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capitulo 7: viajero perdido

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Salamanca Gto. Centro de la ciudad 07:30 am
Aquella mañana las pequeñas casas del centro de Salamanca se encontraban sumidas aun en la quietud pues la mayoría de los jóvenes aun se encontraban en sus camas felices por un rato de descanso luego de haberse desvelado hasta las dos de la mañana haciendo las tareas que entregarían aquella mañana en clase, pero para desgracia de algunos, su descanso se vería interrumpido no solo por la insistente alarma de su móvil sino por los fuertes gritos provenientes de una casa a mitad de la cuadra
-¡Arurak! ¡Se te hace tarde para la escuela!-grito la mujer desde la cocina
En una pequeña habitación decorada con muebles de madera blanca y paredes verde olivo tapizadas con incontables posters de varias celebridades junto a la cama individual metálica yacía una joven sumida entre las cobijas azul cielo con la cara pegada a la almohada intentando ignorar la chirriante voz de su madre que amenazaba con arrancarla del Mundo de los Sueños, sin embargo los incesantes golpes a su puerta y el constante llamado a su persona por fin lograron arrastrar a la chica fuera de vigilia
-¡Ya te oí!-grito Arurak mientras se incorporaba en su cama
La puerta se abrió dando paso a una mujer de edad madura ataviada con una simple bata de algodón color turquesa haciendo que la cabellera color caoba y su piel ámbar por un momento resaltara la belleza que alguna tuvo durante su juventud.
-Son las siete y media. Será mejor que te apures si quieres alcanzar el camión-dijo la mujer con firmeza contemplando a su hija con sus ojos negros como el carbón
-Si ya voy solo… ¡¿siete y media?!-grito Arurak incorporándose de un salto, cayendo la suelo debido a las sabanas que se habían enredado en sus pies
Su madre ladeo la cabeza de un lado al otro dibujando una sonrisa ante lo divertido de la escena, pero su hija no pareció darse cuenta pues así como había caída se levanto rápidamente dirigiéndose al ropero de madera blanca revolviendo la ropa recién doblada en busca de su uniforme azul.
-Oye no deshagas mi trabajo-dijo la mujer con falso enojo
-¡No encuentro mi ropa!- exclamo Arurak con prisa
- Tu uniforme está en la silla junto al tocador-respondió su madre señalando el mueble contiguo al ropero
Arurak volvió la vista hacia la vieja silla metálica de color blanco níveo y contemplo su bien planchado uniforme reposando sobre la misma, después miro a la mujer que yacía en el umbral de su puerta
-Tengo que cambiar, ¡fuera!-grito la chica arrojándole su almohada en forma de corazón directo al rostro
-¡Fallaste!-exclamo la mujer con una carcajada hueca al esquivar el suave proyectil
Arurak había retirado su camisa blanca del gancho dejándola sobre su cama envuelta en girones los jirones azules que eran sus cobijas, se quito su corta playera amarilla -que hacia juego con su short naranja-, contemplo con fastidio la prenda durante un instante, se deslizo en ella con rapidez, se dirigió de nuevo a la silla, desdoblo su larga falda azul y repitió el proceso.
-¡Mamá!
-¿Qué?-grito la mujer desde la cocina
-¿Viste mis calcetines? No los veo-dijo Arurak con apuro mientras revolvía las cobijas de su cama.
-Están en el primer cajón de tu tocador-respondió su madre con fastidio
La joven se dirigió al mueble y abrió el cajo situado en el centro de este y ahí estaban, enrollados como un nudo de cuerda blanca.
-¿Los encontraste?-grito la mujer desde la cocina
-¡sí! Gracias-respondió Arurak al tiempo que se sumergía sus pies en cada calcetín
Luego de luchar por encontrar sus zapatos negros e introducir los libros y libretas de sus materias correspondientes, la chica se colgó su pequeña de tela negra, corrió al pequeño comedor –una habitación sencilla con una mesa y tres sillas de caoba pulida decoradas con un cojín rojo- tomo su juego de llaves de la mesa, después se desplazo a la cocina donde yacía su madre aun en bata cocinando huevo revuelto.
-¿llevas todo?-pregunto la mujer de piel ámbar sin apartar la vista del sartén
-Sí. Nos vemos en la tarde-dijo la niña apresuradamente mientras tomaba un yogurt de botella directo del viejo refrigerador.
Antes de que la mujer pudiera articular palabra, Arurak salió rápidamente de casa cerrando la puerta tras de sí, con un apenas audible “regreso al rato”, su madre ladeo la cabeza de un lado al otro con una sonrisa en el rostro y continuo cocinando su desayuno.
Ya en la calle, Arurak camino a toda prisa esquivando a los pocos transeúntes que comenzaban a emerger de sus casas y de quien sabe donde más, toqueteando el bolsillo de su larga falda para comprobar que su juego de llaves, el móvil, su dinero y la tarjeta del autobús estuvieran ahí pues no quería revivir el incidente de la semana pasada; al igual que ahora, Arurak se había despertado casi media hora tarde y por las prisas había olvidado su dinero en la mesa del comedor, para cuando subió al aglomerado autobús solo había deslizado la tarjeta de pase pero no entrego la suma que se pedía a los estudiantes pero el conductor no lo noto debido a la cantidad de gente accedía al transporte, sin embargo a las pocas manzanas de haber avanzado, su operador le envió un mensaje de texto indicándole que la chica de uniforme azul había pagado sin subir y sin siquiera disimularlo, le dijo a Arurak que le pagara pero al revisar el bolsillo de su falda se percato de la falta monetaria, lo cual irrito al hombre y la obligo a bajar, como resultado la joven tuvo doble falta al llegar casi tres horas tarde.
