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Capitulo 2: Recuerdo

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Era una tarde lluviosa en el municipio de Salamanca Gto.
A pesar de las calles inundadas muchos salmantinos intentaban cubrirse de la lluvia en sus autos, con sus sombrillas y en algunos locales.
Sin embargo para los salmantinos que tenían que caminar entre las corrientes de agua que cubrían las calles era una batalla para sus piernas y sus ojos -sin mencionar el frío-
Aquella tarde cuando llegue a la ciudad todo lo que deseaba era llegar pronto a casa pero al ver la inundación supe que esa sería una larga tarde.
Pero por suerte yo no era el único que pensaba lo mismo.
El tráfico se había vuelto tan lento por la lluvia que el conductor del taxi y yo nos pusimos a conversar para pasar el rato.
Siéndoles franco, la conversación con aquel hombre fue la charla más larga que había tenido con alguien desde mi partida.
Recuerdo claramente que me miro con sus ojos cafés a través del espejo retrovisor intentando leer mi expresión facial, sin embargo al percatarse de que yo también lo miraba, aparto la vista del espejo.
-Parece que la lluvia va a durar un buen rato.-Dijo el taxista observando su parabrisas
-No había llovido tanto desde la última vez que vine-dije de modo taciturno
-¿Que no es de aquí usted joven?-Pregunto dudoso
-Si soy de aquí pero hace mucho que me mude.
Como es costumbre en esa ciudad siempre que saben que te has ido por mucho tiempo nunca disimulan al preguntarte el porqué de ello.
Pero de no ser por esa curiosidad tan persistente que poseen los seres humanos, supongo que me habría quedado atrapado en aquel incomodo silencio al estar atorado en el tráfico durante más de una hora.
-¿Y hace mucho frío allá donde usted anda estudiando?-pregunto el taxista con su extraño acento.
-Pues...antes de venir si aunque de seguro anda cayendo aguanieve en la ciudad.
El hombre asintió como respuesta mientras miraba fugazmente mi rostro a través del espejo retrovisor.
-¿Oiga, acá les ha caído aguanieve?-Pregunte fingiendo curiosidad
El conductor me miro nuevamente a través del retrovisor y alzo la vista hacia el desgastado techo del auto en un intento de recordar, al cabo de unos segundos volvió a posar sus ojos en el espejo mientras sonreía abiertamente.
-No pos el año pasado como por diciembre si se soltó gacho el aguanieve, estuvimos como a 3 grados.- respondió luego de toser con fuerza.
-No pos si estaba muy frío entonces.- respondí con una sonrisa.
-Con decirle que hasta traía doble gorra y calcetín doble na más pa que se dé una idea del frío que hacía.-dijo el hombre con tono animado.
Nuestra charla acerca del clima duro aproximadamente una media hora hasta que el tráfico comenzó a retomar el ritmo y la lluvia cesaba.
Después de que pudimos avanzar hasta el centro de la ciudad el ritmo del tráfico se torno de nuevo lento, pero eso no me importo ya que mientras avanzábamos por las calles de aquel poblado yo iba contemplando los edificios y los bulevares que ahora tenían un aspecto deprimente por la lluvia y el cielo grisáceo.
Ver tal escenario me hizo recordar ese día...
-¿Ese día?-pregunto de pronto el taxista
Sobresalte de mi asiento saliendo de aquel trance que me provoco la nostalgia de ese recuerdo.
Mire al conductor y estuve por preguntarle si había dicho algo pero aquella pregunta se volvió un nudo en mi garganta y me abstuve de hacerle más charla de la que le había hecho desde que había salido de la central de autobuses.
Pero en un intento de relajar aquella tensión que se había generado de manera involuntaria el hombre volteo su rostro hacia mi mientras estábamos detenidos ante un semáforo en rojo.
-¿Y porque ha regresado para acá joven?-pregunto mientras me miraba
-Tuve que salirme de la escuela por un asunto familiar-admití
-¿O sea que se va a regresar para estar estudiando aquí?
Mi voz detono seriedad -y eso era, seriedad-, volví la mirada hacia la ventana contemplando con poco interés como los rayos lejanos se torcían como ramas luminosas en los nubarrones oscuros que anuncian más lluvia.
Tras aquel pesado silencio el taxista volvió su mirada a la calle pues el foco superior del semáforo había pasado de un color rojo a verde brillante, movió la palanca de velocidades y piso levemente el acelerador para continuar avanzando antes de que los conductores conglomerados detrás de nosotros comenzaran a pitar sus claxon en un burdo intento de superioridad.
-Perdóneme joven creo que he preguntado algo que no debía.-se disculpo el taxista
-Descuide. Aunque fuese un secuestrador no creo que tuviese intención de llevarme hasta un funeral-dije en un intento de relajar las cosas
-¿quién se le murió?-Pregunto un tanto desconcertado mientras me miraba por enésima vez por el espejo retrovisor
-Alguien a quien consideraba mi familia-admití con tristeza.
Hubo un leve silencio.
-No se me agüite joven ya ve, dicen que si nos ponemos tristes por un muerto o él se pone igual porque no se está en paz al vernos así- respondió el taxista a modo de consuelo
-Pos si pero ya ve. Siempre se sufre cuando se nos van aquellos a quienes queremos de verdad y la impotencia de no poder estar a su lado cuando es su última voluntad-dije con tristeza.
-Pos si eso sí. ¿Sabe? Alguna vez escuche a uno de mis tíos que cuando no podemos estar físicamente ante alguien que está a punto de partir, nuestra esencia yace con ellos mientras rememoran sus viejos tiempos.
-Es muy cierto.-admití un poco más animado.
“¿Pero qué tal si esos últimos recuerdos que tiene aquella persona de usted son malos en lugar de buenos?”- pensé
Seguimos avanzando por las calles a paso lento hasta que el tráfico finalmente volvió a su ritmo habitual.
Justo cuando llegamos a la zona noroeste de la ciudad la lluvia que momentos antes había estado desatada con toda la presión que le era posible, ahora solo era una simple chispeada que apenas si era perceptible desde el parabrisas del taxi, sin embargo el frío comenzaba a hacerse más sensible en el ambiente.
El conductor había puesto la calefacción de su auto pero no era suficiente ya que cuando me hablo para preguntarme en que casa detenerse podía ver el vaho de su aliento al hablar así como su respiración.
-La de color crema con la reja blanca-dije mientras señalaba dicha casa.
El hombre se orillo en la acera frente a la destartalada reja de pintura desconchada donde yacía un enorme moño negro amarrado con cinta adhesiva.
-Bueno, hora de ser fuerte por la familia-dije mientras dejaba escapar un suspiro y tomaba mi mochila.
-Joven, usted no se guarde nada. Deje correr las lagrimas que su muerto se merece al cabo no tiene nada de malo-dijo el conductor de modo tranquilo.
-No es eso Don. Habrá muchos que le lloren al difunto a su manera pero no llorar para es una señal de respeto hacia él o ella y un símbolo de fortaleza para aquellos que se quiebran ante su pérdida-respondí mientras metía la mano en el bolsillo trasero de mis tejanos buscando el dinero
El taxista me miro sorprendido.
-Parece que le han educado bien en estas cosas joven. ¿Cuántos años tiene? Bueno si puedo saber-pregunto el conductor.
-Cumpliré veinte dentro de unos meses.-respondí
El conductor se sorprendió que alguien tan joven como yo le hablase sobre lecciones o cosas que podía tener la vida pues me pregunto mi edad.
Por alguna extraña razón me sentí orgulloso y decepcionado pero no podía cambiarlo ya que así eran las cosas.
-¿Cuánto le debo Don?-pregunte mientras contaba las escazas monedas que había logrado sacar del bolsillo.
-Son 35 pesos joven.-Dijo mientras intentaba controlar el castañeo de sus dientes.
Conté las monedas de modo rápido pero al percatarme de que me faltaban diez pesos más tuve que meter nuevamente la mano a mi bolsillo, por fortuna logre tomar una moneda grande que completaba lo requerido.
