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Secuestrada (parte 1)

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Nunca debí dejarlo entrar...no debí hacerlo.

 

Mi mañana había comenzado como cualquier otra; desperté a regañadientes a causa de la alarma del celular y con toda la pereza de la que mi cuerpo fue capaz procedí a sacudirme la modorra para desayunar un enorme plato de cereal respondiendo adormiladamente los mensajes que me habían mandado la noche anterior antes de caer rendida por el sueño.

 

Gracias a que el frío liquido me llego al cerebro y el susto que me provoco la alerta del teléfono finalmente logre despertar.

 

"te veo en una hora" Decía en la pantalla

 

Mire la hora y note que el mensaje lo habían enviado hacia mas de 35 minutos, con prisa subí a mi habitación para cambiarme y mojarme el rostro para removerme las lagañas de los ojos, sin embargo esto último no logre hacerlo pues llamaron a la puerta. 


 

Termine de vestirme y baje con prisa pensando que se trataría de mi novio e incluso de alguna amiga o mi hermana mayor...pero era él

 

Sabía que mi rostro delataba la sorpresa que me invadía al verle en el umbral de la puerta observándome a través de la malla del mosquitero, y con una falsa tranquilidad le salude preguntándole que era lo que quería mientras en mi mente no dejaba de preguntarme ¿Cómo diablos encontró mi casa?

 

Ahí estaba él vestido con ropa oscura y sencilla, una playera de cuello y un sencillo pantalón de mezclilla mostrando su porte imponente y su inexpresiva mirada que desgraciadamente conocía a la perfección.

 

Dijo que necesitaba hablar conmigo, de algo urgente, en un vano esfuerzo por no parecer grosera lo invite a pasar a la sala y la pesadilla comenzó.

 

Lo invite a que se sentara mientras iba por un vaso de agua hablándole con toda la naturalidad de la que mi voz fue capaz, pero rechazo mi ofrecimiento y se quedo de pie mientras le daba la espalda.

 

No debí hacerlo...

 

Ese maldito siempre había sido sigiloso como un gato, ni siquiera sentí su presencia cuando se coloco detrás de mí y me rodeo con uno de sus brazos haciendo que mi sobresalto se transformara en un suspiro provocando un involuntario estremecimiento de mi cuerpo.

 

-¿Que estas haciendo?-pregunte mientras mis dedos rozaban su mano.

 

De pronto sentí un pellizco en mi cuello seguido de un calor doloroso que se extendía rápidamente hacia mi cabeza, seguido de mi pecho, brazos y piernas provocando que me desplomara en el suelo rayando casi en la inconsciencia.

 

No era capaz de hablar y mi cuerpo no me obedecía, era invadido por el incesante hormigueo y ese extraño calor.

 

Sentí como sus manos pasaban bajo mi espalda y me alzaba en vilo para cruzar por el umbral de la puerta, dejando mi visión borrosa debido a los destellos del sol matutino seguido del ruido de sus zapatos al caminar por la acera...no recibiría ayuda pues aquel fraccionamiento por lo general era tranquilo por las mañanas y no había tantas personas en la calle, ¿Dónde estaban los vigilantes cuando se les necesita?

 

Intente moverme inútilmente entre sus brazos pero me sujetaba con fuerza suficiente, entre los rayos del sol destellando sobre mi rostro a momentos podía ver la silueta de su cara, sentir su respiración tranquila y acompasada sobre mí mientras su corazón palpitaba con total calma.

 

De pronto el sonido de unos pasos ajenos a los suyos y la sombra de una lamina me ayudaron fugazmente a ubicarme...es el estacionamiento.

 

Comienzo a moverme con la mayor fuerza que mis aturdidas extremidades pueden e incluso intento articular palabra pero en su lugar solo emito los gemidos de alguien ahogada en alcohol pero él me aprieta mas contra su pecho y percibo el frio metal y cristal de un auto...su auto

 

Soy llevada a la puerta del copiloto y depositada con mucho cuidado en el asiento pero cuando esta apunto de ponerme el cinturón aparece una sombra detrás de él

 

-Disculpe ¿se encuentra bien?

 

En mi mente comienzo a gritar y de nuevo intento pedir ayuda pero la cabeza me sigue dando vueltas y de mi boca solo salen gemidos dolosos mientras hago un esfuerzo por enfocar la mirada en la sombra que esta detrás de él.

 

-Esta bien necesita un medicamento para el mareo-responde con total naturalidad como un hermano mayor que lleva al mas pequeño por un dolor menor

 

La persona lo mira sin creer del todo en su historia y se acerca a la puerta para observarme mejor

 

-¿se encuentra bien señorita?

 

Ladeo ligeramente la cabeza y abro los ojos lo más posible suplicando que pueda entender mi mensaje de ayuda...pero es muy tarde.