Pero esta mañana la fortuna parecía sonreírle a Arurak pues cuando llego a la parada del autobús no hubo ningún inconveniente respecto al dinero y por suerte el hombre que lo conducía no era el mismo sujeto amargado de aquella vez.
Ya en el trasporte Arurak se sentó cerca de la ventana para sentir el viento matutino en el rostro mientras contemplaba las casas, locales y jardines como cada mañana, sin embargo, cuando el camión atravesó El Velo en el límite del centro de la ciudad hacia el Norte, Arurak diviso algo extraño...
-¿Niebla?-se pregunto la chica al divisar una silueta que se movía con agilidad entre los edificios

Corriendo entre la maleza y la nieve yacía un joven de no más de quince años cojeando con dificultad al haber recibido una flecha de hielo que le había perforado el abdomen.
Los gritos de los guardias rezumbaban entre los arboles al igual que los ladridos de los lobos de nieve.
El muchacho corría tan rápido como sus piernas heridas le permitían,  volteando constantemente hacia atrás con la esperanza de perder a sus perseguidores pero esta era nula ya que la sangre que corría por su costado cubría la blanca nieve dejando un rastro escarlata.
-Maldita sea. Debo salir de aquí.- Decía el herido muchacho sosteniendo un paquete envuelto en papel platino
Los lobos olfateaban incesantes la sangre que había sido derramada por el fugitivo mientras que los cazadores alumbraban con sus seseantes antorchas con la esperanza de que no fueran apagadas por el frío viento.
-¡Por allá!-exclamo uno
El ladrar y aullar de los lobos impregnaba la quietud del helado bosque.
La desesperación del fugitivo se hacía presente con mayor intensidad al ver que sus perseguidores se encontraban pisándole los talones.
En un intento por escapar de su visión, el muchacho intento huir por las copas de los arboles, sin embargo el punzante dolor de la herida abierta lo hizo quedarse oculto en la segunda copa arbolada donde había aterrizado.
Inclinado sobre su pierna izquierda, el fugitivo agarro la flecha de hielo por la punta e intento sacarla, al primer tirón el dolor se volvió tan insoportable al grado que tuvo que morderse la mano para evitar gritar.
Los ladridos parecen pasar de largo de donde se encontraba el chico haciendo que el bosque helado se quede en silencio por breves instantes.
Al percibir que esta fuera de peligro el joven intenta saltar nuevamente pero no lo logra, provocando que caiga al suelo e instantáneamente quede inconsciente.
El silencio se ha hecho presente en el bosque.
Pensamientos escarlatas invaden su mente mostrando diversas imágenes; desde un vasto océano hasta el interior de unas montañas
-Debes cumplir tu misión-susurra una silueta entre los ases de luz de aquellos recuerdos.
-Mi señora…
Una potente luz de color blanco ciega la vista de nuestro amigo fugitivo provocando que caiga del árbol.
El viento se vuelve más fuerte conforme cae, parece una eternidad su caída pues esta pasa en cámara lenta, pero es todo lo contrario debido a la altura del inmenso árbol la tremenda velocidad con la que aterriza el chico inconsciente provoca que la blanca nieve se abra como si se tratase de un agujero negro o como las fauces de un depredador listo para engullir a su presa.
Todo es oscuridad…una quieta y silenciosa oscuridad. Hasta que pequeños destellos –similares a estrellas- invaden aquella negrura provocando que esta desaparezca poco a poco dando paso a un borroso panorama de colores pastel y un agudo dolor en el abdomen que parece haberse reducido.
Para cuando sus ojos se adaptan a la luz el muchacho de cabellera blanca mira a su alrededor intentando ubicar el lugar donde se encuentra.
Es evidente que ya no está en el bosque nevado. No. Ahora se encuentra en una pequeña casa hecha de concreto rodeado de muebles mientras una extraña criatura de orejas puntiagudas mientras remoja un trapo viejo en un plato blanco con agua fresca.
Lo que al inicio parecen susurros se vuelve más audible para el joven de cabello blanco que apenas recupera el sentido.
-Tranquilo amigo estarás bien.-dice la criatura
-¿Quién…eres tú?- pregunta desorientado el joven
El trapo frio reposa en su frente del joven mientras su “anfitrión” lo retira con suavidad y posa uno nuevo con la misma delicadeza para que la humedad de la tela reduzca un poco la fiebre producida por el dolor incesante por la herida aun abierta en su abdomen
-Debes descansar-susurra con amabilidad
-No puedo hacerlo debo llegar… ¡debo llegar con ellos! -dice el muchacho intentando incorporarse
-Shh, tranquilo. Está bien. Llegaras cuando debas pero ahora tienes que recuperarte.-dice el chico de orejas puntiagudas con tranquilidad
Su voz es cálida y paternal, provocando una extraña sensación de tranquilidad en el joven herido, pero el incesante grito en su cabeza le hace reaccionar solo por momentos enviando leves señales a su cuerpo protestando para que se levante y continúe su camino, pero la pérdida de sangre le ha provocado un mareo desastroso y sus músculos están tan tensos que parecen haber sido empapados con agua helada. No podrá moverse por más que lo desee.