-Mire aquí tiene.-dije extendiendo mi mano con el dinero.
Cuando tuvo el dinero en su mano, mire el movimiento forzado de sus dedos por el frío para tomar las monedas y al cabo de unos segundos se giro hacia mí para que tomase su mano en señal de despedida a lo cual accedí, su mano estaba considerablemente fría pero no me sorprendió.
-Muchas gracias Don- dije mientras tomaba mi mochila con una mano y abrí la puerta con la otra para apearme del taxi.
En cuanto cerré la puerta de este el taxi se movió de la orilla de la acera hacia calle encendiendo sus faros traseros para evitar que algún tonto que manejase por ahí chocara contra él.
Al subirme a la banqueta contemple como las luces rojas como el rubí se desvanecían en aquella cortina de relucientes gotas frías.
Frente a mi yacía la casa que hacia bastantes años me había jurado jamás volvería a pisar pero, dadas las circunstancias no tuve más opción que presentarme de nuevo en aquel lugar.
Me acerque a la reja blanca y golpee una de las delgaduchas barras metálicas con una de las monedas que me había encontrado de sobra en el bolsillo.
Lo primero que escuche fueron unos ladridos de perro seguido de los gritos molestos de una mujer para hacerle callar al pobre animal y después una puerta cubierta de tela para mosquitos se abrió al otro lado de aquella reja.
Mientras una pequeña figura luchaba por calzarse sus botas para lluvia y buscaba las llaves de la reja contemple el moño negro que difícilmente se movía con la leve brisa de viento y la llovizna.
Continúe mirando el moño perdiéndome en un mar de pensamientos recordando la canción que solía escuchar junto a ellos después de haber tenido un día realmente emocionante pero cuando las gotas que escurrían del moño caían sobre mis heladas mejillas las olas feroces de la realidad me hacían recordar que ya no podríamos cantar más.
Cuando escuche la llave entrar a la herradura mis pensamientos fueron sacudidos y en un segundo volví de nuevo a la realidad.
Detrás de aquella reja blanca y desconchada se encontraba una joven de 14 años protegida por unas mayas morado satinado que difícilmente hacían juego con su playera de manga larga rayada portando sus botas color amarillo pollito haciendo resaltar mas su piel clara.
Por un segundo pensé que se había salido sin el paraguas pero al percatarme de que ninguna gota tocaba su corto y oscuro cabello me di cuenta de que llevaba uno de esos paraguas transparentes que podrían causar un inminente accidente si se dejaban en el lugar equivocado de la casa.
Ella me miro de forma somnolienta y depresiva de arriba a abajo intentando identificarme.
-Hola. ¿Se encuentra la señora de la casa?-Dije con incomodidad.
-¿Quién eres tú?-pregunto la chica mientras me analizaba con sus ojos cafés de forma desconfianza
Sabía que no me recordaba…Cuando partí de casa ella apenas tendría 2 años.
-Soy tu primer "silver"-dije mientras intentaba dibujar una sonrisa.
Ella arqueo una ceja.
Suspire.
-Silver, el que sale cargándote en brazos en la foto de cuando naciste.
Tras un momento de silencio la chica me miro nuevamente y de forma forzada intento sonreír.
-Eres más feo de lo que recuerdo.
-Yo también te extrañe.-dije con sarcasmo.
Después de la "pequeña" presentación, la chica abrió mas la puerta para que pudiese entrar, tomo mi mochila y alzo lo más que pudo el paraguas para ver si podía protegerme de la llovizna pero ya que la rebasaba por casi 10 cm de estatura, tome el paraguas para protegernos a ambos mientras ella cerraba la puerta.
-¿Cuantos han llegado aquí?-pregunte mientras la miraba cerrar la puerta.
-Hasta ahora solo mi mamá, yo, Eduardo y tu.-contesto de forma tajante.
No tengo idea de que tantos pensamientos le habrán llenado la cabeza desde que partí, pero en el pequeño tramo que nos tomo ir desde la reja blanca hasta la casa me di cuenta de que aquella jovencita que solía llamar “prima” estaba muy seria, no solo por su tristeza.
Y tenía razón.
Al entrar pude sentir el golpe de calor del calentador que se encontraba a mitad de la sala, combinado con el desagradable aroma de gente transpirando y también el olor a perro mojado -no se preocupen no me refiero a mí-
De las pocas personas de negro que se encontraban en la sala sentadas en los sillones tristemente forrados de color azul marino, me percate que únicamente los niños más pequeños me miraban de forma curiosa mientras que las únicas dos adultas me contemplaban con ojos llenos de desdén y furia.
Era como si se pusieran un letrero en grande que decía "Como puedes ser tan hipócrita para presentarte aquí" o "Tú no tienes nada que hacer aquí"
Puede que en lo más profundo de mí ser, estuviera de acuerdo con ellas de que no tenía ningún derecho de estar ahí después de lo que había pasado y más por mi impotencia por haber sido orgulloso y no haberles ayudado...por no haberle ayudado a ella cuando me pidió ir a su lado.
Las dos mujeres adultas que estaban sentadas en el sofá principal de la sala, eran aquellas a quienes llamaba "tías"
La tía Roxana y la tía Natalia.
Déjenme hablarle un poco de ambas mujeres; la mujer de cabello largo y azabache con facciones conseguidas solo por medio de operaciones estéticas es la tía Roxana, oh pero que no los engañe su apariencia de bruja tierna y aterradora salida de un cuento para niños, ella alguna vez fue amable con nosotros pues cuando mi hermana y yo huíamos de niños de la tía Natalia –alguien no muy tierna he de añadir- por tirar el jabón y destrozar el papel del baño y hacer garabatos en las paredes de aquella casa, Roxana siempre nos daba el tiempo suficiente para saltar la barda que separaba la propiedad de Natalia con la de nuestro vecino el viejo Max pero con el pasar de los años ambas hermanas se volvieron lo opuesto de sí mismas; Roxana se convirtió en una amargada dictadora que no daba cuartel a ningún niño que interrumpiese su trabajo de cocina mientras que Natalia se había transformado en alguien más dulce y comprensiva
Al doblar el paraguas transparente y dejarlo junto a la entrada mi prima se saco los zapatos amarillos con total despreocupación y cerró la puerta tras nosotros llamando la atención de las dos mujeres que yacían en el sofá principal de aquella sala.
Durante un segundo contemple a la vieja pero bella mujer de cabellera larga y azabache portando un vestido negro anticuado que vigilaba a los dos pequeños de modo taciturno a la señora alta y delgada con su traje negro hecho a medida sosteniendo un vaso de plástico con café humeante en ambas manos.
Al contemplar a aquellas mujeres que rondaban los cincuenta años una vaga sensación de alegría me inundo al recordar varias cosas agradables y divertidas que había vivido al lado de mi hermana mientras crecíamos al lado de ellas como nuestras madres sustitutas, pero aquellas imágenes escarlatas se desvanecieron cuando ambas posaron sus ojos llenos de asombro y enfado sobre mi persona.
-¿Donde será el funeral?-Pregunte mientras dejaba mi mochila en el suelo
-Sera aquí mismo.-Dijo Roxana con indiferencia
-Has algo útil y mueve los sofás antes de que lleguen los de la funeraria.-convino Natalia con desdén.
Ambas se habían transformado en verdaderos Kolvots -Demonios- que deseaban matarme en cuanto tuviese oportunidad.
Pero no las culpaba.
-¿Dónde puedo dejar mi “maleta”?-pregunte mientras señalaba la mochila
Rosa levanto su arrugada mano y señalo la puerta al final del pasillo.
Sin decir nada levante de nuevo mi mochila y fui hacia mi vieja habitación, pasando de largo a las dos mujeres mayores.
Por un segundo pude captar un destello en su opaca mirada y algo parecido a una sonrisa -que se formo entre aquel mar de arrugas que en mejores días había sido una piel hermosa y colorida- cuando pase a su lado.
