaminación del exterior mostraban la carne cruda de puerco y res que manchaba la bandeja que alguna vez fue blanca.
Mientras Sarem y Patrick caminaban por aquel pasillo tuve que tolerar a los carniceros gritando en mi oído -literalmente-
"lleve su carne fresca, llévela barata!"
Además de sentir la mirada no solo de los elementales sino también de los pervertidos de transeúntes y mercantes pensando en no sé qué peladeces mientras se excitaban al ver el trasero de las mujeres -algunas mayores otras jóvenes- caminar entre la gente.
Caminamos aproximadamente 6 puestos al interior hasta que nos detuvimos en el que tenia la vitrina más limpia.
Patrick se adelanto a nosotras hasta aquella vitrina, dejo unas cuantas de las bolsas que Sarem le había entregado atrás de aquel estante refrigerado, tomo un mandil blanco con algunas manchas de sangre fresca para cubrir su playera de manga corta de colores chillones y sus pantalones de mezclilla oscura.
Ya con su uniforme puesto Patrick tomo el cuchillo de carnicero que yacía sobre un pedazo de madera ovalada.
-Hola señoritas-dijo Patrick.
Sarem enseguida puso su mirada destellan te y se acerco de forma coqueta hacia él con el mandil que en algún momento fue blanco -pero ahora solo reflejaba manchas frescas de sangre-. Patrick con su típico aspecto un tanto desalineado sonrió en forma traviesa, dejando ver tenuemente sus dientes blancos -creo que mas blancos a comparación de su mandil manchado-, pese a su pelo rubio y ojos oscuros no era de extrañarse que aquel joven a quien por dos años llame "cuñado" se hubiera ganado a pulso su apodo.
-Hola güero ¿que onda?-dije mientras me acercaba al aparador y tomaba las bolsas ocultas con disimulo.
Sarem me dio un pisotón "disimulado" cuando escucho que lo llame por su apodo -lo reconozco no pude ocultar mi cara de dolor-
-Oye no la pises.-le dijo a Sarem con dulzura
-¿Ves? al menos él me defiende-dije mientras me sobaba el pie lastimado
Patrick dejo escapar una risita y luego acercando su mano hacia el mentón de mi hermana, la miro tiernamente un segundo y le dio un beso rápido en sus labios.
Sarem le devolvió la mirada junto con una sonrisa
-¿A que hora terminaras hoy?-pregunto ella tímidamente.
-Pensé que estaba en su descanso porque nos ayudo a traer las bolsas hasta aquí-dije mientras me sobaba el pie pero Sarem hizo caso omiso a mi comentario.
-Yo creo que como a la una de la tarde-Dijo Patrick mientras miraba su reloj digital.
-¿Que hora es Adalid?.-Me pregunto
- Son las once con treinta-Exprese con rudeza mientras miraba mi celular
El par de tórtolos se sonrió y se dio un rápido beso de despedida.
-¿Se van tan pronto?
-Tenemos que ir a comprar lo que falta del mandado.-dijo Sarem fingiendo prisa.
-Ok entonces las veo cuando terminen.-Finalizo Patrick
Sin más que decir el par de tórtolos se despidió y finalmente Sarem y yo pudimos dirigirnos hacia la salida del mercado -ya no aguantaba el hedor.-
Mientras caminábamos hacia la salida Sarem me llevaba del brazo y me miraba constantemente con desdén.
-¿Porque la mala cara?-pregunte mientras intentaba no chocar con los transeúntes que se nos atravesaban.
Cuando nos detuvimos en la salida Sarem apretó mi brazo con fuerza.
-¿Que te dije de hablarle por su apodo?-pregunto con enojo
-¿Que tiene de malo? A muchos de los que les hablo les digo por su apodo porque nos llevamos bien .-le respondí con inocencia
-Pero a los novios no en especial a los de tus hermanas.-Expreso ella con tono severo
-¿Porque no?-pregunte.
-Por educación. ¿O apoco quieres que le hable por su apodo a alguno de tus amigos o alguien que quisiera ser tu novio? si sigues con esa actitud y así nunca vas a tener uno.-Puntualizo ella con firmeza.
Se que los hermanos mayores generalmente son educados con ciertas creencias que muchos de los hermanos de en medio o menores por fortuna o por desgracia no alcanzamos a vivir al mismo nivel que ellos pero esto era realmente ridículo.
Cuando era más adolescente -puberta en realidad- había visto a Sarem hablar de ese modo con todos sus novios y no le importaba que nuestra madre le dijera que ese lenguaje y comportamiento no era "digno de una dama".