-¿Quién eres tú?-pregunta de nuevo el joven a su extraño anfitrión.
-Llámame Shijiki-susurra el muchacho
Antes de que el herido pueda articular palabra, sus ojos azul eléctrico se cierran de golpe provocando que la oscuridad reine de nuevo haciendo que el joven de cabellera blanca sea envuelto por recuerdos fugaces que son demasiado confusos para nosotros, excepto para él.
Aquel lagarto gigantesco de escamas brillantes ante delante suyo es su recuerdo más fuerte; ahí entre las montañas oculto entre sus tesoros el joven de cabellera blanca puede ver como ese enorme lagarto es sometido por un grupo de hombres entre la nieve haciendo resplandecer una pequeña perla.
-¡No!
Su grito es lo último audible al ver como aquella criatura es encerrada en la bóveda estelar provocando el brusco despertar del joven que se ve lanzado a los lazos de su anfitrión que lo abraza al igual que una madre a un hijo que ha tenido un mal sueño.
-Tengo que volver antes de que…-dice el chico entre temblores y voz pastosa
.Shh tranquilo. Estas a salvo- dice Sh?jiki a modo de consuelo
-No, no puedo quedarme aquí.-dice el joven con desesperación
El muchacho de orejas puntiagudas le estrecha mas contra su cuerpo en un gesto paternal intentando controlar los temblores involuntarios de su huésped.
El silencio se ha hecho presente una vez más, cargando el ambiente con miedo, tristeza y angustia.
Shijiki contempla al chico con sus profundos ojos verdes con expresión serena haciendo que aquellos temblores se desvanezcan.
-¿Qué has soñado?-pregunta con ternura
-La he visto. Fue encerrada por ellos- responde el muchacho con falta de aliento
Los ojos verdosos de Shijiki lo contemplan con paciencia y le envuelve nuevamente en un tierno abrazo dejando que su cabellera caoba se entrelace con la cascada blanca que desciende por la cabeza del joven herido mientras lo recuesta en su sofá con la esperanza de calmarlo pero no lo logra pues este continua retorciéndose tal cual como un hombre maduro de enfermedades cardiacas que no ha tenido tiempo de comprar su medicina.
-Debes ayudarme –suplica el joven- debo llegar hasta ella antes de que sea tarde.
-Perdona que no pueda hacer más por ti. Pero mientras tus heridas se recuperan, lo mejor será que duermas-dice Shijiki mientras posa su dedo índice sobre la sien del chico, sumergiéndolo con tranquilidad en el Mundo de los Sueños.
Al comprobar que el joven ha caído en su hechizo el repentino golpe seco del paquete platino contra el suelo de madera, Shijiki, como buen anfitrión paternal toma en sus manos la pequeña caja y la contempla meditabundo como un niño ansioso preguntándose que contendrá, sin embargo, su moral le cierne un fuerte golpe en el estomago recordándole que debe respetar la privacidad, pero un susurro, casi un sollozo hace retroceder a la voz de la moral abriendo mas la curiosidad del joven.
En un inicio pensó que se trataba de su imaginación, pero aquel ruidito se hizo más fuerte provocando que Shijiki contemplara la caja desde todos los ángulos intentando verificar el origen de ese extraño sonido.
-Mi señora…-susurra el herido entre sueños
De pronto un tenue destello ilumina la caja de manera intermitente
-¿Pero qué…?
Al abrir la caja Shijiki se encontró con un trozo de piedra negra con venas doradas que destellaba con tenuidad.
-¿Qué es esto?-pensó el chico para sí.
-Por favor-susurro alguien
Shijiki se volvió hacia el sofá pensando que se trataba de su invitado hablando entre sueños, pero todo lo que encontró por parte suya no fue más que silencio.
-¿Quién eres?-dijo pregunto el chico de orejas puntiagudas en voz baja
De pronto el destello en la piedra se incremento de manera considerable provocando que Shijiki cerrara la caja de golpe temiendo que la luz despertara al chico de cabello blanco pero al cabo de unos segundos de inmovilidad todo continuaba en tranquilidad hasta que volvió su vista a la caja; de ella emanaba una luz escarlata formando una silueta femenina que lo contempla con sus destellantes ojos rojos como la sangre.
-Nunca pensé que sería tan fácil encontrarte Shijiki-dice la fémina con voz estática
-¿Pero qué…?

Por primera vez en su largo historial de asistencia, Arurak había conseguido llegar cinco minutos antes que su profesor de matemáticas lo cual la hizo objeto de comentarios sarcásticos y burlones tanto entre sus amigos como el resto de sus compañeros de clase, aunque eso no le importo pues la falta de aliento a causa de correr desde la parada del autobús –que se encontraba casi a cinco cuadras de la preparatoria- y subir los casi 35 escalones le había robado el aliento de modo considerable.
Antes de que Arurak pudiera responder ingeniosamente a los comentarios de sus compañeros, el profesor arribo al salón; era un hombre bajito, de piel quebradiza, casi calvo y vistiendo camisa a cuadros con unos pantalones de vestir color café y zapatos puntiagudos desgastados que en otro tiempo habían lucido un brillante color negro.