Por dentro me figure una sonrisa al saber que al menos había alguien en esa casa que se alegraba de verme aun con el terrible suceso.
Sin embargo aquella sonrisa no duro cuando entre al que alguna vez fue mi cuarto.
La habitación estaba tal como la había dejado; la cama de arriba de mi vieja litera estaba polvorienta dejando de un tono opaco la sabana de color naranja que alguna vez fue de un tono brillante y satinado que alguna vez hicieron juego con la pared blanca con machones de polvo y las cortinas rojas que ahora por la misma tierra y polvo que se habían acumulado en años se habían vuelto de un color rojo intenso -como cuando te sirves té de frambuesa y se ve mucho el polvo del azúcar aun en la superficie-, los pequeños anaqueles donde solíamos colocar nuestros juguetes y libros ahora apenas si se veían a plena vista bajo una ligera blanquecina de polvo.
Mirar la cama inferior fue como recibir un gran golpe en el corazón.
Entre el polvo y las sabanas se encontraba ese libro, cubierto de suciedad y tierra que habían dejado los años.
Observar su apenas visible portada de pasta dura me hizo recordar el último día en que la vi.
Pude sentir como aquel recuerdo se volvía a materializar en el presente. Algo así como un sueño que juramos es la realidad del momento pero que no podemos cambiar sino solo observar.
El último día en que había abierto ese libro fue cuando descubrimos lo que éramos capaces de hacer sin ser entrenados por nuestras tías o alguno de sus ex-esposos, yo en aquel entonces ya era un adolescente a punto de entrar a la juventud mientras que ella apenas salía de su pubertad.
Una tarde tranquila de otoño estábamos en nuestra litera en silencio, esperando poder escuchar a la tía Natalia hablarle a Roxana sobre el sueño que habíamos tenido la noche anterior -que apenas podía recordar-
El silencio se había vuelto muy pesado ese día debido al "pequeño" incidente que había sucedido en la preparatoria.
Después de habernos citado con el director, de recibir incontables regaños y amenazas de nuestra tía nos quedamos en nuestra habitación castigados y recluidos por lo que había sucedido.
Luego de casi cuatro horas de silencio y aburrimiento entablamos charla.
-Estoy aburrida Silver. ¿Cuándo podremos ir a cazar demonios con el nuevo esposo de la tía Natalia?
-Recuerda lo que tía Roxana nos dijo. No podemos cazar hasta que no nos preparen
-No es nada divertido estar aquí- dijo ella con tristeza
-Roxana dice que siempre es peor ser adulto, deberías aprovechar que aun eres joven.-le dije con una sonrisa
-¿Tú en que puesto estas?-pregunto
-¿De qué hablas?
-Ya no eres niño pero tampoco eres adulto ¿entonces en que puesto estas?
Me quede contemplando el blanco techo por un instante y luego me asome para ver hacia la litera de abajo.
-Supongo que estoy en medio. Pero también es aburrido
-¿Porque es aburrido?
Sonreí y después baje de la litera hasta estar sentado junto a ella.
-Cuando cumplas mi edad sabrás a que me refiero
-Suenas como la tía Natalia cuando nos regaña por ver su libro de pociones.-Dijo ella con una sonrisa mientras me envolvía con sus pequeños brazos.
Tal como era la costumbre, después de casi seis horas de castigo se nos llamo a cenar con el resto de la familia para charlar acerca de lo que había sucedido durante nuestro día.
Pero como las personas de viejas costumbres, Roxana y Natalia se abstuvieron de mencionar al hombre fornido que cenaba a la cabeza de nuestra improvisada mesa porque habíamos sido castigados, por desgracia el “secreto” no duro mucho.
-Y ¿qué tal les ha ido en el día? –pregunto el hombre fornido con ropajes deportivos mientras daba grandes mordidas a su puré de papas.
-Todo ha estado tranquilo como de costumbre ¿y a usted "tío"?-pregunto ella con timidez.
-Nada que reportar “comandante”-respondió él mientras le guiñaba el ojo
-Hoy me suspendieron de la escuela-dije de pronto.
-¿Suspensión? ¿Por qué?
-No es nada fui a hablar con el director y todo ha sido un mal entendido-Expreso mi tía Natalia con una sonrisa forzada hacia nuestro "Tío" y mirándonos fieramente de reojo.
Si te preguntas sobre este hombre, descuida no era nuestro padre pero tampoco era nuestro tío meramente pues era realmente el segundo esposo de Natalia, un ex miembro de la orden de Los Caballeros de Seis Elementos conocido vulgarmente en el Mundo Espiritual con el nombre de Ojo Blanco pero entre los humanos era James Ramírez, un buen hombre no muy adicto al trabajo pero si a mantenerse en forma ante cualquier batalla que le esperara a los de la orden de los Caballeros de Seis Elementos o para seducir a alguna mujer cuando la tía Natalia no lo miraba.
Ahora que te he hablado de él volvamos al recuerdo
Algo que siempre supe desde que James había llegado era que sería nuestro probable guía en el "negocio familiar" pero él tenía una regla muy estricta.
"Si serás un cazador, debes vivir como uno"
Y aquella tarde cuando se me ocurrió abrir la boca de más sobre lo sucedido en la escuela supe que había roto otra de las reglas de Cazador de James
“Si no deseas que te atrapen debes ser veloz”
Aunque en mi caso solo se me daba ser veloz para decir aquello que no debía y ganarme castigo durante varios días.
-¡¿Qué hiciste qué?¡-exclamo James golpeando los puños en la mesa
-Pe-perdón tío no lo hice con esa intención.
-Es cierto ellos comenzaron a molestar y solo se defendió.-dijo Natalia en un intento por defenderme
Hubo un incomodo silencio por breves momentos hasta que James se levanto bruscamente de la mesa, dejando al descubierto su enorme corpulencia sometida por la pobre ropa de ejercicios manchada de sudor y suciedad.
Se acerco hasta nosotros y nos miro fijamente con sus ojos marrones que dejaban ver la fiereza de su amargura.
Rosa y Natalia se mantuvieron quietas en sus asientos mirando perdidamente sus platos, esperando que James no dijera sus nombres o que por lo menos no las voltease a ver.
-¿Defenderse de qué?-Pregunto con voz grave
Sentí un nudo en la garganta.
-Me defendí de los muchachos que me molestaron.
Se produjo otro incomodo silencio hasta que James torció el gesto en una extraña sonrisa.
-Si desean defenderse de verdad me lo demostraran.
-¿Cómo?
-En un cacería de demonios conmigo y el tío B -dijo él aun sonriente mientras nos miraba a mi hermana y a mi respectivamente.
Sé que a Rosa no le agrado mucho la propuesta de su nuevo esposo pero en verdad deseábamos aprender a pelear y llevar el negocio familiar al resto del mundo pues sabíamos que los demonios siempre buscaban nuevas formas de torturar a la humanidad, cuando me imagen en mi primera cacería me entusiasme y sin darme cuenta llevaba a mi hermana de la mano listos para salir a la aventura pero la tía Natalia nos recordó antes de salir de casa que no éramos como el resto de los humanos -algo realmente duro de enfrentar para alguien de nuestra edad-
Cuando el sol comenzó a darle paso a la noche y el tío B paso por nosotros en su camioneta y sin decir una palabra nos dirigimos al río de la ciudad.
Totalmente distinto a lo que recuerdo de James, tío B era de una apariencia relativamente ridícula pues su físico era como el de un muchacho que había pasado días sin probar bocado alguno de comida, eso y combinando su ropa hacia creer que se trataba de unos palitos de madera intentando traer ropa puesta e inútilmente intentaba caminar con zapatos, su cabeza era una maraña debido a su cabello notablemente largo y con algunas cuantas canas y sus ojos eran de un peculiar tono café rojizo -muy diferentes a los de su hermano-
Sin embargo pese a su apariencia física sabia que el tío B era temido por su fuerza y agilidad, yo en un principio pensaba que solo eran habladurías de parte de mis tías -eso y que su aspecto mostraba que era imposible que tuviese una gran fuerza- pero cuando fuimos al río mi perspectiva cambio totalmente.