 

Un silencio silbido seguido de un golpe sordo golpea el asiento y la cara de hombre mayor forma una mueca de dolor, confusión y sorpresa antes de desplomarse sobre mis piernas, pero no es su desmayo lo que me altera sino la enorme mancha roja que se empieza a formar a través de su saco azul marino...lo ha matado.

 

Con mi escasa visión contemplo como saca el cuerpo del auto y lo arroja al suelo pero justo cuando esta por cerrar la puerta del copiloto escucho un grito y más pisadas acercarse al estacionamiento, alguien debió verlo al matar a ese hombre...quizás logren ayudarme...

 

Veo en el reflejo del auto contiguo un pequeño grupo de gente acercándose hacia nosotros y él solo suspira con pesadez mientras su rostro se torna totalmente tranquilo e inexpresivo.

 

Lo veo alejarse de la puerta del copiloto y hasta que lo pierdo de vista en el reflejo, torpemente muevo mis manos temblorosamente para sujetarme de la manija de la puerta pero el adormecimiento de mis piernas provoca que me vaya de frente y aterrice sobre la mitad de mi cuerpo.

 

Mientras me arrastraba lejos del auto pude escuchar de manera lejana casi irreal, los gritos, golpes y detonaciones procedentes del otro lado, me maldije a mi misma por no poder avanzar mas rápido sin embargo fue el sonido de los pasos lo que me motivo a moverme.

 

-¿A donde vas?

 

Siento como sus enormes manos sujetan mis tobillos e intento mover mis manos en todas direcciones buscando frenar su arrastre o algo que pueda servirme de arma. Logro sujetarme de la llanta delantera y bajo el auto veo algo brillar, con una mano me sigo aferrando débilmente al neumático mientras con la otra tomo aquel objeto.

 

¡un arma!

 

El tira de nuevo de mis tobillos y con un veloz movimiento me arrastra por el suelo hasta tenerme literalmente a sus pies...puedo sentirlo acercarse a mi espalda y con el poco movimiento del que mi atolondrado cuerpo es capaz me giro quedando frente a frente, el esta de pie observándome fijamente mientras yo estoy acostada sobre mi espalda en la acera apuntando temblorosamente el arma.

 

Intento enfocar la mirada y hacer que mi cerebro ordene a mi mano que deje de temblar para poder dispararle a ese maldito, pero el no parece asustado ni sorprendido ante el fallido intento de escape o defensa.

 

Se acuclilla a mi lado sonriendo cínicamente pero sin cambiar su inexpresiva mirada, acerca su enorme mano al cañón del arma ¿por qué no dispara? ¡dispara maldita sea!

 

-Vaya parece que eres más fuerte de lo que pensaba, pero te diré algo. Cuando le apuntes a alguien con una pistola...asegúrate que no sea...una imaginaria-me dice cerrando mi mano en la suya.

 

¿imaginaria? ¿de que habla?

 

Parpadeo muchas veces y me esfuerzo por enfocar aun mas la mirada...no es una pistola...es mi mano...mi maldita mano.

 

Antes que pueda intentar otro vano intento de escapar soy subida al vehículo y este comienza a avanzar, pero debido a la languidez de mi cuerpo la mitad de mi cabeza esta pegada contra el cristal de la ventana y con horror puedo distinguir entre borrones las manchas de sangre y las siluetas de la gente que yace en el suelo cubierto de vidrios rotos.

 

Cuando salimos del fraccionamiento y las calles de la ciudad comienzan a serme desconocidas el nudo en mi garganta va ascendiendo hasta quemarme mientras las lagrimas rodaban por mis mejillas y me nublaban mas la vista.

 

Durante gran parte del viaje no hubo sonido alguno salvo por mis ocasionales sollozos y el ruido de la calefacción del auto, podía sentir sus ocasionales miradas cada vez que nos deteníamos en algún semáforo o paso peatonal seguramente lo hacia para comprobar que continuaba respirando.

 

Mi cuerpo seguía adormecido, pero mi boca y voz recobraban fuerza, pensé en gritar, gritar lo suficientemente fuerte para que la gente de la calle o algún conductor se diera cuenta, pero eso no serviría pues él se percato de ese cambio al dedicarme una mirada rápida y algo que se sintió como una extraña sonrisa.

 

-N-No tenias...que...m-matarlos-le dije respirando pesadamente

 

Hubo un pesado silencio durante lo que pareció una eternidad

 

-No debe haber testigos-dijo de pronto y sin dejar de mirar al frente

 

Llegamos a un fraccionamiento, no era muy diferente de los que había visto antes en mi vida salvo por el detalle de que el ambiente y el cielo en si mismo eran sombríos anunciando una tormenta.

 

Avanzamos por varias calles desiertas hasta detener el auto frente a uno de los enormes portones grisáceos con líneas diagonales y en una esquina esta el numero 177 pintado con letras negras...

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