He tenido amigos que nacieron siendo de familias ricas y que se rigen por esa clase de estándares sin embargo para alguien de la clase media-baja como nosotros sinceramente se veía algo bobo.-
Sarem estuvo a punto de darme un bofetón pero al percatarse de que había algunas personas mirándonos se limito a soltar mi brazo y a cerrar sus puños.
Me quede en silencio.
Al ver que no iba a responderle más, Sarem se dio media vuelta para dirigirse de nuevo al pestilente mercado y al parecer no tenía intención alguna de esperarme –y la verdad yo no tenía deseos de caminar junto a ella.-
Luego de un largo silencio y tres pasillos recorridos Sarem pareció calmarse sin embargo preferí mantener mi distancia durante un rato más.
De pronto una brisa helada inundo el lugar.
-Adalid algo no está bien.-susurro Yukeiki mientras todos a nuestro alrededor se quedaban quietos y el panorama se tornaba gris.
-¿Que está sucediendo Yukeiki?-Pregunte alterada mientras observaba a mi inerte hermana.
Todo quedo helado sin importar cuánto intentase hacer reaccionar a Sarem y a los pocos transeúntes que había a nuestro alrededor.
¿Porque el tiempo se había detenido? ¿Por qué Yukeiki y yo éramos los únicos que podían continuar sin ser "pausados"?
De pronto hubo un estruendo que sacudió la zona.
-¿Qué carajo fue eso?¡-dije al caer al suelo.
Yukeiki se levanto y se quedo levitando en el aire observando de forma fría y calculadora nuestro entorno.
-¿Yukeiki que ocurre?
-¡Cuidado!.
Antes de que pudiese advertir lo que ocurría sentí como Yukeiki me sujeto de la cadera y dio un gran salto hasta uno de los techos de los locales inferiores del mercado.
Había bastante polvo
-¡Por amor al queso!-grite
-No hay queso pero creo que te interesara ver lo que hay entre el polvo.-dijo mientras señalaba la zona del impacto.
Poco a poco el polvo comenzó a disiparse, y ahí entre los escombros yacía un joven inconsciente.
Antes de que Yukeiki o yo pudiésemos decir nada, de pronto apareció una gigantesca de hidra entrar por aquel pasillo buscando algo.
Al divisar al chico inconsciente la hidra emito un grito de triunfo y de nuevo el suelo se estremeció provocando que la estructura temblase y el escuálido techo del mercado se viniera abajo.
Rápidamente Yukeiki y yo invocamos nuestra energía para crear un escudo sobre los transeúntes congelados para evitar que los escombros los golpeasen.
-¡Tenemos que sacar a esa cosa de aquí!-exclame.
-Creo que eso no será necesario-respondió Yukeiki con su habitual indiferencia mientras señalaba hacia el muchacho inconsciente ser atrapado por una de las cabezas de la hidra entra sus fauces.
-¡Hay que salvarlo!-exclame
Estuve a punto de lanzarme hacia la zona del impacto para ayudar a aquel chico pero Yukeiki me detuvo en seco.
-¡¿Qué estás haciendo?¡ ¡Déjame ir!-grite mientras intentaba liberarme de él
-Esta pelea no es nuestro asunto-replico Yukeiki con voz severa.
La hidra comenzó a moverse torpemente con su presa a lo largo de lo que quedaba del mercado y con la mayoría de este destrozado logramos divisarla en toda su gloria; sus patas debían medir aproximadamente unos ocho metros de altura y unos cinco de ancho mientras que su cola ocupaba como mínimo doce metros, sus cabezas –cinco para ser exactas- eran tan largas como un poste de luz pero más altas y anchas que dos antenas de radio subidas una sobre otra y sus dientes parecían edificios de quince pisos.
-¡Lo es! Si continua avanzando puede aplastar a las personas incluida Sarem.
-Joven ama tiene que controlarse.-Expreso finalmente Yukeiki con enfado
Solamente en tres ocasiones lo había escuchado hablarme así, y generalmente cuando tenía ese tono en su voz lo que hacía era calmarme y ya no hacer nada hasta que las cosas estuvieran realmente tranquilas.
Pero hoy no sería así...
-¡Adalid!
No tengo idea de si se abra tratado de mi instinto o de la misma adrenalina, lo último que recuerdo fue que logre soltarme de Yukeiki y salte desde uno de los locales que seguían en pie transmutando mi energía en una espada de color verde limón y después caí en una de las cabezas de la hidra.
La criatura se sacudió frenéticamente de un lado al otro con la esperanza de librarse de la pequeña invasora que corría sobre una de sus mejillas, de no haber sido por mi espada áurica quizás y si hubiese caído en el suelo o los escombros pero no fue así pues incruste la hoja brillante lo más profundo que pude en su mejilla y me aferre lo mas que pude al mango de mi espada mientras aquella cabeza se sacudía con ferocidad.
“Maldición, a este paso saldré volando peor que un balón de futbol” Pensé
De pronto aquella cabeza dejo de moverse y antes de que pudiese advertirlo una fuerte ráfaga me envolvió la espalda provocando que mirase a mis espaldas, al voltear divise una gigantesca garra acercándose rápidamente hacia mí y al sentir la fuerte descarga de adrenalina concentre toda mi energía en las piernas, solté mi arma y corrí sobre la garra con toda rapidez hasta encontrarme a una altura considerable cerca de aquellos ojos reptiles, me concentre nuevamente y me impulse hacia su rostro dejando tras de mi un humillo violeta, sorprendido por esto la criatura solo contemplo como en mis manos se materializaba en un arco tensaba la cuerda y una enorme flecha de color uva era disparada desde esta y se le atravesaba el ojo, el golpe le destrozo la retina y termino su recorrido perforándole el cráneo al otro lado.
Antes de que la cabeza cayera muerta por el flechazo me impulse nuevamente con mis “resortes” de energía y en pleno salto invoque dos espadas del mismo tono violeta y aterrice cerca del parpado de la cabeza que tenía entre sus fauces al muchacho aun inconsciente.
Las cabezas restantes de la bestia se percataron de que aun había un invasor sobre su cuerpo y en un intento atacaron a la cabeza hermana dándole fuertes mordiscos que desgarraron la piel de sus pómulos y parte de su frente lo cual provoco que dicha cabeza abriera sus fauces para emitir un aullido de dolor.
El chico cayo y sin siquiera pensármelo dos veces salte tras él impulsándome una tercera vez con mis “resortes” energéticos, durante un segundo todo se ralentizo a mi alrededor; el movimiento de las cabezas de la bestia atacándose mutuamente, la caída de los pocos locales que aun quedaban en pie, mi respiración y el latir de mi corazón.
Sabía que aunque lograse atrapar al chico las cabezas restantes nos devorarían en menos de un segundo y destruirían a todos los que yacían “frenados” en el tiempo.
-Por favor, resiste un poco más para que pueda salvarnos a ambos.-suplique.
Adalid concentro toda su energía con las últimas fuerzas de su cuerpo y en un veloz movimiento coloco sus brazos en posición inclinada haciendo que dos rayos de energía violeta salieran disparados, uno hacia el pecho de la criatura que se incrusto como un arpón mientras que el otro rayo se transformaba en un lazo violeta que envolvió al muchacho en un movimiento delicado evitando que su cabeza o columna fueran dañados.
La criatura se sacudió ferozmente mientras aullaba en distintos tonos por el dolor de aquel arpón energético, Adalid aprovecho aquellos movimientos erráticos para extender el lazo y arrojarlo tan cerca como fuese de un preocupado Yukeiki.
Cuando el chico aterrizo cerca del humanoide de mirada gris el lazo que le había sostenido momentos antes paso a un estado liquido y finalmente solido creando una lanza violeta de proporciones colosales sostenido por el pequeño y exhausto brazo de Adalid.
La chica uso nuevamente el errático movimiento de la herida criatura y tomo el impulso suficiente para dar un giro en forma de media luna incrustándole aquella lanza en su pecho provocando que el cuerpo de la hidra titilase como la luz de una vela en una noche de invierno y desapareciera como pequeñas faroles, esto hizo que el único punto de soporte de Adalid se desvaneciera y la chica cayese a lo que antes solía ser un mercado.
“Maldición”
De pronto la vista de Adalid se oscureció.
No tengo idea de cuánto tiempo permanecí inconsciente, pero cuando volví en sí, me encontraba en mi habitación recostada en mi cama con Yukeiki sentado a mi lado y una silueta recargada en el umbral de mi puerta.
-Qué bueno que ya estás bien-dijo Yukeiki con tono amable
Me incorpore lentamente.
-¿Qué sucedió?...¡¿Que paso con la hidra?! ¿el chico se encuentra bien?!