Todos se quedaron en silencio, esperando que el maestro llegara al escritorio, sin embargo su lento andar, les proporcionaba tiempo a los alumnos la mayoría de ellos- de sacar sus libros y situar el último tema que habían tratado en la clase anterior.
Luego de un aburridísimo pase de lista, los estudiantes de aquel salón se prepararon para mantenerse despiertos hasta que el timbre sonara para anunciar la próxima clase.
Durante la siguiente hora, Arurak permaneció absorta en sus pensamientos, sintiendo el flujo de energía que manaba de sus aburridos compañeros mientras escuchaban la calmada y aburrida explicación del profesor sobre las ecuaciones que deberían resolver el resto de la clase, pero una repentina onda de luz escarlata la golpeo con una fuerte brisa de invierno provocando que se irguiera en su asiento.
-¿Pero qué es esto?-se pregunto
-Señorita Arurak.-dijo el maestro con autoridad devolviéndola al presente
-¿ah?
-Si mi clase le parece aburrida-comienza el hombre con tono de reproche- será mejor que retire al pasillo
-Lo siento profesor-se disculpa Arurak levantándose de su asiento mientras cruza el salón hacia la entrada, escuchando las leves risillas de sus compañeros por haber sido sorprendida.

-¿Quién eres tú?-pregunta Shijiki a la mujer de luz escarlata
-Alguien a quien tu y esas aberraciones creían haber olvidado-responde la fémina
Antes de que el chico pueda articular palabra, la clara y vivida imagen de una tormenta de nieve se hace presente en su cerebro, en ella yace un grupo de hombres uniendo su aura para atacar a una enorme criatura que es arrastrada hacia el cielo, de pronto las palabras del muchacho de cabellera blanca resuenan en su mente
“La he visto. Fue encerrada por ellos”
El Shijiki abre mucho los ojos al entender el significado de aquella imagen y alejándose de la mujer de luz, tartamudeando palabras apenas audibles para nadie en particular.
De pronto aquel destello escarlata se desvanece, dejando todo de nuevo en oscuridad, el joven chasquea de inmediato sus dedos creando una pequeña bola de luz blanca para iluminar la estancia moviéndose de un lado al otro como si la oscuridad fuera a devorarlo, sin embargo, cuando la iluminación de aquella bolilla de luz cae sobre el sofá, Sh?jiki descubre que el chico de pelo blanquecino no está.
-¿Nunca te han dicho que es de mala educación husmear entre las cosas de la gente?-pregunta el muchacho detrás suyo
-¿y a ti no te han dicho que liberar demonios es un sacrilegio?-pregunta Shijiki sin volverse hacia él
-Ella no es un demonio…pero yo si lo soy

Luego de una breve charla de disciplina con el profesor de matemáticas y el tutor de su grupo, Arurak se sintió aliviada cuando llego la hora de la salida pues era el único momento del día en que no le molestaba tener que caminar por media ciudad pues podía detenerse en su tienda de comics favoritos y perderse un momento entre El velo que separaba a los humanos de los elementales sin ninguna preocupación como solía hacerlo con su amiga y mentora Adalid durante los días de descanso –o cuando pedía permiso para quedarse a dormir en su casa- pero al no encontrarse en la ciudad, Arurak pensó que no habría nada de malo si exploraba un poco en El velo por su cuenta pues durante las horas restantes de la escuela aquella mañana, Arurak continuaba preguntándose qué habría sido esa bruma blanca y veloz que había visto cuando iba en el autobús. Una parte de ella quería creer que solo se trataba de un juego de su mente, aunque después de haber conocido a Adalid, con el tiempo, Arurak había aprendido que no todas esas “bromas mentales” eran lo que parecían, cuánta razón tenía…
-¿Por qué le sirves? Ella provoco la muerte de muchas personas-exclamo Shijiki sin apartar la vista del muchacho de cabello blanco
-No es asunto tuyo. Sé que My lady trajo muerte pero no es algo que haya elegido de forma voluntaria-dice el chico con firmeza
-Pues no pareció mostrar arrepentimiento cuando mato a los nuestros- dice Shijiki de modo mordaz
-No le dejaron elección
-Pero tú tienes una y esa es no servirle
-¿Y volverme uno de ustedes? ¡Aberraciones que no se molestan en preguntar razones y encerrar a criaturas inocentes que han sido manipuladas!-escupe el chico con desdén
-Si me matas, entonces serás una “aberración” igual que nosotros-lo desafía Shijiki
-¿Matarte?- se mofa el chico
Antes que Shijiki pueda siquiera parpadear, repentinamente un zumbido inunda sus oídos, seguido de un dolor punzante que se extiende por todo su hombro.
-No…no te matare. Tu llevaras el mensaje a los otros…diles que ella esta de regreso-dice el chico con una sonrisa mientras entierra la filosa hoja de su cuchillo en su hombro
-No. Tu le mandaras un mensaje-dice una voz áspera tras el chico de pelo blanco pero antes de que este pueda reaccionar, el muchacho siente como su cabeza es estrellada contra el muro dejándolo sumergido nuevamente en tinieblas.

Al llegar a las vías del tren que marcaban el límite entre el lado Norte y el centro de la ciudad, Arurak es nuevamente golpeada por una onda áurica salida de quien sabe dónde, provocando que se tambalee bruscamente.
