Avisar de contenido inadecuado

Ellos 2/?

{
}

El pitido cercano del tren junto a su tenue luz me anuncia que mi vía de escape se aproxima, es ahora o nunca.

Él yace aún bajo la luz del alumbrado público moviendo ocasionalmente su cabeza creando una media luna de forma continua. Si he de hacer esto debo ser veloz pues en cuanto abandone el escondite y mis pies suenen con la tierra que divide las vías de la casa en ruinas es un hecho que se adentrara en la oscuridad y me veré en serios problemas, pero no puedo esperar más tiempo, si dejo pasar el tren estaré atrapada hasta el amanecer.

Tomo un trozo grande escombro del cual sobresale un pedazo de varilla oxidada e inhalando profundamente comienzo a moverme con el mayor sigilo que me permiten mis piernas, evadiendo sin mucho éxito vidrios rotos y pequeñas bolsas que alguna vez contuvieron comida chatarra, ropa, medicina o pañales, pues intento no perder de vista al hombre de oscuros ropajes que continua parado bajo el poste de luz.

Conforme avanzo, el crujir del suelo y su basura petrifica mi cuerpo haciendo más doloroso el palpitar de mi corazón que amenaza con estallar en mi pecho o delatar mi posición ante tal escándalo cada vez que él centra su mirada hacia donde me encuentro. Se queda así, unos segundos, mirando a la oscuridad con la que me envuelvo, inclina la cabeza un poco hacia la derecha en gesto de duda y vuelve a mover su cuello reiniciando su vigilancia de media luna sin perder su postura autoritaria.

No puedo seguir moviéndome con estas constantes pausas por temor a ser descubierta, pues el pitido del tren me anuncia que se encuentra a poco más de cien metros y continúa acercándose.

Inhalo profunda y repetidamente mientras hago un mayor agarre a mi única arma, el trozo de escombro observando al hombre bajo el poste moviendo su cabeza cual obediente robot, esperando ese segundo en que volverá su mirada hacia mi dirección.

El silbato del tren y el rugir de sus ruedas exclaman su inminente cercanía. Arrojo el escombro lo más alto y lejos que me permite mi exhausto brazo provocando un fuerte estallido seguido de una lluvia de chispas sobre la cabeza del sujeto haciendo que salga de su pose imponente obligándole a protegerse con las manos dejándole momentáneamente en oscuridad.

El calor de la adrenalina da a mi cuerpo el impulso suficiente para correr hacia las vías, ¡y justo a tiempo!, pues la luz del tren se hace más cercana cual cometa en noche despejada. Todo lo que puedo escuchar es el fuerte bombeo de mi corazón seguido de la respiración irregular que inunda mis ardientes pulmones con frescas bocanadas de viento mientras en mi cabeza yace el único pensamiento de huir, pero la tentación de volver la mirada amenaza con hacerme desacelerar mi velocidad actual e incluso de tropezar.

El tren yace ante mí; imponente y relativamente veloz. Mi cerebro grita a los músculos que aumenten la velocidad y a mi brazo que se extienda para sujetarse del pasamano cuadrado de uno de los vagones  y subir o fracturarse en el intento por escapar. Sin darme tiempo a medir la velocidad del tren o la mía, meto mi brazo en el rápido desfile de metal sintiendo el duro y recto golpe del pasamano antes de poder sujetarme a este, provocando que mis pies sean arrastrados y cortados por la basura y concreto que sujeta las vías, sin embargo después del duro raspón que pego en el pequeño trozo de pavimento del bulevar recupero el ritmo y finalmente me impulso hacia los delgados escalones, pero, justo cuando mi único brazo libre impulsa la corrediza puerta metálica una fuerte mordida en mi tobillo izquierdo me obliga a soltarme y caer de espaldas al suelo, a un par de metros de las vías, lo cual consideraría una fortuna pues las ruedas me habría triturado las piernas o la cabeza, sin embargo la breve sofocación y el punzante dolor solo me hacen desear golpear el rostro de quien provoco mi caída.

Luego de toser un par de ocasiones e intentar incorporarme torpemente, el brillo del elegante cable y el húmedo calor de la sangre escucho un suave y fingido silbido de sorpresa con unas firmes pisadas en el pavimento.

-Esa sí que fue una dura caída. No creíste de verdad que el truco de dejarme a oscuras te iba a funcionar en este mundo ¿o sí?-dice una grave voz desde las sombras

-¡Muéstrate!- le ordeno

 La cegadora luz de los faros del auto oscuro muestra al alto e imponente “centinela”, en una pose arrogante sosteniendo el elegante cable plateado tensándose poco a poco en una mano mientras retira sus lentes con la otra

Alzo los puños cual boxeador intentando ignorar el creciente dolor de mi sangrante tobillo, pero el fuerte tirón de su mano provoca que caiga  al suelo dejándome en una posición pequeña y vulnerable mientras que él, alto y fornido se muestra más atemorizante

Sin dejar de mirarlo acerco mis manos al tobillo hasta que entran en contacto con el frío metal que aprisiona mi piel e intento liberarme pero el desangramiento y el temblor de mis dedos hace difícil lograr esta tarea

De forma veloz y aterradora acerca término en el suelo con su cuerpo sobre el mío mientras sus ojos y aliento flaquean a mis sentidos siendo envuelta por la sorpresa del movimiento pero siendo sustituido por el miedo debido a que ha atrapado mis muñecas con sus manos.