-Oye tranquila. La hidra desapareció y todo volvió a su cauce.-expreso Yukeiki con tranquilidad
-¿ah? pero ¿cómo llegue hasta aquí? ¿Sarem noto algo acaso? ¿qué hora es?
-Lo siento pero tuve que usar tu cuerpo terrenal para que tu hermana no se percatase de nada. En lo que respecta a la hora son casi las siete de la noche -dijo Yukeiki con incomodidad.
Un escalofrió recorrió mi espalda.
Habían sido varias las ocasiones en las que tuve que abandonar mi cuerpo terrenal para ir a pelear a alguna de las esferas astrales y en mi lugar Yukeiki me sustituía para que los otros no se percataran de nada -bueno a fin de cuenta muchos humanos no notan nada que no sea su propia vida o de su propio interés- pero esto había sido diferente, pues por lo general luego de las batallas astrales mi cuerpo reposaba aproximadamente tres horas o menos, y tomando en cuenta que la batalla había sido alrededor de medio día…
¡Dios había dormido casi siete horas!
Las primeras veces fue sencillo para Yukeiki hacerse pasar por mí en el mundo humano ya que generalmente solo debía permanecer en silencio o entregar algo -ya fuese comida o ropa, etc.- e incluso solo decir sí o no, pero con el pasar de los meses las tareas y obligaciones entre los seres humanos -en especial la familia y la escuela- comenzaron a hacerse un tanto más difíciles y a Yukeiki en ocasiones se le dificultaba disimular.
Tenía miedo que luego de lo ocurrido con la hidra Yukeiki hubiese dicho algo totalmente extraño -al menos para Sarem- o que hubiera hecho alguna tontería con mi cuerpo -no no ese tipo de rareza que se imaginan mal pensados-
Aunque evidentemente todo parecía estar en orden pues en todo el rato que había descansado nadie de mi familia fue a despertarme ni entro a mi habitación sin tocar la puerta. -lose era extraño hasta para mi.-
-Bueno si tú dices que todo estuvo bien entonces te creo Yukeiki-dije con una sonrisa
-Vaya para ser alguien que duerme mucho después de una pelea, eres muy preguntona-expreso la silueta en el umbral
-¿ah? ¿quién eres tú?
La silueta se acerco a mi cama.
-Yo soy quien te trajo cargando hasta ese contenedor que llamas cuerpo humano-expreso él apoyando las manos en el extremo del colchón.
Al ver sus ojos grises entre la tenue luz callejera que entraba por mi ventana una lluvia de imágenes escarlatas invadió mi mente.
La nieve...el lago...la joya....
-¿Adalid?
-Yo...yo te he visto antes...-dije con falta de aliento
El joven de ojos grises estaba desconcertado pues no tenía ni idea de lo que le estaba hablando.
El silencio reino por un momento.
-Qué extraño. No recuerdo haber visto a nadie con tus "habilidades" antes.
-¡Es enserio¡ ¡ Sé que te he visto antes¡-insistí
-¿Y según tu donde me has visto?-pregunto engreídamente.
-¡Cuando la luna tomo la forma de un dragón!-exclame mientras me sentaba en la cama de un golpe
Ojos grises se quedo pasmado y en silencio mientras que Yukeiki abría los ojos de par en par.
-¿u-un dragón?
-Sí.
-¿Como sabes de eso?
-Yo...lo soñé....y te vi cuando paso.
Ojos grises se me acerco y me sacudió bruscamente mientras me preguntaba qué era lo que había visto en ese sueño.
Yukeiki intento apartarlo de mi pero, al ver su agresividad se mantuvo inerte y serio contemplando la situación.
Logre librarme de aquel zangoloteo y recuperando el aliento pregunte malhumorada.
-¿Porque tiene tanta relevancia para ti mi sueño?
-¡Tonta! obviamente no fue solo un sueño. Si tú me viste en tus sueños y ahora estamos aquí quiere decir que el destino nos reunió por alguna razón.
-¿Pero cuál podría ser?

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Comentarios Capítulo 1: Lo que parecio un sueño

Interesante la historia, aunque me parece mas descriptivo de lo necesario...Por otra parte le falta mas peso al planteamiento de la anecdota, pudieras empezar a crear mas imagenes poeticas y utilizar mas metaforas...Lo cual seguramente iras logrando con el tiempo y la practica...Felicidades, tienes madera!!!
Octavio Garcia Rivas Octavio Garcia Rivas 04/11/2015 a las 21:58

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