-¿Qué ha sido eso?-se pregunta la chica mientras recobra el equilibrio de su cuerpo
De pronto un fuerte temblor sacude la solitaria calle provocando que los arboles suenen sus hojas y las palomas vuelven asustadas.
Arurak no se lo piensa dos veces, chasquea los dedos de ambas manos provocando que una chispa de tonos rosados creando una burbuja que se extiende en todo el lugar, dejando un domo de aproximadamente 10 metros de alto cubriendo toda la colonia, humanos y animales han desaparecido, dejando a la chica en una calle fantasma.
El temblor se hace presente de nuevo, esta vez más cerca de su posición. Arurak chasquea los dedos de su mano derecha provocando un fuerte destello color gris que en segundo se alarga y solidifica en una lanza de dos metros de largo.
-¡Muéstrate!-ordena la chica
De pronto una enorme silueta aparece a media calle, Arurak entrecierra los ojos para mirar mejor a la extraña criatura que parece acercarse hacia donde ella se encuentra.
Cuando aquella figura se encuentra a menor distancia de su posición, Arurak se sorprende al divisar a un hombre alto y corpulento de mirada inexpresiva.
-¿Quién eres tú?-pregunta la joven aferrando sus manos alrededor del mango de la lanza.
El hombre ignora su comentario y continúa avanzando con paso decidido hacia donde ella se encuentra.
-¡Responde!-exige Arurak
El sujeto se frena en seco, contemplando su alrededor con gesto meditabundo hasta posar sus ojos en los de ella
-¿Tú has hecho esto?-pregunta con aire ausente
-¿Acaso importa?- digo con sarcasmo
-No vengo a pelear-afirma él- solo estoy de paso para entregar “esto”-dice sacudiendo levemente al joven inconsciente que carga en su costado
-Suéltalo-ordeno
-¿Por qué? Ni siquiera lo conoces… ¿o sí?-dice el hombre con indiferencia
- No.-confieso- pero por aquí somos estrictos al ver que alguien de tu...”categoría” trae consigo a una persona noqueada-digo con firmeza
El hombre me mira inexpresivamente durante un momento y algo similar a una sonrisa se dibuja en sus labios, acto seguido, deja al joven en el suelo con sumo cuidado, ya en el piso, el hombre da una fuerte dejando que chispas color magenta caigan sobre el cuerpo del chico, cuando estas tocan su piel el chico reacciona de golpe e intenta incorporarse pero al percatarse de la presencia del fortachón, contempla rápidamente su alrededor con la mirada hasta que sus ojos azul eléctrico se posan en los míos. Tiene miedo.
De pronto aparecen hilos de energía que lo envuelven en un capullo –similar al de una oruga- lentamente, como si lo devoraran
-Ayúdame por favor. Debo regresar con alguien. Si me quedo en sus manos no podre salvarla- dice el joven sin mover los labios mirándome fijamente.
Antes de que pueda articular palabra, la cobertura de los hilos energéticos termina de envolverlo hasta dejar un simple capullo que se encoge rápidamente hasta tomar la forma de una esfera de cristal con tonos magenta.
-Sin persona noqueada-dice el hombre levantando ambas manos fingiendo ser arrestado
Arurak contempla al sujeto tomar la esfera e introducirla en el bolsillo de su pantalón como si se tratara de un objeto cualquiera. Su sonrisa cínica la hace hervir de rabia, pero antes de que pueda pensar en algún plan, Arurak recibe una tormenta de golpes que la propulsan hasta el límite de la barrera que había creado momentos antes al percibir la presencia de aquel sujeto provocando que su lanza se desvanezca
Su atacante mira como cae al suelo semi consciente, se dirige hacia ella y la sujeta del cuero cabelludo contemplando su maltratado rostro cubierto de sangre y hematomas, de pronto la imagen de una chica con ojos violeta invade su mente.
-No puede ser-susurra para sí
Cuando la chica recupera el sentido, contempla a su atacante mientras se paso a través del domo energético, desgarrándolo como si fuese vil tela.
-¿A dónde vas? Aun no he acabado contigo-dice Arurak con un hilo de voz mientras intenta incorporarse
-Hm, me ocupare de ti después. La mujer de ojos violetas se ha convertido en mi prioridad ahora-dice el hombre mirándola con frialdad.
Arurak deja al descubierto su asombro a través de su rostro golpeado al escuchar sus palabras pues ella solo ha conocido a una chica ese color de ojos tan poco usual.
De pronto el domo energético se quiebra cual cristal, dejando al descubierto un agujero en el espacio-tiempo, mostrando lo que parece un estacionamiento con grandes camiones.
-¡No!
Antes de que el hombre atraviese aquella “ventana” Arurak deja fluir su energía por sus manos creando un látigo de color rosa pálido que se enreda en el pie de su agresor, pero antes de que ella pueda siquiera incorporarse, la fuerza del agujero los arrastra a ambos hacia su interior haciendo que el hueco espacio-temporal, se cierre de golpe dejando todo “normal” a los ojos humanos
Central camionera de Durango
Luego de un incomodo intento por dormir las doce horas en el autobús, las luces del mismo provocan que los pasajeros despierten irritados y aun un tanto adormilados pues ya han llegado a su destino.
-Joven Dama- susurra Yukeiki- ya hemos llegado
-¿Qué ocurre?-pregunta la chica aun adormecida
-Hemos llegado a nuestro destino será mejor bajar antes de que le sea imposible salir del camión.
