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Capitulo 17: Al otro lado del espejo

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No importa las veces que cierre mis ojos, siempre aparecen las mismas imágenes ante mí.

Primero comienzan como el susurro de un amante, mientras que poco a poco aquellos recuerdos van esclareciéndose y se muestran ante mí en una serie continua de imágenes que poco a poco hacen que mis sentidos sean transportados a aquella noche…aquella maldita noche…

Las montañas nevadas cubiertas por la bóveda celeste creando una armonía perfecta entre el azul nocturno del cielo junto con la fina capa de nieve blanca que poco a poco es destrozada por mis piernas mientras un joven Rosiel crea tenues barreras de energía para impedir que nos alcancen…

-¡Nos alcanzaran Rosiel!

-¡No se detenga mi señora! ¡Continúe!

Mi cuerpo está al límite…mientras más corro, puedo sentir como mis piernas se queman por el esfuerzo de mis músculos, mi corazón me martilla el pecho y tanto mi nariz como mis pulmones parecen ahogarse con cada respiro que doy para mantener el ritmo...

-Váyase mi señora, yo los detendré

-¡No Rosiel! Ellos me quieren a mí, es mejor que escapes

-No dejare que la atrapen mi señora.

Mi querido Rosiel…siempre tan confiable y fiel hasta el final...aun recuerdo con total claridad como utilizo su aura de manera descomunal

para crear una barrera de hielo para impedirles el paso, sin embargo tal hazaña le ha dejado exhausto, pero no pienso dejarlo atrás, así que lo cargo en mi espalda y echo a correr lo más lejos posible de la barrera que él ha creado, sin embargo el destino fue cruel con nosotros aquella noche…

Una tormenta de nieve se ha desatado, dificultándonos nuestra visión, pero también la de ellos…

-Vamos, vamos, solo un poco mas y estaremos bien

-M-Mi señora…mire…allá adelante

A lo lejos yace un lago congelado, sus aguas hechas hielo destellan débilmente como si fuese estrellas, ¿acaso el destino ha decidido sonreírnos?

Continuo avanzando mientras llevo a Rosiel en mi espalda, rogando porque la barrera aun siga de pie, pero el pestilente olor de las auras de nuestros perseguidores, que comenzó como un tenue aroma, ahora inunda mis fosas nasales haciendo que el escozor en mis ojos sea inevitable.

Están cerca…casi puedo escuchar sus respiraciones agitadas que se desarmonizan con el suave susurro y salvaje aleteo del viento de la tormenta.

Rosiel intenta bajarse de mi espalda, insistiendo que debo huir y dejar que él se haga cargo, pero no puedo permitirlo…sé lo que le harán cuando sepan que está a mi servicio…

Contemplo rápidamente mis alrededores; el lago está a unos metros de nuestra posición, pero también he ubicado algunos arbustos con escaso follaje y manto blanco.

-Tengo una idea

Me acerco hasta los arbustos y bajo a Rosiel de mi espalda mientras comienzo a pisar la nieve alrededor de aquel arbusto que en anteriores estaciones solía tener un follaje envidiable.

Piso y piso con rapidez y cautela para comprobar la nieve suelta que hay, hasta que escucho el esperado sonido de mi pie al hundirse en el manto blanco.

-¡Encuéntrenla!

Puedo escuchar sus voces acercándose…sin perder un minuto más, comienzo a cavar alrededor del arbusto de forma frenética hasta crear un agujero lo suficientemente ancho para que el cuerpo de Rosiel quepa en el, sin embargo no es muy profundo como para ocultarlo…

-¡Rápido, encuéntrenla!

Se están acercando…no hay mucho tiempo…

-Rosiel, Rosiel despierta

-¿eh?

-Vamos, necesito tu ayuda

El pobre chico esta más pálido que esta nieve...no me gusta lo que voy a pedirle, pero no puedo delatar mi posición ahora.

-Necesito que uses tu aura para derretir esta nieve Rosiel

-N-No puedo…

-Por favor Rosiel, por favor. Si no lo haces van a encontrarnos

Sin esperar una afirmación, acerco a Rosiel hasta el borde del agujero y coloco sus manos extendidas hacia el interior del mismo

-Solo un poco de tu energía mi amigo, es todo lo que necesito

Con las pocas fuerzas que le quedaban, Rosiel invoca su aura en sus dedos creando un humillo de color hielo que envolvió el interior de aquel agujero helado provocando que este se fuera haciendo más profundo en cuestión de segundos.

El hedor de sus auras se está haciendo más fuerte…

-Es suficiente Rosiel

-¿Ahora…que mi señora?