-No pensé que estuvieras tan desesperada por librarte de mí, ¿acaso ya no te agrado?-pregunta con lentitud y cinismo a mi oído dejando que su respiración acaricie mi pómulo y parte del cuello mientras el cable y el metal aprisiona con mayor agresividad mi piel

-Tal vez…debas preguntarle… ah, a alguno de los “reclutas” de ese cuartel tuyo-respondo de manera atropellada intentando librarme de su agarre, sin embargo el intento de “sensual” movilidad de mi cuerpo no parece convencerle pues sus manos sujetan con mayor fuerza mis muñecas provocándome dolor, lo cual sin dudas él parece disfrutar.

-Basta de juegos. Súbela al transporte con los demás-interrumpe otro hombre a sus espaldas.

El “centinela” hunde su rostro en mi cuello, rozando sus labios y nariz sobre mi piel provocándome un ligero estremecimiento, percibo como inhala hondamente, como si degustara el olor que emano durante eternos segundos, aflojando tenuemente el agarre de mis muñecas y despegando suavemente su cuerpo del mío. ¡Es mi oportunidad!

Propino un fuerte rodillazo a su entrepierna y golpeo su frente con mi palma impulsándome con los brazos para dar una patada giratoria quedando agazapada en el proceso. El compañero del centinela intenta tomar el cable que me aprisiona el tobillo pero yo soy más rápida; tomo impulso y cuelgo mis piernas alrededor de su cuello y bajo su axila haciéndole caer y derribar al apenas incorporado sujeto, y pateo con fuerza la garra hasta obligarla a ceder para que mi sangrante tobillo quede libre, ¿Quién diría que un ataque de adrenalina te ofrece tal fuerza?

Me dirijo hacia el auto y abro la puerta del piloto, encontrándome con un flacucho conductor que inmediatamente alza las manos en señal de rendición pidiendo que no le lastime mientras baja del vehículo y retrocede un poco.

Reviso los asientos traseros con tres personas inconscientes, sujetados con el cinturón de seguridad de sus respectivos lugares, sin embargo mi atención a los pasajeros se ve interrumpida por el repentino reflejo del conductor intentando golpearme con una roca, sin embargo su esfuerzo por contenerme casi resulta efectivo debido a que mi herida se cobra factura en el peor momento posible, la roca no me fractura pero deja a cuenta un considerable raspón en mi rostro, sin embargo el conductor no corre con la misma suerte pues en un rápido movimiento engancho mi brazo al suyo haciendo que suelte la roca dando un giro de media luna estrellando su rostro contra la ventana dando como resultado vidrios rotos y sangre salpicando el suelo.

Subo al asiento del piloto y coloco los seguros mientras presión con insistencia el botón de encendido del auto, dando la espalda a los pasajeros, grave error…

En un movimiento feroz mi rostro es golpeado contra el volante haciéndome ver “estrellas” durante un segundo mientras el metálico sabor de la sangre entra en mi boca como un amargo trago, por desgracia el dolor de mi cara es sustituido por el fuerte tirón de mi cuero cabelludo y la momentánea sofocación al pasar del auto y caer del mismo.

Pateo e intento liberar mi cabello del fuerte agarre mientras soy alejada a rastras  del vehículo exigiendo que me liberen, desde luego, mis palabras son ignoradas y la fuerza de mis manos resulta inútil, sin embargo tanto el arrastre como la presión sobre mi cuero cabelludo cesan de golpe dejando paso al dolor en la nuca y una nueva sensación de sofocación por arrojar agresivamente mi cuerpo contra el pavimento del bulevar.

Ante mi yacen las tenues luces del alumbrado público y los pocos edificios que se alzan rozando el cielo nocturno, sin embargo las imponentes figuras de Centinela y sus compañeros oscurecen las pocas estrellas de mi campo de visión, al igual que el resto de las luces.

Antes que pueda darme cuenta de lo que ocurre, mi cuerpo es atacado por fuertes patadas y pisotones seguidas por insultos por parte de los compañeros de Centinela debido a mi intento de escape momentos atrás, pero sus palabras me resultan apenas un eco lejano debido al crujir de mis huesos al fracturarse ante sus golpes y el quebrar de mi voz rogándoles porque se detengan.

 Mis suplicas son ignoradas hasta escuchar un fuerte chasquido y mi tortura termina tan pronto como empezó.

-Oh, lo siento niña pero…has sido muy mala con nosotros y tendremos que castigarte a menos que…nos digas donde están los demás…

{
}
{
}

Deja tu comentario Ellos 2/?

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre