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Capitulo 6: Sarem

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Era un martes común en la casa de Adalid; su padre Albertine se había ido a cubrir a un compañero jubilado para ser el anunciador de los juegos de la gente mayor, Adalid se había quedado en cama descansando antes de asegurarse que tenía todo listo para su viaje.
Por otro lado, su hermana Sarem se había dedicado únicamente a ver la televisión y balbucear diferentes cosas –la mayoría mandatos- a su hermana menor así como pedirle que le trajese algún recuerdo de aquellas tierras y le enviase un saludo a su madre de parte de ella.
-Lo del saludo si te lo cumplo, lo del recuerdito eso si quien sabe- Contesto su hermana con indiferencia
-Ándale hombre. Te doy dinero para que me traigas algo.-insisto Sarem
-Es lo que siempre dices, y a fin de cuentas te quejas de que no te traigo algo lindo. Mejor dile a mamá que quieres y ya lo buscamos luego.- respondió Adalid con estrés
-Está bien-dijo Sarem con un gruñido
Una charla muy corta a mí parecer, pero así son muchas conversaciones entre hermanos –sobre todo los que no conviven tanto como quisieran- sin embargo para ellas era algo muy común.
Cuando la tarde se hizo presente, Adalid ya tenía todo listo para ir directo a la central camionera, sin embargo Sarem había salido sin decir palabra a su hermana dejando únicamente un mensaje en la pizarra del pasillo diciendo que volvería para acompañarla a la central, pero ambas sabían que faltaría a su palabra.
Ya fuera en la calle, Sarem camino un poco más allá del centro de la ciudad, llegando al mercado de la “clase alta” sin embargo no entro a comprar.
A un lado de la entrada del mercado se encontraban unos edificios desteñidos en color y cubriendo su rostro lo más posible con su boina a cuadros, la joven entro en un edificio de no más de ocho pisos con un pobre tono rojizo en sus paredes.
Una vez adentro el espeluznante pasillo apenas iluminado por unas cuantas lámparas fue recorrido por Sarem hasta llegar a una escalera que denotaba un tenue color oxidado con diferentes grafitis de bandas de la zona así como marcas de drogadictos que entraban en el edificio a altas horas de la noche.
Cerca de quince minutos de estar subiendo escaleras, Sarem finalmente llego a un pasillo más vivo e iluminado donde se encontraban unas sillas de color verde pasto frente a una puerta de madera tallada con cristal.
La joven se acerco y golpeo la puerta con ligereza haciendo que una silueta apareciera reflejada en el cristal de la puerta.
Al abrirse, frente a la muchacha se encontraba un hombre de edad visiblemente avanzada vistiendo una bata blanca con unos pantalones cafés deslavados y zapatos puntiagudos.
El hombre ajusto sus lentes en su arrugado rostro para mirar mejor a través de aquellos ojos nubosos.
-Buenas tardes doctor-dice la chica con una leve reverencia de cabeza
-Sarem pensé que te había citado para el siguiente martes.-dijo el anciano con sorpresa
- Lo sé pero necesito contarle algo importante-dijo la chica con tono preocupado
-Oh, claro querida, pasa
El anciano se hace a un lado para que la joven pueda entrar, luego cierra la puerta tras de sí, que deja ver un escrito con tinta negra que dice:
“Doctor Mauro Rodríguez. Psicólogo”
Dentro en el consultorio; el color azul cielo de las paredes provoco que Sarem se relajara un poco y después se recostó en ese sofá típico en el que se sientan los pacientes de psicólogos para contar sus problemas.
La única ventana estaba junto aquel sofá haciendo que el viento acariciara tenuemente el cabello de la muchacha.
El anciano acerco un gran sillón y se sentó cerca del sofá donde residía la joven, después se acomodo de nuevo sus gafas y tomo una pequeña libreta de notas con una pluma de fuente.
Ambos suspiraron profundamente y al cabo de unos segundos de silencio el doctor hablo
-Bueno ¿Qué es eso que necesitas contarme? -dijo mientras abría su libreta
Sarem suspiro con preocupación. Luego trago saliva para aclararse la garganta
-He vuelto a soñar con “eso” doctor.-dice la chica con voz preocupada
El silencio se hizo presente por varios incómodos segundos –que más bien parecieron eternidades-
El doctor comenzó a escribir en su pequeña libreta y con toda la seriedad que su vieja voz ronca le permitía, pregunto
-¿Hace cuanto que ocurrió ese sueño?-pregunta el hombre con tranquilidad
-Hace solo unos días.