Cuando el sol dio total paso al manto nocturno nosotros ya nos encontrábamos a la orilla del río bajo los puentes esperando a otros cazadores.
-¿Por qué tenemos que esperarlos? ¿No podemos buscar al demonio nosotros solos?-pregunte mientras me colocaba a la orilla del río
-No hijo tenemos que esperar al grupo- respondió el tío B contemplando los alrededores
-¿Pero porque? si tu y nuestro tío son muy fuertes podrían vencerlo muy fácil-respondió mi hermana
Tío B sonrío.
-Porque este demonio que buscamos es muy rápido y necesitamos suficientes personas para poder interceptarlo sin provocar disturbio arriba- convino James contemplando el puente que yacía sobre nuestras cabezas.
Al cabo de un rato se presentaron cuatro personas más, tres mujeres y un hombre -que vagamente recuerdo- vestidos con pantalón de mezclilla y chamarras de un tono oscuro -casi negro-
Cuando nos vieron solo le preguntaron a Tío B si era nuestra primera cacería y él únicamente asintió.
Uno de ellos se me acerco y me entrego una cajita de cerillos con un animal dentro que revoloteaba constantemente intentando salir de su prisión.
-¿Qué es esto?-pregunte con incredulidad
-Cuando notes algo fuera de lo normal agita la caja y no retrocedas.-dijo una de las mujeres
Antes de que pudiese decir nada se marcho con el resto de los adultos.
Al cabo de unos minutos de susurros entre ellos George se nos acerco y nos dijo que nos colocáramos en nuestros puestos para comenzar a trabajar.
Cuando me llevo cerca de un enorme tronco hueco comencé a sentirme nervioso dejando que la pregunta que intente mantener en mi mente escapara de mis labios.
-¿qué pasa si lo hago mal?
-No te preocupes hijo lo harás bien solo haz lo que Jean te dijo y todo estará bien.-dijo Tío B con tranquilidad
-¿Pero y ella?-pregunte mientras la observaba caminar con una mujer de cabello rubio hacia nosotros
-Ella estará conmigo no dejare que le pase nada-prometió tío B
Sin decir nada más B se retiro a su escondite y esperamos pacientemente en la negrura de la noche hasta que un olor realmente pestilente -más que el del río en sí- se hizo presente.
Jean hizo una seña con un pequeño cristal que reflejo la luz del farol de la calle de arriba dándonos a entender que era momento de actuar.
El nerviosismo se estaba apoderando de mí pero logre mantener el control hasta que escuche un gruñido a mi lado.
Lo último que escuche fue a ella gritar...
-¡LATNE!-chillo
Todo había sucedido demasiado rápido; no nos percatamos de que aquella criatura había usado la oscuridad de la noche para ocultarse resultando en una emboscada.
No sé cómo o porque pero cuando ella grito mi nombre todo lo que pude ver fue un tentáculo que golpeo fuertemente a la silueta grúñente y a tío B taclearme para evitar que también fuese capturado.
Cuando me levante aturdido del suelo aquella silueta finalmente fue descubierta ante la luz de una bengala que portaba James.
El aspecto físico de la criatura era realmente escalofriante; estaba realmente sacudido de carnes, sus ojos parecían las cuencas de un cráneo humano del cual emergía una misteriosa niebla color gris, sin embargo el resto de su esqueleto parecía el de un lagarto pero con cabeza de un hombre calvo.
-¿Te encuentras bien Latne?.-pregunto tío B al momento de levantarnos del suelo
-Estoy bien. Pero ¿qué es eso?
-No que "es" más bien "quien". -Expreso una de las personas de negro
Antes de que pudiera decir nada James y las otras dos personas de negro usaron la bengala y juntaron madera para crear una fogata.
Por mi parte yo me acerque a tío B ambos caminamos hasta un tronco hueco donde mi hermana se había escondido momentos antes con James antes de ser emboscados, ella yacía tirada cerca de su escondite y pensando lo peor la tome en mis brazos para saber cómo se encontraba.
-Estoy bien. Solo me empujo contra el tronco-dijo ella mientras se incorporaba y se apartaba de mí.
-Dejemos que los muchachos enciendan la fogata para poder terminar con esto-expreso tío B de forma serena
-¿Que pasara con...esa criatura?-pregunte
Tío B alzo la mirada y me analizo detenidamente buscando la razón de mi pregunta evidentemente patética sin embargo sus ojos detonaron cierta tranquilidad al igual que preocupación.
-¿Te preocupa que Latne y yo no estemos hechos para la labor tío?-pregunto mi hermana con tristeza.
Tío B sonrió
-Oh querida, se que ustedes están hechos para este trabajo
-¿Entonces qué es lo que le preocupa?
Hubo un momento de silencio que fue interrumpido por los gritos de dolor que hacia aquella criatura mientras James y los otros le arrojaban sal a su cara.
Sus aullidos de dolor provocaron que un escalofrió recorriera mi espalda cuando George me hizo acercarme al demonio con la caja en mano.
Había visto muchas criaturas y animales siendo capturados de forma cruel y en ocasiones desalmada pero nunca olvidare algo como aquello que vi esa noche.
Mientras el látigo -que parecía más un tentáculo por su forma irregular- sujetaba al demonio, James y el resto de sus compañeros estaban parados alrededor susurrando palabras en un idioma que no podía identificar.
Viendo a la criatura de cerca era mucho más aterradora pues parecía un cuerpo que llevaba bastante tiempo en descomposición -y ni se diga de su olor- por breves segundos me vi tentado a dar un paso hacia atrás para alejarme de él sin embargo una delgada pero macabra voz resonó en mi cabeza.
-Es evidente que se están quedando sin fuerzas para combatirnos.-bufo la criatura
-¿¡Quién eres?!-pregunte con falsa valentía.
Mire directamente a los ojos del demonio y me percate de que la voz que escuchaba provenía de él sin embargo no movía sus labios para comunicarse.
-Telepatía...
-¡Vaya eres realmente muy listo pequeño niño! parece que si les enseñan después de todo.
No tenía idea si estaba hablando para si mismo o si estaba intentando provocar al resto del grupo sin embargo antes de que pudiese pensar o decir nada, una cálida voz corto las palabras de aquel engendro.
-Pues tú eres quien no sabe nada.
Antes de que pudiese reaccionar me percate de que ya no nos encontrábamos en el lecho del rio frente a la fogata, ahora estábamos cubiertos por la oscuridad, sin embargo ninguno de los dos podíamos movernos -o al menos yo no podía-
-Vaya vaya, así que el pequeño monje no vino solo.-dijo la criatura entre risas.
-Siempre tan ignorante mí querido amigo.-respondió aquella voz
-Ha, el ignorante eres tu pedazo de imbécil. ¿Tan corto estas de "personal" que mandas a un niño a enfrentar a alguien como yo? ¡Qué desesperado estas!
Se produjo un pesado silencio.
No tenía ni idea de donde provenía aquella voz que desafiaba y amenazaba al demonio, pero extrañamente me sentía reconfortado al saber que no lo estaba enfrentando solo.
Pero había algo que no estaba cuadrando en ese momento.
-Latne demuéstrame que eres capaz de vencer a algo tan patético como este demonio.-Dijo la voz con aire jovial.
Antes de que pudiera decir nada, la voz agrego.
-Si no matas al demonio entonces morirás en el mundo humano.
Un escalofrío recorrió mi espalda.
¿Como podría vencerlo? nunca había luchado con algo más grande que un adolescente de dieciséis años -y eso solo por defenderme en la escuela-, entonces ¿como haría para sobrevivir una pelea con algo no humano?
-Hm depositas mucha confianza en el muchacho pero bueno, si será un combate a muerte...me divertiré.-expreso el demonio con sonrisa maliciosa.