De mala gana Adalid se levanta de su asiento y toma sus maletas. Casi a zancadas logra moverse dentro del camión para salir al frio viento de la madruga de aquel martes.
Justo cuando Adalid y su invisible acompañante están por salir de la plataforma para ingresar a la central repentinamente un estruendo rompe con aquella “quietud” que había en ese lugar.
Adalid se queda helada por un segundo intentando asegurarse de que no ha sido efecto de su mente aun adormilada.
El estruendo se escucha nuevamente pero esta vez ha sido más fuerte no solo para ella sino para las pocas personas que se encuentran en ese lugar
-Yukeiki…-susurra Adalid.
El joven Ret´s asiente ante el susurro de su ama. Sus cabellos se erizan como los de un gato que está atento ante el ataque inminente de un depredador mientras que Adalid mete la mano en su bolsillo y saca dos pequeñas tarjeta de color morado y dorado con la imagen de un escudo medieval y un laberinto infinito.
El estruendo se escucha con mayor intensidad provocando que los humanos presentes empiecen a ser presas del pánico al notar esto Adalid lanza las tarjetas que se quedan suspendidas en el aire girando sobre su propio eje provocando que emitan una luz de color blanco y dispersen algo similar a la diamantina haciendo que cubran el lugar.
Ahora todo el edificio esta inhabitado por los seres “comunes”, el viento sopla con tal delicadeza que trae consigo una niebla tan espesa como si fuera de alguna película de terror. El estruendo parece haberse calmado y ha dado paso al sonido de un par de botas que se va acercando hacia donde se encuentra nuestra amiga Adalid.
Yukeiki aun con el cabello erizado y mostrando sus colmillos mantiene sus orejas felinas hacia atrás como muestra defensiva mientras que Adalid saca una nueva tarjeta de su bolsillo con la imagen de una flecha y la envuelve con su platinada energía áurica.
Los pasos se escuchan más cerca provocando que el par de jóvenes este más defensivo que nunca sin embargo el sonido de los pasos se detiene en seco haciendo que todo quede en silencio de nuevo.
Antes de que alguno de ellos pueda emitir palabra o hacer algo sus corazones se detienen por un segundo
Adalid voltea hacia donde ha sido el estruendo para contemplar como parte de la estructura del edificio fue desmoronada por un fuerte impacto.
-¡¿Pero qué diablos?!
De entre la niebla ha aparecido una cadena que se envolvió en el cuello de Adalid provocando que empiece a ser sofocada por la falta de aire.
Yukeiki corre en su ayuda pero antes si quiera de poderse acercar aparecen más cadenas de todas direcciones haciendo que el Ret´s se mueva de forma gimnastica para evitar se atrapado como su amiga
-¡Muéstrate!- grita el humanoide de orejas gatunas
Una diabólica masculina risa inunda el viento.
-Anda, pero si eres todo lo contrario que había escuchado “pequeña”
-¿¡quién es?¡-exige saber Adalid mientras lucha contra la cadena para respirar
- Nunca pensé que vería a alguien de tu “estirpe” ser sorprendida tan fácilmente ¡Dios ni siquiera los guerreros temidos de los que procedes serian sorprendidos por algo tan insignificante como esto!
La cadena comienza a tirar más fuerte del cuello de la joven haciendo que su dificultad para respirar sea aun más que evidente pero aun en un vano esfuerzo la chica usa sus manos para liberarse de su atadura
El rostro comienza a ponérsele rojo y las venas de sus ojos se marcan mas, la vista se está haciendo cada vez mas nubosa y los sonidos a su alrededor parecen alejarse.
Esta por perder la conciencia
De pronto un fuerte chirrido metálico se inunda el aire
-Mira tú que cobarde me has parecido ¡¿no te basta con querer atacarme sino que ahora buscas pelea contra ella también que ni siquiera te ha buscado problemas?¡- Exclama una voz femenina.
La cadena fue cortada de un solo tajo por una lanza de energía áurica de destellos rosados.
Adalid es capaz de respirar otra vez y su vista comienza a ser más nítida como de costumbre solo para darse cuenta que ante ella yace una chica de 16 años de piel blanca ataviada con un traje escolar azul portando una lanza de tonos rosados usada para romper la cadena que impedía la respiración de Adalid.
Aquel hombre que ha lanzado el ataque con cadenas sale de su cortina de niebla mostrando su temible apariencia; alto de estatura con ropas oscuras que se enmarcan con su formidable musculatura – de hecho pareciera que va a romperse su ropa en cualquier momento- e inexpresivos ojos que hacen temblar al alma más inocente, aquel hombre con brazos cubiertos en cadenas se acerca a las dos muchachas dispuesto a atacar pero al escuchar el comentario de la “estudiante” solo se forma una delgada línea en sus labios que enmarca su demacrado rostro haciendo que su mirar sea como el de un cráneo.
Adalid contempla la figura descomunal
- Veo que no lo comprendes, ella podría suponer una amenaza sobre mis planes y no pienso dar una mínima oportunidad para que todo se vaya al carajo. Además te hare un favor ya que te quitaría esta atadura de tu miserable vida.
- ¿Una amenaza? Am lo siento amigo pero no recuerdo haberte hecho algo- dice Adalid mientras se reincorpora.