-¿Ha cambiado algo esta vez? ¿O el sueño sigue siendo el mismo?- pregunta el anciano mientras escribe en su libreta.
-Algo cambio. Solo que no sé cómo explicarlo sin que suene a locura-admite Sarem sin volver su vista al doctor
El hombre suspira con cierta compasión e irritación pues sabe que aquella muchacha no ha sido la única que ha dicho esas mismas palabras en cada terapia. Sin embargo sabe que por más que repita el típico discurso de “nada de lo que digas en este lugar será tomado como una locura” no le dará resultado, así que hoy intenta cambiar de táctica.
-Intenta describirlo con las palabras que creas correctas-dice el doctor con calma
-Esta bien-dice la chica con un suspiro
-Bueno entonces comencemos desde el inicio ¿te parece?
-De acuerdo-admite Sarem con tono de derrota
¡Pausa!
En este momento Sarem y aquel doctor se han quedado “congelados” pero nosotros no ¿te preguntas porque? Anda y sígueme hasta la ventana. Tranquilo no pienso arrojarte ni nada por el estilo. Observa.
¿No ves nada? Hm creo que tendré que cambiar mi estrategia
Alteremos un poco el espacio y el tiempo; vamos a la entrada del consultorio. Ahora sujeta la manija de la puerta, cierra tus ojos y cuando cuente hasta tres, saldrás por esa puerta.
¿Listo? Uno…dos… ¡tres!
Ya no nos encontramos en aquel edificio, ni siquiera nos encontramos en la ciudad. Ahora estamos rodeados de pura vegetación –si árboles, arbustos y esas cosas- estamos más o menos como a las nueve de la mañana. ¿Ahora lo ves? Allá en aquel montículo esta una familia ¿los reconoces? ¡Pues deberías!
Estamos justamente donde he querido que estés.
Pero tranquilo no pueden vernos vagar por aquí tu solo sígueme y entenderás que sucede. Bueno quitemos el modo “pause” y volvamos al cauce de la historia.
-Como le platique la primera vez doctor, mi familia y yo habíamos ido a la sierra para ver unas pirámides para el grupo de arqueología al que solían asistir.
-Sí. Lo recuerdo-admite el anciano sin apartar los ojos de su libreta
-Bueno, el sueño siempre que se presenta lo hace justamente ese día, hace diez años cuando mis padres investigaban sobre el origen de Adalid-dice Sarem con cierta amargura en su voz-
-¿Su origen?-pregunta el doctor arqueando una ceja
-Sí. Creo que era para una tarea de la escuela, querían que Adalid investigara un poco de sus antepasados, yo les dije a mis padres que no iría porque tenía otros planes pero mamá dijo que sería buena idea para convivir y que supiéramos un poco mas de nuestra historia-dice Sarem con fastidio- así que no tuve otra opción más que ir.
La imagen de una Sarem trece años más joven molesta por ir a una excursión pasa velozmente por la mente del doctor dibujándole una silenciosa sonrisa.
-Dime ¿Qué imágenes de ese recorrido familiar te muestra tu sueño?-pregunta el terapeuta con su voz neutra y profesional.
Sarem deja escapar un largo suspiro dejando claro que aquella pregunta ha sido el inicio del “escozor” de la incomodidad que intenta evitar, pero siendo consciente de que no podrá lidiar con este predicamento de otra manera, Sarem se arma de valor e inhalando la suficiente cantidad de aire le relata a detalle las abstractas y cambiantes imágenes que se presentan en los recuerdos reflejados en aquel sueño repetitivo; las continuas quejas de su parte por tener que caminar bajo el sol, las constantes reprimendas de su madre por no haber tomado las precauciones necesarias antes de haber salido de casa, las risas y continuas burlas sarcásticas de su padre hacia ellas por sus peleas ridículas y desde luego el desenfrenado comportamiento de su hermana menor conforme avanzaban en la sierra para llegar a las pirámides.
-¿Qué actitud muestra tu hermana en el sueño?-pregunta el doctor reclinándose en su silla hacia Sarem
-Ella mira hacia todos lados, por momentos se mantiene en silencio y de pronto sale corriendo entre risas internándose entre los matorrales o los árboles secos que están en nuestro camino pero al siguiente momento regresa con tranquilidad como si no hubiese hecho nada y se calma mientras le hace preguntas a papá sobre el lugar-dice Sarem con un hilo de molestia en su voz-Recuerdo que durante la caminata nos estuvimos deteniendo por momentos mientras mamá nos hacia ponernos crema para el sol y bebíamos agua para continuar caminando.