Al ver que no había más respuesta de la misteriosa voz, el demonio corrió hacia mí a toda velocidad y me propino un golpe certero a la barbilla causando que cayera de espaldas.
-¡levántate perra!-grito
Sentí como la boca me sangraba y, aturdido me levante escupiendo un pequeño gargajo con pequeñas manchas de sangre
-¡En guardia maldito!-grite mientras me ponía en posición defensiva de boxeo.
El ser demoniaco sonrío y nuevamente corrió hacia mí propinándome una bola de puñetazos.
No tenía idea de cómo iba a pelear pero lo menos que podía hacer era intentar esquivar los golpes y para mi buena suerte logre esquivar los primeros puñetazos que me dio -gracias a dios por las clases de boxeo-
Sorprendentemente mientras esquiva los golpes -tal como me habían enseñado las clases de boxeo y algunos videojuegos de pelea- logre propinarle un puñetazo en la cara seguida de una patada en el estomago, sin embargo en esa fracción de segundo la criatura logro sujetarme el pie con una de sus huesudas manos y me lanzo lo más lejos que pudo.
Recuerdo haber caído sobre mi hombro derecho y sentía una quemazón horrible en el pie -como cuando te echan alcohol en una herida recién hecha- por consiguiente dicho ardor impidió que me levantara rápido y eso provoco que mi enemigo tuviese la ventaja de lanzarse sobre mí como un animal rabioso.
Y, al igual que un niño pequeño me puse en posición fetal protegiéndome la cara con los brazos e intentado cubrir mi estomago con mis rodillas pero esa "táctica" no me sirvió de mucho ya que las incontables mordidas, arañazos, maldiciones, patadas y puñetazos eran el doble de fuertes que las de un adulto humano así que lo único que había conseguido era "amortiguar" momentáneamente los golpes de mi enemigo.
Mientras oía a mis huesos astillarse -y algunos romperse-, sentía una oleada de dolor acompañada del sabor de mi sangre, el único pensamiento presente en mi cabeza era que algo provocase que mi oponente se detuviera y salir huyendo de ahí.
Dios...estaba en un estado total de cobardía.
En todas las peleas que había tenido a lo largo de mis años en secundaria y parte de la preparatoria, me había enfrentado a muchos muchachos que portaban armas blancas o de fuego en las peleas como su último recurso para ganar y jamás me había acobardado ni huido ante esa desventaja.
¿Entonces qué hacia esta pelea diferente de las demás?
Era más que evidente; mi oponente tenía más fuerza física y velocidad de la que su apariencia dejaba ver y también su modo de pelear era muy estúpido ya que no buscaba los puntos más vulnerables para inmovilizarme.
Sin embargo pese a su estúpido modo, sabía que le estaba dando cierta ventaja ya que si no cesaba esos golpes podría acabar muerto antes de poder darle otro puñetazo o siquiera una patada.
Una patada...
Los puñetazos y mordidas extrañamente bajaron su velocidad y esa fue mi oportunidad para patearlo en la rodilla.
Pese a mis huesos rotos y las incontables mordidas y arañazos, lo único que podía pensar era escapar y volver al plano de los humanos y, no estoy del todo seguro si habrá sido mi determinación de sobrevivir o mi mera estupidez pero cuando sentí que me quitaba a mi enemigo de encima pude percibir mucha frescura desde el interior de mi cuerpo que curiosamente era suave, poseía un curioso aroma a lavanda con manzanilla.
-¿pero qué diantres...?
Antes de que pudiese darme cuenta de lo que estaba pasando, nuevamente el demonio se lanzo sobre mí como si fuese un gato enfurecido que protege su territorio.
Repentinamente su ataque fue interrumpido por una especie de barrera invisible que lo dejo levitando en el aire durante unos segundos causando que la fuerza con la que se había lanzado lo arrojase con el doble de intensidad.
-Vaya no resultaste tan inútil.-dijo mientras se limpiaba su sangre de su labio superior con una de sus huesudas manos.
Nuevamente me coloque en guardia.
-Tus golpes apenas me hacen cosquillas "huesitos".-dije con tono engreído.
El demonio intento golpearme una vez más pero aquel escudo evito nuevamente que lograse hacerme daño alguno.
En su desesperación quiso atacarme como un animal pero no lo consiguió.
Confundido ante la situación no sabía si debía acercarme o retroceder, sin embargo un fugaz recuerdo ilumino mi mente.
-Si notas algo fuera de normal agita la caja y no retrocedas.
¡Eso es! ¡La caja!
Busque rápidamente en mis bolsillos y encontré la pequeña caja que se me había entregado momentos antes.
Al ver que estaba distraído, el demonio se acerco a toda velocidad y me dio un fuerte rodillazo en el estomago seguido de un codazo en la columna.
Al confiarse de que me encontraba en el suelo, mi oponente se acerco y me sujeto del cuero cabelludo para levantarme y darme una buena tunda.
-Ahora veras mocoso.-dijo él entre dientes.
-Eso ya lo veremos inepto.-dije esbozando una sonrisa dolorida
Antes de que él pudiese preguntarse nada, comencé a agitar la caja frenéticamente frente a su rostro provocando que su sonrisa de orgullo y confianza fuesen transformadas en una cara de miedo y dolor.
No tenía idea de por qué un sonido parecido al de un cascabel lo había hecho ponerse de esa manera, pero ese no era el momento para hacerme ese tipo de preguntas.
Aproveche el temor de mi enemigo y lo use a mi favor haciendo que se cubriera sus oídos y retrocediera como un niño asustad, mientras él me suplicaba que dejase la caja yo mantuve mi expresión seria sin articular palabra haciéndolo retroceder.
Por un segundo note que aquella oscuridad en la que nos encontrábamos comenzaba a volverse de un tono más claro.
No titubee y enseguida comencé a amenazar al demonio tal como me había enseñado la tía Natalia.
-¡Vuelve al abismo de dónde has salido demonio! ¡Regresa a la oscuridad y quédate ahí!
La criatura intentaba inútilmente demostrar el valor que fingía poseer gritando groserías y maldiciones que el ser humano conocía desde que tenía uso de razón, pero sus gritos fueron en vano.
Conforme mas gritaba y agitaba la caja me percate de que la oscuridad se hacía cada vez mas y mas tenue, al grado que pude ver la tenue luz de la fogata aproximarse a nosotros.
No estoy seguro si habrá sido un impulso de estupidez o el mero hecho de haberme sentido realmente seguro y poderoso, pero sin siquiera pensarlo deje de agitar la caja y continué gritando los pocos hechizos de defensa vocal que me habían enseñado en mi juventud.
Mientras más gritaba, más poderoso me sentía pero aquella sensación no duro pues el demonio se percato que el sonido de la caja había cesado y aprovecho para sacarme el aire dándome un puñetazo en el estomago, mas ese golpe fue saldado cuando logre taclearlo y propinarle una bola de puñetazos en su cara huesuda.
Rodamos en el suelo con dos perros peleando por un mismo hueso, frenéticos con el deseo de matarnos entre sí.
Finalmente nuestras volteretas en el suelo fueron cesadas cuando logre quedar encima de él sujetándole los brazos firmemente, la criatura aun intento mostrar defensa animal, sacudiéndose como un pescado que ha sido sacado del agua y lucha por respirar.
Si su estrategia era intentar hacer que lo soltase, me fue un grato hacerle reconocer su error dándole un fuerte tirón a sus brazos.
El dolor lo hizo aullar y maldecir pero al menos se había detenido y eso mostro mas ventaja para mí.
-Me llevaras de regreso al mundo humano-exigí
-¡Jamás!-gruño
Recuerdo que intente darle un cabezazo para dejarlo inconsciente pero me detuve en seco al escuchar un fuerte zumbido y que el cuerpo de mi oponente quedo más flojo que una calceta.
Al mirarlo me di cuenta de que mis brazos y parte de mi playera estaban cubiertos de sangre oscura y que el aire se había impregnado de un aroma a carne y pelo quemado.
Estaba muerto.