-Perdóname Rosiel

Antes de que pueda articular palabra lo golpeo en la cabeza dejándolo inconsciente y lo introduzco rápidamente al agujero mientras vierto nieve inmaculada y ramas del arbusto sobre su cabeza hasta conseguir

que el hueco no sobresalga entre todo el entorno, sin embargo esto me ha quitado más tiempo del que tenia…

-¡Ahí esta!

Me alejo lo mas que puedo del arbusto y corro hacia el lago pero mi carrera se ve frenada bruscamente por una flecha que ha sido disparada del arco de uno de mis perseguidores, cortando el viento hasta atravesar mi muslo.

Aun con dolor continuo corriendo lo más que mi pierna herida me lo permite, pero ellos han sido más rápidos, pues antes de que pudiese darme cuenta, las doce criaturas me han rodeado.

Sus rostros, que hace tanto tiempo me parecían borrosos, ahora se han tornado más nítidos…

La criatura que ha disparado la flecha que me inmovilizo, lleva puesta una armadura de metal pulido de la cual sobresalen diversas pieles de animales de la zona helada, en sus manos lleva un arco de plata, su cabello envuelto en una cola de caballo se sacude ferozmente con el viento de la tormenta lo cual le da un aspecto guerrero por sus cejas pobladas que delinean sus ojos azules haciendo que su piel clara resalte de forma asombrosa con la nieve de nuestro alrededor

-¿Creíste que podrías escapar de nosotros?-pregunta el arquero

-¿Quién dijo que estaba huyendo de ustedes?

-Oh, pues, eso ha parecido ya que solo los mounstros huyen de aquello que puede destruirlos-responde de forma altanera un humanoide con melena de león y ojos bovinos

-Los que deberían huir son “caballeros”, ya que de entre los que estamos aquí presentes, ustedes son los únicos mounstros.

Las criaturas ríen ante mi comentario, a excepción de uno…

-Oh, ¿y porque nosotros somos los mounstros aquí, mujer?-pregunta el chico con orejas perrunas

-No importa cuántos sacrificios hagan para obtener partes de criaturas como yo o de otros elementales, ustedes continúan siendo unos humanos que por mera ignorancia destruyen todo a lo que temen

Las risas inundan de nuevo el viento.

Un hombre joven con cabeza rapada y ojos perrunos se acerca hacia mí con su picota en mano

-Al menos nosotros somos capaces de esconder a nuestras bestias interiores aun con la luna oscura en el cielo, mujer. Hasta donde esos pueblerinos saben, tú eres el único mounstro aquí.

-Y tal como dicta nuestra ley, todo mounstro merece ser encerrado-expresa uno de los presentes con cabeza de cabra- ¿No es así señores monjes?

Seis humanos masculinos de mediana edad, de cabeza rapada y portando vestiduras amarillas y naranjas asienten ante la pregunta del humanoide con cabeza de cabra.

-Si es así, entonces tendré que declinar ante tal juicio que se que no merezco

-Lo mereces hermana mía.

-Tú…

¿Qué es esta sensación?...siento mis ojos húmedos…mi pecho me duele…siento como el frío penetra en mis huesos…la herida…la herida en mi pierna parece hacerse más pequeña… ¿Por qué me miran con horror?

-¡Ataquen!

Sus armas no son más que leves destellos y manchas negras que aparecen de forma fugaz ante mis ojos…solo percibo pinchazos en algunas partes de mi cuerpo pero no hay dolor…

Los monjes han sacado un rosario con cuentas blancas de sus mangas y las han entrelazado con sus manos…los humanoides intentan hacerme avanzar hacia ellos con sus armas pero temen acercarse lo suficiente como para asestarme un golpe…

-¡No le hagan daño!

Rosiel…puedo ver como forcejea con él, mientras les grita que detengan su ataque hacia mí...se ha soltado de sus brazos e invoca su

aura para hacer retroceder a los otros e intenta acercarse a mí pero algo se lo impide…¡los monjes!

Mi rugido inunda el viento y extiendo mis garras para abalanzarme sobre ellos para romper su pequeña cadena humana.

-¡No!

Rosiel es lanzado varios metros mientras los humanoides corren hacia los monjes y entrelazan sus manos con las de ellos atrapándome en una cadena circular…el aura de los doce comienza a emanar de sus brazos y se transfiere al otro de una manera continua…

Un destello y un estruendo son todo lo que veo y escucho antes de ser bañada por una columna de luz blanca que se dispara hacia la bóveda celeste…mi cuerpo comienza a elevarse y a pesar de que uso mis garras para evitar ser arrastrada, la fuerza de aquella luz es mayor a la mía…

-¡No rompan el circulo!

La succión se está haciendo más fuerte…no podre sujetarme mucho más…

-Perdona hermana mía...es por tu propio bien

Mentiras…son mentiras…malditos…malditos sean…

-¡Por el poder de las doce estrellas, que el manto celeste sea tu nueva prisión hasta el fin de los tiempos!

De la cima de aquella luz, el sonido de las cadenas inunda mis oídos…mis manos, piernas, torso y cuello han sido cubiertos por las ataduras estelares…puedo sentir como las cadenas jalan mi cuerpo hacia arriba…

-¡Su prisión no podrá detenerme por siempre! ¿¡Me escucharon?! ¡Seré libre! ¡Su cárcel no será suficiente para frenar mi ira!

Hacia el otro lado de la columna de luz…la tierra ha comenzado a alejarse de mí…ellos se han vuelto tan pequeños como hormigas y el manto blanco se achica rápidamente, ahora solo hay tierra…es el continente…no…son los continentes…el océano…puedo ver la gran capa de agua que cubre al planeta, sin embargo su vista es solo momentánea ya que de forma veloz el hermoso mundo azul se ha tornado en un simple punto que, junto a las demás estrellas y planetas, incluso el mismísimo sol, son engullidos rápidamente por la oscuridad…

-Despierta.

Todo está oscuro…

-¡Carajo, ya despierta niña!

-¿Ah? ¿Qué?-pregunte con mis ojos entre abiertos

-Que ya te levantes. Vamos a ir al mercado

-Un sueño…-susurre

Cuando mis ojos se adaptaron a la luz del día que entraba por mi ventana me incorpore de forma perezosa hasta levantarme e ir al pequeño baño para lavarme la cara.

Abrí el grifo para que el agua caliente se vertiera en un pequeño plato hondo que había dejado en el lavabo, el relajante sonido del agua me tranquilizo al grado que no advertí el derrame del agua pues no me había percatado de que se desbordaba fuera del plato.

Rápidamente cerré el grifo y tome un poco de papel sanitario para limpiar el borde del lavabo y abrí la puerta para que el calor se escapara del pequeño baño y entrase un poco de aire fresco del pasillo de nuestra casa

-Maldición el vapor empaño el espejo

Tome un poco mas de papel sanitario, lo enrolle en mi mano y con leves movimientos circulares de izquierda a derecha, removí el vapor del mediano espejo rectangular que se alzaban sobre el lavabo.

Conforme la claridad del cristal era recuperada note que mis ojos no tenían el mismo color amarillo de siempre y mi cabello plateado se había tornado tan oscuro como los granos de café, sin embargo, cuando parpadee, mi aspecto seguía siendo el mismo de siempre.

-Oye no eres la única que necesita usar el baño-llamo una voz desde el umbral de la habitación

-Oh…disculpa…es todo tuyo-dije mientras me retiraba hacia la puerta

-Tu amigo Rosiel te busca, dijo que es importante

-Enseguida voy

-Está esperando en la sala

Me retire rápidamente a mi habitación y busque unos shorts de mezclilla y una camiseta verde y mis sandalias abiertas de color blanco, di un vistazo veloz a mi espejo compacto e intente cepillar mi cabello con la palma de la mano en un intento de que se viera “decente”, pero al recordar que se trataba de Rosiel, inmediatamente deje el espejo sobre la cama y me dirigí directo a la sala de estar, donde un desalineado y lloroso Rosiel me esperaba sentado sobre el pobre intento de sofá que teníamos en aquella habitación

-Hola

-Hola-dijo él entre sollozos

-¿Está todo bien?-pregunte mientras me sentaba a su lado

-Creo que eso debería preguntártelo yo a ti-dijo él mientras señalaba mi muslo

Mire mi pierna.

-Sangre…como la última vez…

-¿Qué sucede?

-He soñado raro hoy.

-Te escucho

-Bueno…fue como la otras veces, tu y yo corríamos en aquella nevada y nos perseguían esas criaturas junto con humanos…uno de ellos me ataco con su flecha en mi pierna-dije mirando mi herida

-¿Sabes porque querían atraparnos?

-No lo sé pero lo consiguieron…una columna de luz bajo del cielo y yo fui arrastrada hacia la oscuridad y a ti te apartaron de mi lado

Podía sentir como mi corazón me martilleaba el pecho con tan solo recordar aquellas imágenes...

-¿Recuerdas algo más?-pregunto Rosiel con calma

-Sí. Antes de despertar, me encontraba en la oscuridad, maldiciendo a esos sujetos y dije…

-¿Qué dijiste?

-“Ninguna cárcel será suficiente para frenar mi ira”-dije mientras miraba mi reflejo delante de uno de los pequeños espejos que estaban dispersos por la habitación.

Solo que quien se reflejaba no era yo…si no ella…quien me sonreía de manera maliciosa a través del espejo…esa no era yo…sino…Adalid.

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