Papá casi se peleaba con mi madre en varias de las pausas de la caminata debido a nuestra hidratación constante así como quejarse por el fuerte brillo del sol pero, yo lo único que quería era llegar pronto al lugar que tanto nos había alardeado papá debido a que tenía hambre desde que salimos de casa.
-¿Qué sucedió con tu hermana?-pregunta el doctor con tranquilidad
-Ella parecía caballo desbocado, corriendo y brincando haciendo que mis papás le gritaran cada veinte minutos para que no se alejara mucho pero ella solo se frenaba un momento y volvía a lo mismo.-admite con molestia
-Avancemos un poco en tu sueño- dice el doctor como si fuese el eco susurrante en el recuerdo de la joven- avancemos justo en donde el sueño comenzó a cambiar
Sarem inhala profundamente y cierra sus ojos para visualizar la última imagen que le ha descrito al doctor antes de su sugerencia; un campo interminable con escaza vegetación se alza ante ella y su familia, el cielo está despejado y el sol brilla con toda su fuerza provocando que de la tierra seca se levante una fina capa de vapor que distorsiona el panorama delante de ellos como si fuese una cortina de agua. Sus padres llevan las típicas ropas de caminata, unos zapatos de montaña color café de suela gruesa y oscura, unos pantalones de mezclilla, camisas de manga larga de color blanco, gorras ovaladas que llevan sujetas gracias a una correa que les llega hasta el pecho y un par de mochilas viejas con todo lo requerido para una excursión, por otro lado Adalid solo lleva puestos unos tenis gruesos de color blanco de tela que sobresalen gracias a las largas calcetas verdes que le llegan hasta las rodillas, un simple short de mezclilla y una camisa de manga larga con cuello de tortuga color café que se pierde con una cachucha que torpemente a sido atada a un cordón.
Sarem visualiza los típicos botones de mando de una video cualquiera y presiona uno que tiene dibujada una doble flecha hacia la derecha.
Lentamente el recuerdo de Sarem comienza a “adelantarse” como si de una película se tratara.
-Listo-dice la chica dejando escapar un suspiro
-¿Cómo fue que comenzó a cambiar tu sueño?-pregunta Mauro casi en un susurro
-Ahora estamos llegando a una casita de láminas y nos está esperando un ranchero.
-¿Qué es lo que les dice?
-Papá lo saludo y le señalo un camino de tierra que esta mas adelante pero mamá quiere descansar.
-¿Qué mas ocurre?
-Ya descansamos y ahora vamos rumbo a las pirámides pero Adalid sigue corriendo por donde quiera…puedo ver que ella se ha ido hacia unos arbustos creo que va cantando-dice Sarem con dificultad como si un bloque invisible le presionara el pecho
-¿Recuerdas que es lo que canta?
-No. No lo recuerdo. Pero…
-¿Pero?
-Justo cuando voy tras ella es cuando mi sueño comienza a cambiar, me da algo de miedo.-admite ella revolviéndose un poco en el mullido mueble
-De acuerdo Sarem recuerda que esto es solo una “regresión” y no te puede hacer nada ¿sí? Ahora dime que es lo que pasa cuando vas tras ella.
Sarem inhala hondamente
-Mamá quiere que vaya por Adalid y yo camino hacia los arbustos, cruzo la hierba pero no la veo. Lo único que hay es un pequeño riachuelo y muchas piedras. Puedo escucharla reír y hablar pero no puedo ubicar en donde está.
-Mira con cuidado Sarem. Recuerda esta es tu “película” puedes cambiar el ángulo que desees para obtener una mejor visión.- le dice el doctor con calma
Sarem hace caso a las indicaciones del médico, concentra su mente y lentamente aquella escena silvestre se transforma de poco en poco en un manchón de diferentes colores primaverales que comienza a tornarse oscuro.
Al cabo de unos segundos los colores han cambiado y empieza a mostrar el pequeño bosquecillo sumido en el rojo, naranja y violeta del los cielos que son envueltos en el atardecer. Ahora todo está un poco más oscuro para la visión humana.
Sarem sigue el riachuelo que vio al cruzar los arbustos por donde cruzo su hermana y repentinamente un escalofrió recorre su espalda.
Temerosa comienza a llamarla sin embargo no hay respuesta de la niña, en su lugar la brisa del viento entre los arboles aparece como respuesta al llamado de la temerosa Sarem.
-¡Adalid! ¡Adalid! ¿Dónde estás?-grita desesperada la muchacha
De pronto el crujir de una rama al romperse llama su atención haciendo que se vuelva de espaldas para ver si hay alguien cerca de ella. Pero no hay nada.