El hombre de mirada inexpresiva contempla a la joven que estuvo por asesinar y soltando una carcajada siniestra nuevamente lanza su ataque de cadenas pero este es interrumpido bruscamente por Yukeiki que ha salido de entre la niebla atacando su rostro para desviar el ataque.
Las cadenas se mueven tal cual serpientes en un nido, sin saber a dónde, provocando que las dos muchachas desaparezcan en la niebla.
Los gritos de dolor del enemigo junto a los gruñidos de Yukeiki son escuchados a lo largo y a lo ancho del desértico edificio haciendo creer que se ha entrado en una zona de pesadilla.
Al haber alcanzado una distancia segura Adalid mira confundida a su rescatadora por breves instantes hasta que le da un fuerte abrazo tal cual como comadres que no se han visto en años.
- Arurak…-dice la joven con sorpresa- ¿pero qué haces aquí?
-Es largo de contar.-responde ella con una sonrisa que remarca mas los hematomas que se le han formado en el rostro
-¿Qué es lo que busca ese hombre? ¿Por qué quiere matarme?
-Anda, pero no entiendo de que te sorprendes. Desde que te conozco muchos han querido matarte-responde Arurak juguetonamente
-¡Si pero la mitad de las veces al menos sabia porque me querían matar!- exclama Adalid con sarcasmo y espanto
-Bueno no te enojes. Mira enserio es largo de contar. Primero ayúdame a quitarle a ese tipo lo que trae consigo y después te diré todo lo que necesitas saber.-dice Arurak con tono despreocupado
De pronto un fuerte estruendo a sus espaldas llama la atención de las dos chicas, ante ellas yace la estructura del edificio dañada de nuevo, levantando una cortina de polvo y escombro por el cuerpo de Yukeiki que ha sido lanzado a escasos centímetros de las plataformas de acceso.
Se puede escuchar el crujir de las cadenas que son arrastradas en el concreto junto con los pasos de quien las porta.
Arurak y Adalid se colocan en posición de combate esperando el ataque de su oponente pero el silencio se vuelve el anfitrión de aquel lugar por breves instantes, cuando de pronto un zumbido se hace presente
-¡Cuidado!
Uno de los camiones es arrojado con ferocidad por el hombre con cadenas con la esperanza de golpear a alguna de las dos chicas sin embargo pese a que la niebla le ha servido para cubrirse de sus presas ahora también es una desventaja para él.
Aturdida Arurak se levanta y trasmuta su lanza de tonos rosados para convertirla en un arco y flechas de color carmesí al igual que sus ojos.
-Si tienes un plan me gustaría escucharlo ahora- dice una tensa Arurak mientras apunta su flecha hacia la niebla
-¿Te gustaría un bronceado al estilo Durango?
-¿Pero de que estas-?
Repentinamente una fuerte corriente de aire caliente se apodera del lugar provocando que la niebla desaparezca y deje paso a llamas danzarinas y letales bailando en todo el estacionamiento y parte de la plataforma de la central.
Arurak sin tener idea de lo que sucede abre sus ojos de modo tenue para averiguar de dónde ha provenido ese fuego abrazador. Una tarjeta con el símbolo de una llama destella con la misma intensidad de una estrella y es sujetada por Adalid. El fuego les revela la posición de su enemigo
-¡Tus flechas!-grita Adalid
Arurak tarda un segundo en reaccionar e inmediatamente dispara sus flechas carmesí directo a los camiones que yacen cerca de donde se encuentra su enemigo.
El impacto de las flechas directo en el almacenaje de combustible de los vehículos provoca varias explosiones alrededor causando que el hombre con cadenas se vea acorralado
Adalid deja levitando la tarjeta con la inscripción del Fuego levitando en el aire y corre a toda velocidad directo al círculo de llamas. Dando un salto como si fuese una atleta profesional compitiendo por la medalla de oro.
Dentro en el fuego yace el hombre con cadenas desesperado como un animal buscando la forma de escapar de las llamas mientras intentaba ignorar como el metal caliente se fundía con su piel quemada.
Ahí entre las flamas yace la silueta de una enfurecida Adalid cuyos ojos destellan con la misma intensidad que el fuego pero no es un destello rojo sino azul-hielo.
Aun con su piel quemada el hombre corpulento lanza sus cadenas como si fueran tentáculos vivos hacia ella pero la mujer esquiva sus golpes con una oz de energía áurica de tonos plateados que ha invocado en menos de un segundo
-Escucha no sé quién eres y si te hice algo en algún momento lo siento. Pero no pienso seguir con esta pelea solo quiero llegar a dormir a mi casa- expresa la joven con cierta irritación y cansancio
-En verdad me recuerdas a tu padre. Pero no creas que voy a dejarte ir y más con esa maldita niña a tu lado-dice el hombre tosiendo entre risas
-¿Qué tienes contra Arurak? Podemos encontrar una solución.-dice Adalid con calma
Antes de que el hombre pueda hacer algún movimiento una ráfaga de viento helado invade el lugar provocando que el fuego se extinga y el corpulento sujeto se vea inmovilizado por el hielo creado en sus cadenas.
Arurak ha sido la causante de aquella ventisca helada.
Incapaz de moverse el sujeto contempla como la chica de cabellos oscuros y uniforme escolar se acerca a él y le arrebata una esfera no más grande que el tamaño de su puño
-¡Maldita! ¡Devuélvemelo!-exclama el hombre
-Calla estúpido. No puedes tener a alguien preso como si fuera un muñeco- grito Arurak mientras se alejaba de un salto con la esfera en mano.