Su cráneo había sido perforado de una forma rápida y certera por una bala de alto calibre, ¿pero quién disparo? y más importante ¿cómo?
Me levante y mire a mi alrededor esperando encontrar a quien había matado al demonio pero por más que observe, todo lo que encontré fue oscuridad que poco a poco fue desvaneciéndose, hasta mostrarme nuevamente la fogata que habíamos hecho a la orilla del río.
Había regresado al plano humano.
Recuerdo haber visto a tío B y al resto de los miembros mirarme con asombro -a excepción de James-
Recuerdo el cadáver del demonio cerca de mis pies; inerte y ensangrentado.
Antes de que pudiese decir nada, tío B y otros dos adultos me apartaron y arrojaron el cadáver al fuego.
James había sacado una pequeña bola de sal que abrió rápidamente y arrojo un puñado de esta al fuego produciendo un leve chasqueo tanto en la madera como en el cadáver.
Ninguno de los adultos musito palabra durante todo ese rato.
Ni siquiera ella.
Mi recuerdo sobre nuestra primera cacería se vio interrumpido cuando la voz de la tía Natalia me perturbo.
-Latne despierta.-dijo ella con tono amable.
-¿qué sucede?-pregunte mientras me despalpitaba
-Llego el féretro. Ayúdanos a despejar la sala como ordeno tu tía-dijo Natalia con tono amable
Al escuchar esas palabras, mi mente se pregunto fugazmente si realmente me encontraría despierto pues la tristeza que comenzó a invadirme me hizo pensar fugazmente si ese funeral era el sueño de cual no podía despertar.
Pero sabía que no se trataba de un sueño...esa era la realidad...la triste realidad.
Debía mostrar control en el funeral así que le hice dije a mi tía que saldría en un segundo.
-Solo no tardes.-respondió volviendo al mismo tono despectivo que había usado cuando llegue a casa
Asentí como respuesta y baje la mirada mientras cerraba la puerta de la habitación nuevamente.
Cuando escuche que mi tía se alejo del cuarto, me acerque a la cama y me derrumbe como si hubiese tenido un tremendo día en el que había trabajado desde el alba hasta el anochecer.
El silencio en el cuarto es más pesado del que recuerdo, el tiempo parecía haberse congelado, al igual que mi corazón.
Las lágrimas comenzaron a brotar de poco en poco y pude sentir como mi cuerpo comenzaba a contraerse hasta que quede en posición fetal.
Tome una de las almohadas que había en la cama y la abrace con todas mis fuerzas dejando escapar un sollozo ahogado.
Pasaron alrededor de quince minutos de sollozos, lagrimas y recuerdos escarlatas hasta que mi cuerpo sintió que ya no podía derramar ni una lagrima ni esbozar otro sollozo debido a la partida de la única persona que había jurado proteger y amar sin importar las circunstancias.
Después de que pude retomar nuevamente el control, me limpie las lágrimas con mi camisa y me mire al espejo que estaba frente a la litera.
Mis ojos estaban tenuemente enrojecidos al igual que mi rostro debido a las contracciones que hacía para evitar que mi llanto se escuchase a todo pulmón.
Me mentalice un momento para controlar mi enrojecimiento y me coloque unos lentes de sol que estaban en uno de los pequeños estantes de la litera.
Abrí la puerta y recorrí el pasillo hasta llegar a la entrada principal donde yacían los tres hombres de la funeraria con el ataúd listo para bajarlo de la carroza.
Mi tía estaba de pie junto a uno de los ayudantes, lanzándome una mirada fulminante indicándome que mantuviese compostura para no causar lastima a los ayudantes.
Sin musitar palabra me acerque a la carroza con los ayudantes y tome el féretro metálico de una de las esquinas mientras uno de los hombres bajaba las ruedas plegables para colocar el ataúd y poderlo mover hacia el interior de la casa.
No estoy seguro si se habrá debido a mi tristeza o al esfuerzo que había hecho por no soltarme a llorar y a golpear todo lo que tuviese a mi alcance, pero cuando tuve el ataúd en mis manos pude sentir como si estuviese cargando el mundo entero y mis manos fueran de cristal y estuvieran a punto de romperse con el resto de mi ser.
Era seguro que ella estaba molesta conmigo por haberla abandonado, o quizás solo se estaba dejando caer en mis débiles brazos esperando encontrar cobijo y seguridad antes de trascender hacia las estrellas.
Fuese lo que haya sido me había dejado con un gran peso sobre mis hombros, así como cuando atlas llevaba al mundo en sus espaldas como castigo eterno, ahora yo debía cargar, quizás para siempre por no haber cumplido con mi promesa.
Ya dentro de la sala mis tías hicieron el espacio debido para colocar el féretro en el centro de la habitación y luego de darles las gracias a los hombres de la funeraria, la tía Natalia comenzó a preparar café en la cocina y mi tía Rosa saco unos cuantos vasos desechables y cucharas para colocarlos a un lado del azúcar y la crema que yacían cerca de las galletas baratas que siempre sirven en los funerales mientras que yo y mi prima acomodamos los sirios y las flores junto al ataúd.
Durante un largo rato no dijimos nada en absoluto, lo único que llenaba aquel incomodo silencio era el momentáneo rugir de la cafetera, el resquebrajo de las bolsas de plástico donde se almacenaban las galletas y ocasionalmente el chisporroteo de los sirios que habíamos prendido.
-Oye silver.
-¿Qué?
-¿Sabes de que se murió?
Por un momento mantuve mi puño cerrado intentando contener mi enojo y frustración a tan insignificante pregunta.
-No sé, mis tías no me dijeron bien como fue- exprese con desdén
Sin embargo antes de que pudiese preguntarme otra cosa, escuche el timbre de la puerta que por breves segundos me sacaron de mi ensimismamiento.
-Debe ser alguno de tus tíos. Ve a abrirles Latne.-Dijo Natalia distraídamente.
-Ya voy.
Me levante de donde estaba y me dirigí a la entrada principal de la casa.
La lluvia ya había cesado sin embargo la noche se había abierto paso desde hace un buen rato.
Volví a escuchar que tocaban el timbre con cada vez más intensidad lo cual provoco que me estresara.
-¡Ya voy, ya voy!
Al abrir la puerta, el estrés y la molestia desaparecieron de golpe al igual que mis palabras.
Había una silueta de mediana estatura en el umbral de la puerta que se movió con rapidez hacia mí y me envolvió con sus delicados brazos.
Pude sentir que su cuerpo temblaba intentando mantenerse en control sin derramar lágrimas.
-Latne...-dijo con voz entre cortada
-Adalid... ¿pero qué...?
Comencé a sentir como sus lágrimas mojaban parte de mi hombro penetrando la tela de segunda mano e hicieron contacto con mi piel, eran casi tan frías como un río en invierno o el hielo en la más deliciosa bebida en un día caluroso.
Era como si su tristeza se hubiese vuelto liquida y ahora me tocaba delicadamente buscando consuelo.
Cuando pude volver a tener la mente en su sitio, aparte a Adalid de mi lado para mirarla a los ojos.
-Me he enterado de lo que le paso.- Dijo ella con voz pastosa
Suspire.
- Intento pensar...que ella no sufrió en sus últimos momentos y ahora está en un mejor lugar.
Adalid se relajo un poco al escuchar esas palabras que con tanta dificultad le exprese, se limpio las lágrimas con la manga de su chamarra negra y esbozando una sonrisa consoladora me puso su mano en el hombro que había empapado.
-Vamos. Hay que hacerle compañía antes de despedirla.-dijo con tono animado
Asentí como respuesta y ambos nos dirigimos adentro.
Ya de regreso en la sala mi prima, Roxana y Natalia le dieron la bienvenida a Adalid y, como es costumbre en los funerales ella le dio sus condolencias y sus respetos merecidos antes de sentarse en uno de los sofás más próximos al ataúd.
Me senté junto a ella con la esperanza de que dijera cualquier cosa que aliviara la tensión en la habitación.