La tensión comienza a hacerse presente en la joven; sus músculos están tensos al igual que su voz y su nuca y frente comienzan a provocar que el sudor frio se haga presente.
Otra rama se ha roto
-Adalid ya vente. No es gracioso. Le voy a decir a mamá que me quieres asustar
Sigue sin haber una respuesta humana para Sarem, más que el brío viento rozando en su nuca como una leve respiración acompañada de mas crujir de ramas rompiéndose a su alrededor.
Esta siendo cazada.
Sarem está a punto de sucumbir ante el pánico cuando de pronto un mal desplante provoca que caiga de espaldas y ruede un par de veces colina abajo.
Cubierta de tierra y hojas secas la joven se levanta aturdida y molesta mientras se soba parte de su frente debido a la caída.
Antes de que pueda decir algo escucha una risa familiar a unos cuantos metros de ella provocando que se levante y se sacuda la tierra
-Sí, si mucha risa espérate a que le diga a mi mamá hasta donde andabas- dice la chica mientras se sacude.
No hay respuesta. Solo una persistente risa.
Cuando Sarem levanta la vista se da cuenta de que efectivamente se trata de su hermana quien esta riéndose, sin embargo…no es de la caída de Sarem de lo que se burla.
A unos metros de la muchacha yace su traviesa hermana menor mirando un viejo y seco árbol al que parece hablarle como si se trata de un ser humano.
Antes de Sarem pueda acercarse a ella, repentinamente el árbol comienza a moverse a voluntad propia provocando el sacudir de sus ramas y el tronar y crujir de sus ramas como si fuesen huesos de algún ser vivo rompiéndose.
Pero no se están rompiendo. No. Estos “huesos” comienzan a acomodarse hasta que el anciano árbol toma la forma de un humanoide con piel oscura y rasposa como si fuese la piel leprosa de algún anfibio. Sus ojos son dos cuencas brillantes como si se tratase del brillo de cuarzos blancos que se iluminan con los primeros rayos solares matinales de un día común. Sus brazos, dedos y piernas son tan escuálidos como si fuesen las extremidades de una mujer que sufre de anorexia avanzada pero su boca esta carcomida y reseca –como cuando alguien no se pone humectante labial- parece ser pequeña debido a las dos hileras de dientes filosos como su fueran cuchillos o tijeras que no son capaces de caber en su boca.
El terror de Sarem aumenta al ver como la criatura coloca uno de sus brazos huesudos en el hombro de su hermana y este comienza a moverse de una forma rastrera y asquerosa como si fuese un gusano que intenta lograr movimiento contra la fuerte presión de una manguera.
-Adalid…-dice Sarem con voz pastosa.
De pronto la asquerosa transferencia se ve interrumpida cuando la criatura voltea hacia donde se encuentra una atónita Sarem.
La criatura retira su mano del brazo de Adalid y le señala hacia donde está su hermana.
El pánico y el horror se apoderan de Sarem cuando ve la mitad del rostro de su pequeña hermana desfigurado y entre los vestigios de carne ahora carcomida parece asomarse la mirada de otro ser.
Un ser de ojos rojos como la sangre y destellantes como el fuego del infierno mientras se dibuja la mitad de una sonrisa compuesta únicamente por colmillos “caninos” que desgarran la escasa piel y los labios de la niña.
Sarem quiere salir huyendo pero su cuerpo no reacciona; sus piernas están totalmente entumecidas al igual que sus brazos sin embargo el temblor involuntario en su ser es más que evidente así como sus lagrimas de desesperación y terror
-Hola Sarem- Dice la niña con voz doble- Te estábamos esperando
-No…no… ¡¿Qué le has hecho a mi hermana?¡
-¿De qué hablas? Yo soy tu hermana-dice la criatura con una risa hueca
-¡No es cierto!- grita la muchacha con lagrimas en los ojos- ¡Tú eres un mounstro!
La sonrisa de aquel ser desagradable se ensancha al momento que se acerca a la aterrada chica.
Sujeta delicadamente su mentón con su mano carcomida contemplando su terror
-Anda ya pero si tu eres el único mounstro aquí-dice la criatura en un ronroneo
Antes de que la chica pueda hacer o decir algo, la imagen nefasta de su hermana deformada así como el bosquecillo desaparecen dejando a Sarem en una oscuridad total por breves instantes haciendo que aparezca frente al espejo del baño de mujeres.
Asustada Sarem mira a su alrededor preguntándose qué ha sucedido sin embargo cuando su mirada se topa con la de su reflejo, Sarem se da cuenta de que su rostro comienza a deformarse de una forma peor que el de su hermana.