El corpulento sujeto lanzo las cadenas con la esperanza de que la chica fuera capturada y recuperara su esfera pero su intento fue vano.
-¡Adalid atrápalo!
Arurak arrojo la esfera hacia Adalid quien intentaba ubicar con la mirada a su guardián de orejas gatunas pero el esférico objeto le golpeo la cabeza causando que perdiera su concentración.
-¿¡Y qué diablos hago con esto?!-se pregunta la chica mientras ignora lo demás a su alrededor
-¡Rómpelo!-exclama Arurak
-¡NO!- grito el hombre fornido
Adalid no titubea.
Una gran columna de luz blanca apareció instantáneamente cuando la esfera fue quebrada. La intensidad de la energía fue tal que la niebla fue dispersada del lugar mostrando los cráteres en el suelo y el edificio debido a la batalla e incluso los camiones usados para luchar. El viento soplo muy fuerte haciendo que los presentes perdieran momentáneamente el equilibrio
-¡Malditas! No saben lo que han hecho-grito el ser fornido mientras corría hacia la columna de luz
Así como la energía blanca apareció esta se desvaneció pero en su lugar yacía de pie un muchacho de no más de quince años con cabellera blanca hasta los hombros y rasgadas ropas mostrando su atemorizante mirada azul que destellaba como el fuego que se extiende sin control por un bosque que ha sido atacado por el hombre.
Sorprendidos por este personaje las dos guerreras se quedan inmóviles al ver como su desafiante aura envuelve al hombre fornido con cadenas en un torbellino de colores purpuras y negros sin siquiera mover un musculo y comienza a quemar la piel del enorme hombre
-¡Jamás…vuelvas a tocar…a mi ama!-grito el chico de cabellos blancos
El remolino giro con más intensidad y los gritos del hombre fueron lo último que se escucho antes de que el escudo que había puesto Adalid se desvaneciera como una gota de agua expuesta al calor del sol.
El muchacho de cabellos blancos volteo a ver a una confundida y alterada Adalid mientras se acercaba a zancadas hacia ella diciéndole varias palabras que apenas eran audibles incluso para él mismo.
Al caer miro con vista nubosa como las dos guerreras se acercaban a él para ver si se encontraba bien pero antes de que pudiera decir algo o intentara moverse todo a su alrededor se volvió borroso y quedo nuevamente en la oscuridad.
-¿Crees que este bien?-pregunta Adalid preocupada
-Pícalo con una rama haber si esta muerto- dijo Arurak con tono de burla y nerviosismo
-Tranquila. Solo esta inconsciente-expreso una tercera voz femenina en el lugar
Las dos chicas se volvieron hacia donde estaba la voz. Ante ellas yacía la mujer de mirada castaña y energía dorada acompañada por el humanoide de orejas gatunas y un hombre de edad madura con la cabeza rapada y un rosario tibetano en las manos.
Arurak se arrodillo en señal de respeto.
-Hola má parece que recibiste el mensaje de mi llegada-dice Adalid con gesto despreocupado
Con rostro inexpresivo la mujer miro al inconsciente muchacho y le indico al hombre rapado que lo levantara mientras ella usaba su dorada aura para reparar los daños hechos al lugar durante el combate.
-Retira el laberinto Adalid. No podemos detener mas el tiempo para estas personas.
Adalid obedeció a su madre y retiro la energía de la tarjeta que había quedado levitando en el aire. La tomo y la guardo en su bolsillo.
Todo volvió a su cauce para los humanos comunes. O al menos para la mayoría pues hubo varios que se asustaron con el chico desmayado a mitad de la plataforma. El hombre que acompañaba a la madre de Adalid había creado la ilusión de portar ropa de paramédico y lo alzo para llevárselo de ahí sin alzar muchas sospechas de lo que había sucedido realmente.
Ya fuera de la central camionera Adalid, su madre, el hombre de cabeza afeitada y el chico desmayado subieron a una camioneta de carga de color rojo.
Las dos chicas se fueron en la zona de carga con las maletas de adalid usadas como una almohada improvisada para el pasajero inconsciente.
-Que malvada me pareces Joven Ama-susurro Yukeiki mientras se materializaba como humo grisáceo en el auto
Con heridas leves y arañazos el chico miraba a Adalid con cierta irritación por no haber preguntado por su paradero pero al ver que estaba a salvo una tenue sonrisa se dibujo en su rostro
-Gracias por mantener la energía fluyendo en las cartas Yukeiki
-¿Quién es el nuevo?-pregunta el humanoide señalando al chico inconsciente
-Que te lo diga Arurak. Ella quería liberarlo-dice Adalid con aire despreocupado
La chica de traje de colegiala miro al humanoide y luego al joven inconsciente.
-Sera mejor que cuando estemos en un lugar seguro él mismo se los diga
-¿Qué es lo que sabes tú de él?- pregunto Adalid insistente
-Solo sé que no llego a donde debió haber llegado.
-Ósea que ¿es un chavo perdido?
-Un viajero perdido para ser más concisos.

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Comentarios capitulo 7: viajero perdido

Lindas historias como siempre niña ?
Abril azul Abril azul 25/10/2015 a las 21:52

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