Les sonara extraño pero una de las curiosas cualidades de Adalid que siempre me sorprendió fue que sin importar la circunstancia, de una manera u otra hacia que la tristeza y la frustración se evaporasen para darle paso a las risas y las bromas.
Era algo que siempre admiramos mucho de ella.
Sin embargo cuando estuvimos en la sala, sentados en silencio junto al féretro, Adalid no dijo ni una sola palabra.
Cuando la noche fue más entrada, la mayoría de mis parientes con los que manteníamos contacto se presentaron al funeral.
Poco a poco la habitación con muebles blancos se lleno de negro.
Si me lo preguntan aquel funeral parecía más un pequeño restaurante clandestino donde solo había personas vistiendo ropas negras que solo se centraban a susurrar aquellos recuerdos y rumores que en días mejores habían escuchado entre los habitantes de la ciudad, centrados únicamente en mirar ocasionalmente el ataúd, susurrar y beber café es todo lo que se molestaron en hacer hasta que llego el momento de rezar los salmos de la biblia católica.
Los rezos fueron dirigidos por Natalia mientras Roxana yacía entrando y saliendo repetidamente de la cocina con la cabeza agachada en muestra de respeto.
Era realmente molesto estar escuchándolos rezar, así que Adalid y yo nos salimos al pasillo que conducía a la entrada principal de la casa y nos quedamos ahí en la frescura de la noche escuchando apenas los susurros de los rezos católicos.
En un inicio Adalid y yo permanecimos en silencio sin siquiera mirarnos hasta que me anime a hablar
-Creo que ahora me gustaría ser yo quien estuviera en ese ataúd para no escucharlos rezar.-dije sarcásticamente
-Yo preferiría traer puestos unos audífonos además de estar en una caja de metal para evitar escucharlos...o quizás solo me quedaría dormida.
-La leche tibia te hace dormir, los rezos así de aburridos te hacen morir.-exprese burlonamente.
Adalid me miro y río pero me dio un codazo en señal de que no riésemos tan alto, pero no me importo.
Después de toda esa tensión que había sentido desde que había llegado a la casa, ahora era bueno liberar esa tensión de una manera saludable pues se que ella así lo hubiese querido.
Acabados los rezos Adalid y yo volvimos adentro para hacer guardia al féretro.
El tiempo pareció no avanzar mientras estuvimos de guardia observando los sirios a ambos lados de la caja donde yacía el cuerpo de la difunta, hasta que note como varios de mis tíos y primos comenzaron a bostezar seguidamente y que el café comenzaba a ser escaso al igual que las galletas.
Sabía que ya era tarde pues Roxana no había salido apurada a la tienda como en otras dos ocasiones a intentar reabastecer el café y, al poco rato algunos de mis parientes se estiraban repetidamente para desperezarse y bostezar.
Finalmente encontré la tranquilidad cuando la mayoría de mis parientes se hubo marchado del funeral afirmándole a la tía Natalia que se presentarían al día siguiente para el entierro.
No recuerdo cuántos de ellos se quedaron pero lo que sí recuerdo fue que me quede haciendo guardia al féretro hasta que el cansancio me venció.
Sin darme cuenta pase de estar en el duro sofá a estar en uno de los dormitorios de la universidad escuchando el escándalo de mis compañeros de cuarto que se quejaban por el baño como todas las mañanas.
Fue un día normal.
Después de superar la pelea por el baño me vestí y prepare mis materiales para ir a mi primera clase de la mañana.
La habitación que compartía con mis compañeros no era mayor a un comedor-sala y cocina juntos, nuestras camas estaban repartidas cuidadosamente en cada esquina de la habitación, en el centro había un televisor considerablemente grande seguido de una mesa plegable para comer y unas sillas de plástico blanco. Cerca de la única entrada se encontraban dos escritorios pequeños que usábamos alternadamente cuando hacíamos nuestras tareas y cerca de la ventana que había junto a mi cama yacía un pequeño refrigerador donde guardábamos nuestras bebidas.
Si se preguntan donde almacenábamos nuestra ropa déjenme decirles que como todos buenos universitarios que éramos y con el espacio tan limitado apenas y podíamos dejar nuestra ropa sucia en un rincón mientras que la ropa limpia la dejábamos doblada y juntada en un pequeño ropero que con nuestros ahorros habíamos comprado poco después de haber iniciado el año escolar.
Antes de salir con mi mochila en mano tome mi cartera que yacía en una de las mesas de estudio frente a la ventana. La desdoble y vi dos fotos tamaño infantil, una de ella en blanco y negro donde estaba ella sonriendo de forma picara y graciosa haciendo una figura en forma de corazón con sus pequeños dedos.
Sonreí.
Fui sacado de mi ensimismamiento cuando la ronca voz de uno de mis compañeros me grito desde el baño.
-¡No se te pase ir por el mandado Latne!-Grito
-¡Ya se, ya se!-dije mientras cerraba la puerta.
Al salir de la habitación no se encontraba el bulevar en el que siempre transitaba como peatón hasta la universidad.
Ahora me encontraba en una pequeña cancha de básquetbol sentado bajo un árbol intentando recuperar el aliento.
Las cinco bolsas del mandado y los cuatro refrescos de tres litros hicieron que mi trayecto de regreso a casa se volviese cansado y tedioso.
Mientras recuperaba el aliento podía sentir como el fresco viento secaba el sudor frío de mi frente y me ventilaba las axilas.
Pensé que era una mejor idea pedir un taxi para llegar pronto a casa pues seguramente alguno de mis compañeros estaría esperando impaciente que llegara con las bolsas del mandado para así devorar lo que fuese que hubiese traído.
Al levantarme para buscar un taxi repentinamente comencé a sentir un dolor agudo en mi pecho y todo a mí alrededor empezó a derretirse como si fuera una vela expuesta al rojo vivo de una llama.
-¿Pero qué demo...?
Caí al suelo sintiendo cómo el dolor se hacía cada vez mayor. Todo estaba quedando en oscuridad y las partes derretidas de mi panorama comenzaron a transformarse en criaturas asquerosas y deformes con carnes putrefactas y cuencas en vez de ojos con los cuales mirar.
Los seres espectrales se retorcían como las llamas danzarinas en una fogata que ha sido dejada sin protección lista para extenderse como un incendio forestal. Todos ellos intentaban acercarse a mí para desgarrar mi carne y devorar mi alma.
Justo cuando pensé que las criaturas conseguirían su objetivo, nuevamente el escenario cambio.
Ahora me encontraba en el jardín principal de Salamanca recostado en una de las bancas perdido en mis pensamientos.
Podía escuchar a las palomas y el soplar del viento moviendo las hojas de los arboles.
Todo parecía tan normal...
Justo como aquel día.
-Latne. ¿Por qué no puedo ir contigo?
-Ya te lo dije, solo habrá hombres en el cuarto que rentaremos para la universidad.
-Pero tú dijiste que nunca me dejarías sola...
Me levante de la banca y la mire...a mi dulce hermana.
Mirándome con el entrecejo fruncido y con los ojos cristalinos que delataban que estaba a punto de llorar.
-No me mires así, sabes que si pudiera te llevaría conmigo pero no puedo mantenernos a ambos y tampoco cuidarte con tu condición actual.
Su mirada fue distante, su expresión de desdén y decepción pero sabía que tenía razón.
Justo cuando me volví para mirarla, ahora ya no me encontraba en el jardín si no en el bulevar que llevaba a mi dormitorio de la universidad.
Estaba buscando una canción en mi celular cuando de pronto vibro y mostro la imagen de Roxana.
Pulse el botón para responder y me lleve el celular al oído.
-¿Bueno?
-¿Que estás haciendo Latne?-Pregunto mi tía con tono cortante
-Iba de regreso a mi dormitorio ¿qué sucede?
-Tu hermana...su condición empeoro.
-¿Qué?
-Ella quiere verte, dice que necesita verte.