Pero cuando se aleja del espejo ante su horrible imagen, Sarem se percata de que su reflejo no se mueve como ella, sino que se queda ahí, parada observándola mientras sus vestigios de carne se caen de su cara.
-Esto no está pasando- se repite a si misma entre sollozos
Su reflejo le sonríe y atraviesa el espejo como si fuese agua, acercándose lentamente a Sarem
-Acusas a tu propia hermana de ser un mounstro…pero tú eres el verdadero mounstro- dice el reflejo contemplándola
En un intento por defenderse de aquel ser repugnante, Sarem le da un puñetazo pero en vez de golpear a la criatura destroza el espejo del baño.
Una macabra risa se hace presente en el lugar haciendo que Sarem mire de forma frenética a su alrededor buscando a su agresor –o agresora- sin embargo cuando detiene bruscamente la mirada en la entrada del baño todo lo que ve es una versión pequeña de sí misma sin ojos que esta inerte pero atenta a sus movimientos. Antes de que Sarem pueda hacer o decir algo, la versión infantil de ella misma se desfigura en una gran masa de carne punzante que toma la forma de una horrible criatura con filosos dientes que se lanza sobre la aterrada muchacha.
Un grito de terror y mordiscos frenéticos es lo último que se puede escuchar en la ahora presente oscuridad.
-¡Basta! ¡Basta!-ruega Sarem apretando los ojos y sacudiéndose en el mueble
-El doctor Mauro se incorpora de un salto y sujeta a la chica por los brazos repitiéndole con voz firme que nada la ha de dañar pero los gritos de la joven no cesan.
El hombre comienza la cuenta regresiva desde diez repitiéndole a Sarem que aquello que mira no la dañara y que cuando llegue a cero estará de vuelta en la habitación sana y salva, por suerte su táctica tiene éxito; la joven deja de retorcerse en el mueble y relaja los brazos para finalmente abrir los ojos cristalizados por las lagrimas contenidas que comienzan a fluir como dos hilos brillantes a través de sus mejillas sonrojadas.
Al incorporarse, Sarem posa las manos en su cabeza e inhala y exhala repetidamente intentando devolver su respiración y los ritmos de su corazón a un nivel normal, sin embargo el miedo ante aquellas nefastas imágenes permanece latente en su cabeza provocando que los lagrimones amenacen con salir a toda su capacidad pero el doctor se anticipa ante esta respuesta física tomando el rollo de papel higiénico que yace en la mesita frente al reclinable exclusivo para sus pacientes.
-¿Tiene idea de lo que se pueda significar ese sueño doctor?- pregunta Sarem mientras se pasa el papel por los lagrimales.
-francamente querida. Desde el aspecto psicológico solo puedo decirte que es un sentimiento reprimido. Tal vez de culpa o de impotencia ante las situaciones que has vivido a su lado. Sin embargo…
-¿Sin embargo?
-No soy ningún experto en el campo de las energías que estudian mis compañeros en parapsicología pero puede que tu sueño sea quizás también sea una advertencia de algo. No estoy seguro de que.
-¿Entonces qué puedo hacer?-exclama la chica con preocupación
El doctor mira su reloj de bolsillo y anota un par de cosas más en su libreta antes de levantarse su asiento.
-Solo te aconsejo que intentes mantener tu mente centrada en algo positivo antes de dormir y si el sueño se repite y cambia de nuevo lo escribas en el diario de sueños que te he solicitado en las primeras sesiones, así podremos investigar más a fondo sobre esto ¿de acuerdo?
- De acuerdo-admite ella con tristeza
Sarem se levanta del sofá y el doctor la acompaña hasta el escritorio para guardar su libreta.
-Veremos que podemos lograr en la próxima sesión
-Está bien doctor, entonces hasta la próxima cita-dice Sarem mientras estrecha su mano
El doctor llega primero a la puerta y en gesto de caballerosidad la abre para que Sarem pueda salir.
Al ver como la chica desaparece en las escaleras de acceso, el doctor cierra la puerta tras de sí.
Mete la mano a su bata blanca y saca un celular-radio. Pulsa un botón durante unos segundos haciendo que solo se escucha estática por breves instantes.
-Adelante.
-Creí que nos veríamos hace una hora-dice con enfado una voz al otro lado del comunicador
-Acabo de ver a una de las hijas de Albertine-dice Mauro dibujando una sonrisa maliciosa
-¿Qué has averiguado?-pregunta la voz llena de curiosidad
- Llama al “patrón”, dile que podemos proceder a la fase uno

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