-Pero no puedo irme ahora para allá tía, estoy en medio de los exámenes de fin de semestre.
-Ella está muy mal Latne, ¡necesita verte! ¡Es tu familia!
-Lo siento tía pero no puedo repetir el curso.
Antes de que mi tía pudiese articula otra palabra colgué y continúe con mi camino de regreso al dormitorio.
No sé en qué momento habré llegado al dormitorio pero recuerdo que estaba leyendo uno de los vastos libros de novelas que me había prestado uno de mis profesores de literatura cuando nuevamente el celular vibro.
Lo tome y respondí la llamada.
-¿Hola?
-Está muerta.-Dijo una voz al otro lado del teléfono.
-¿ah? ¿Quién habla?
-Tú hermana está muerta Latne.
De pronto una silueta desfigurada apareció frente a mí.
-Latne... ¿por qué?... ¡¿porque me dejaste morir?!
-Hermana…yo no….
El aire comenzó a enfriarse, pude sentir cómo un gran hueco en mi pecho se hundía dejando a la vista mis órganos, el dolor era indescriptible.
Los ojos de mi hermana se tornaron opacos y su piel palidecía dándole un aspecto aterrador.
Tras ella se alzaba una oscura figura con enormes alas y un arma larga en una de sus manos.
-¡¿Qué es esto?!-grite con voz pastosa.
La figura sonrió y le indico a ella que se alejase de mí.
-¡Hermana!
La silueta extendió sus alas y dio un gran salto hacia mí con arma en mano.
La muerte…
-¡Latne!-grito Adalid.
El muchacho despertó agitando los brazos en el aire como si pelease con algún oponente invisible pero la única persona “visible” que yacía ante él no era otra que una desvelada Adalid contemplándole aterrada de rodillas al sofá mientras sujetaba un cuarzo blanco en su mano.
-¿Qué sucedió?-pregunto el chico con voz pastosa mientras se incorporaba
-Te quedaste dormido-dijo Adalid relajando la mano en la que sostenía la piedra blanca
-Lo lamento. Soy su hermano yo debería hacer la guardia-dijo Latne mientras se limpiaba con la manga de su saco negro el sudor frío.
-No te preocupes, ya te veías cansado desde antes del rezo. Deberías dormir otro poco-dijo la chica con amabilidad
-No. Ya he dormido suficiente.-afirmo el chico poniéndose de pie.
-Latne, es tarde. En serio deberías de descansar un poco, tu tía Natalia dijo que enterraran a tu hermana temprano.
-¿Tarde? ¿Pues qué hora es?
-La una de la mañana-respondió una mujer de cabellera azabache desde las sombras de la cocina
Ambos chicos volvieron la vista hacia ella
-Tía Roxana. ¿Cuánto llevas ahí de pie?-pregunto el chico asustado
La mujer de pelo azabache no respondió y así como había aparecido en las sombras de la cocina se desvaneció dentro de las mismas dejando a los dos jóvenes junto al féretro tenuemente iluminado por la luces de los dos enormes sirios que yacían a cada lado de este.
Latne se despabilo contemplando de manera meditabunda la oscuridad que se cernía a su alrededor.
-¿Estás bien?-pregunto Adalid mientras se sentaba a su lado
-Sí. Solo fue…un mal sueño-afirmo de modo distante.
En un intento por animar a su amigo, Adalid se interno en la oscuridad de la cocina intentando no perturbar el sueño de los pocos familiares que se habían quedado dormidos en los escasos sofás de la sala, desgraciadamente su agudo “sentido de orientación” y la tonta idea de que podría encontrar lo que buscaba sin encender la luz provoco que chocase contra la alacena, estufa, fregadero y refrigerador generando el concierto más ruidoso y desafinado que se hubiese escuchado en cualquier accidente en la oscuridad de un hogar, pero increíblemente no despertó a ninguno de los presentes.
Al cabo de unos minutos de abrir y cerrar puertas en la cocina –y chocar contra los muebles de esta nuevamente- Adalid regreso portando dos sándwiches de pan blanco sin las orillas café claro en dos platos desechables en una mano y unos dos jugos de bolsita en la otra.
-¿Qué estás haciendo?-pregunto Latne mientras su amiga se sentaba a su lado.
-Hacer que comas algo. Te ves más pálido que la pared de mi casa-dijo Adalid extendiéndole el plato con el sándwich.
Latne suspiro.
-Tú siempre quieres arreglar todo con la comida, ¿Por qué?-pregunto el chico dándole un mordisco al emparedado con jamón y mermelada de mora azul.
-No lo sé, a mamá le gusta hacer eso cuando nos ve tristes, dice que si la comida se hace con amor entonces quien coma se sentirá mejor- respondió Adalid abriendo su pequeño jugo de bolsita
-Te escuchas como niña pequeña-respondió Latne con una risita.
-Oh disculpa que no me oiga como toda una adulta señor “ya voy a la universidad”-dijo Adalid con falso tono de ofensa.
De pronto el escaso brillo que se había asomado a los ojos de Latne se esfumo como la llama de una vela expuesta a la más fina corriente de viento.
-Mi hermana dijo lo mismo…
-Lo siento Latne-se disculpo inmediatamente Adalid.
-No. Descuida no pasa nada-dijo intentando articular una sonrisa.
Cuando la mañana arribo las tías de Latne nos despertaron para preparar el cadáver antes de ser llevado al panteón donde yacían los ancestros de varios habitantes de la ciudad, la carroza fúnebre llego alrededor de las nueve de la mañana con su reluciente color oscuro y letras cromadas en plata resaltando el nombre del servicio funerario, sus cuatro empleados –los tres encargados de subir el ataúd y el conductor de la carroza- lucían trajes negros y camisas blancas a juego resaltando su mirada vacía, el ceño fruncido y las arrugas correspondientes a la edad de cada uno de ellos.
Cuando entraron a la sala, uno de los hombres –de cuarenta años quizás- traía consigo una extraña mesita metálica plegable de forma rectangular con cuatro ruedas –cada una en una ubicada en cada esquina del extraño rectángulo- sin tapas en la parte superior e inferior, la extendió a un lado del féretro, seguidamente indico a sus dos compañeros que se posicionaran respectivamente al lado contrario de la “caja” e intentaron moverla pero el desbalance era considerable.
Uno de ellos estuvo a punto de llamar al chofer de la carroza pero Latne se coloco de inmediato en la esquina sobrante para ayudar a los hombres a desplazar el féretro sobre la extraña mesilla de metal móvil, desde luego fue un éxito pero la parte dolorosa se inicio en cuanto Latne y sus dos tías contemplaron como los tres hombres trasladaban el féretro hacia la carroza, creo que la señora Natalia fue la primera en sollozar al ver como el conductor abría la parte trasera del auto para subir su cadáver con el mayor cuidado posible, ya dentro la difunta uno de los empleados le hizo una seña con la mano a la señora Roxana para indicarle que estaban listos para partir a lo cual ella solo asintió como respuesta.
-Latne, llama a tus tíos. Diles que empezaremos el “viaje” en quince minutos y si no llegan aquí pueden reunirse con nosotros mientras avanzamos.-dijo Roxana intentando contener sus sollozos.
El chico asintió y antes de que Adalid pudiese ofrecerse a acompañarle Latne desapareció en el interior de la casa dejando a las tres mujeres en el umbral.
-Deberías ir a cambiarte querida.-Dijo Natalia mirando a Adalid.
-Se que se trata de un evento importante señora. Pero mi chamarra y este conjunto es todo lo que tengo de ropa negra- respondió Adalid con seriedad y respeto
Roxana contemplo a la chica durante un segundo; su chamarra afelpada hacia juego con sus pantalones acampanados de color negro pero sus zapatos de suelo –también de tono oscuro- parecía no combinar del todo con la ocasión que se presentaba, pues muchas personas llevarían trajes o vestidos negros elegantes.
¿Quién se fijaría en un atuendo en esta situación? Pensó.

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Deja tu comentario Capitulo 2: Recuerdo

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